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Puente Ambassador, frontera entre Canadá y EE.UU.

Ni se trata de prejuicios ni menos aún de maniqueísmo de ocasión. Las diferencias entre Estados Unidos y Canadá pueden empezar, tranquilamente, por sus agentes de aduanas. Estrictos, serios y expeditivos los primeros (“¡Deja los papeles y espera!”); afables y relajados los segundos.

Como en tantos otros aspectos de la vida por esta y por casi todas las partes del mundo, el 11 de septiembre agudizó las disparidades e hizo todavía más visible y radical el control por y para todo: rayos X, revisión del historial de cada conductor, registros más o menos aleatorios según el tipo de transporte o el aspecto del chófer… en fin, que el perfil del sospechoso se ha ido ensanchando hasta la extenuación.

De hecho, cada vez son más los camioneros canadienses que sólo quieren hacer nacional y cada vez menos los estadounidenses que desean trabajar el 49+1, que es como coloquialmente se conoce la ruta de un trucker estadounidense por los 49 estados de la Unión, más Canadá.

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“No hay otro remedioFrontera Canadá-EEUU que adaptarse, pero cuanto más viejo me hago, más me cuesta pasar por ciertas cosas”. Así nos habla el canadiense Robin Parent, con grasa hasta las orejas, pues mi compañero Dani y yo lo hemos pillado aprovechando el descanso de diez horas (obligado tras once horas seguidas de conducción) para limpiar el cromo de su Kenworth chato, que tiene 22 años y 3 millones de millas.

“De muy joven trabajaba en Montreal de granjero, hasta que en 1980 hice mi primer viaje a EE.UU. Fueron tres días de invierno en Montana que no olvidaré jamás, pero aunque llevo 30 años de un lado al otro, nunca cambiaría Canadá por esto. Ya empiezo a sentirme viejo –confiesa Parent– y cada vez me cuesta más cumplir con la rutina de enviar faxes antes de llegar a la frontera, soportar a los agentes de tráfico de la aduana o a los corredores de aduana de mi propia empresa de aceros y cobre. Pierdes muchísimo tiempo mandando y recibiendo documentación, así como atendiendo a unos policías de aduana que parecen estar siempre perdonándote la vida”.

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Tener paciencia

Lo que nos cuenta Robin Parent podríamos decir que hasta se queda corto si atendemos a las normas que figuran en cualquier “Guía de conductores de Frontera Canadá-EEUUcamiones comerciales para cruzar la frontera”.

En ella, además de instrucciones concretas como la de utilizar el carril derecho al salir del puente, tener en orden todos los documentos para la “Truck Inspection”  y rellenar dos formularios de identificación; figuran otras que conviene no olvidar para no verse sometido a una “inspección secundaria”, tales como acercarse a la cabina ordenadamente, desconectar radios y móviles, no perder el tiempo y ser paciente en todo momento.

Todo documento viene expedido en forma de libreta, en la que van acumulándose los distintos sellos de entrada y salida. El más importante de dichos salvoconductos es el denominado FAST, un programa interno entre Canadá y EE.UU. que posibilita a importadores y transportistas el pertinente despacho en la frontera.

Además, y sólo por señalar algunos, el conductor habrá de tener siempre en disposición el IFTA (Convenio Internacional sobre Impuesto al Combustible), el FHMR (Reglamentos Federales para Materias Peligrosas), el IRP (Plan de Registro Internacional), el UCR (Registro Unificado de Frontera Canadá-EEUUTransportistas) o la inspección anual exigida a todos los vehículos comerciales de motor.

De cara a aquellos conductores que no sean estadounidenses o canadienses –que imaginamos, la práctica totalidad de los que estáis leyendo estas líneas–, se debe cumplimentar, previo pago de unos 6 dólares, la tarjeta denominada I-94; además de tener siempre a mano permiso de conducir, pasaporte y Visa. Todo eso junto a una condición que nadie piense que resulta baladí: hay que entender y hablar inglés con soltura.

Abierto las 24 horas

George Kahiri, originario de Kenia y afincado en Canadá, cruza la frontera dos o tres veces a la semana, y en esta ocasión lo hemos pillado del lado canadiense con carga de cartón procedente de Chicago. “Es difícil saber lo que te puedes encontrar cuando llegas al Ambassador Bridge. Por el color de mi piel no suelo tener más problemas que los de cualquiera, pero en fin de semana suele ser una locura.

De Canadá a Frontera Canadá-EEUUEE.UU. puedo pasarme perfectamente cuatro horas parado. Yo tengo una suerte relativa –afirma Kahiri–, pues sólo permanezco cinco días fuera de casa. El fin de semana lo suelo pasar en mi casa de London, al suroeste de Ontario, y congelo comida para toda la semana. He de reconocer que prácticamente no me relaciono con otros camioneros”.

En cualquier caso, hoy sí conseguimos que Kahiri intime con otro colega, Jake Fast, que vive en Cottan, ciudad en la que se halla la truck stop canadiense, a media hora del paso fronterizo, a la que nos acercamos para elaborar este reportaje. “Hago la ruta Cottan-Tenessi unas tres veces por semana con un Peterbilt, que es la marca que casi todo el mundo prefiere, al menos en Texas.

La frontera por Ambassador no es difícil –afirma Fast–, pero el atentado a las Torres Gemelas se dejó notar mucho en nuestro trabajo. Las inspecciones son férreas, debes abrir cualquier cortinilla o cajonera y encender todas las luces de la cabina”.

Frontera Canadá-EEUUAngelo Marcelli, nacido en Canadá aunque descendiente de italianos, abunda en el asunto de los controles y el cambio en la metodología de trabajo. “Ahora es todo más estresante. El de camionero sólo es un buen trabajo si eres joven y no tienes mujer ni hijos. Si a los 60 sigues trabajando es porque lo llevas en la sangre o has sido un malgastador.

Yo ya pagué mi camión y en cuanto pueda, me retiraré, porque las cosas van a peor en mi trabajo. Cuando llevo material electrónico –continúa Marcelli– noto mucho la severidad de los agentes. Hace 14 años que cruzo la frontera, y esto nunca había sido así. Antes se podían hacer chanchullos hasta con el libro de las horas, sin embargo, ahora se vive en una invitación constante a la angustia. Todo ha de estar a tiempo, el tráfico exige concentración máxima y en el lugar donde vas a cargar no tienes siempre la garantía de que el camión quepa”.

Frontera Canadá-EEUUComo puede apreciarse en joyas de la cinematografía americana reciente como “Bowling for Columbine” de Michael Moore (película en la que, curiosamente, aparece también el puente Ambassador); la idiosincrasia de canadienses y estadounidenses es distinta, casi opuesta, por mucho que compartan continente. Ello se nota, cómo no, también en sus profesionales del transporte.

“Los canadienses son más amigables, de eso no cabe duda. Por la radio –prosigue Angelo Marcelli– suele escucharse: ‘Volved a casa, canadienses’. En EE.UU. siempre pueden ocurrirte cosas extrañas, como que a la una de la madrugada te pique a la cabina del camión un ‘homeless’, con lo que además de despertarte, te puedes llevar un buen susto”.

Frontera Canadá-EEUUOtra de las diferencias evidentes y perfectamente apreciables al oído humano es que la mayoría de los truckers de EE.UU. dejan siempre el motor encendido, lo que convierte la estancia en sus truck stops en una auténtica locura auditiva. Un motor encendido toda la noche para enfriar o calentar la cabina puede suponer 20 dólares de gasto, pero no hay manera de hacerlo entender a unos hombres que reconocen sin tapujos que pueden estar 14, 15 ó 20 días sin parar el motor ni un segundo.

De ecología ya ni nos molestamos en hablar, pero al menos el canadiense aprecia más el descansar en silencio.

El quebequense Daniel Mathieu, apostado junto a su Peterbilt del 94, también percibe las ostensibles diferencias entre uno y otro lado de la frontera. “En Canadá, todo es más seguro: las ciudades, los aparcamientos… todo. Duermes mucho más tranquilo aquí. En EE.UU. abunFrontera Canadá-EEUUda más también la prostitución. Son dos mundos distintos en definitiva”.

De vuelta, por el Ambassador

Tras más de medio día en Canadá, la tentación de adentrarse por el país no es pequeña, pero tomamos la determinación de que el viaje por Estados Unidos debía continuar. En el Departamento de Transportes de Michigan nos facilitaron los mapas con toda la información necesaria para los camioneros que operan a ambos lados de la frontera, pero nosotros nos encaminamos a un Detroit del que, no sabemos si por nombre o por mística, salimos muy decepcionados.

Gris, decadente, sin alma…, pero eso ya es otra historia. Como sede de muchas de las grandes marcas automovilísticas, nuestro paso por ahí era obligado. Nos habría gustado ver el imponente Ambassador Bridge con toda su luminotecnia nocturna, pero lo pensamos dos veces y decidimos coger de nuevo la Interstate 75 por el lado estadounidense. El, digámosle, lado oscuro guía nuestros pasos. No cruzamos el Atlántico para anidar en el remanso de paz canadiense. Las pasiones y arrebatos acortan la vida, pero obran el milagro de que a ti te parezca más larga.

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