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Pegaso 1065L Europa; un padre, un hijo y una ilusión

De las virtudes transformadoras de Juan Pérez, al que todos conocen por Juanito, ya tienen constancia permanente los habitantes de Inzájar, pues en un museo de este pueblo de Córdoba se muestran al público aperos de labranza en miniatura elaborados por él mismo, así como este Pegaso Europa.

En este hermoso pueblo plagado de cortijos, como podemos atisbar en la foto que abre nuestro reportaje, Juanito siempre vivió en un entorno que cultivó su pasión por los camiones.

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Por la familia Pérez, empezando por su padre, pasaron, entre otros, Ebro de morro y semichatos, un Pegaso 1095 DR o un Barreiros 4217, que embelesaban a un chiquillo al que ya nunca nadie le sacaría de la cabeza que sería camionero algún día (hoy lo es con un Volvo FH13 520… pero de ese cantar ya hablaremos otro día), y que empezó a hacer realidad su sueño llevando el volante del Ebro D700 de su padre.Pegaso Europa

El mérito de este último, Andrés Pérez, merece capítulo aparte, pues a sus 77 años, ha estado como un clavo ayudando a su hijo, 11 meses mediante, en la restauración de un Pegaso que yacía en las inmediaciones de la A4, y que ni el más optimista de los mortales hubiera imaginado nunca que pudiera tornarse en la preciosidad que ahora ven nuestros ojos, a través de este reportaje.

A pesar de su lamentable estado originario, Juanito quedó impresionado por su calderín esférico y el cambio de bola, y decidió que ese Pegaso iba a ser suyo.Pegaso Europa

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“No fui consciente del trabajo en el que me estaba metiendo hasta que un amigo me lo llevó a las inmediaciones de mi casa en una góndola y puede examinarlo con detenimiento.

Lo arranqué –continúa Juan Pérez–, ante los ojos de mi padre, y empezó a tirar agua por un tubo de la calefacción. Tenía nidos de ratas y caracoles dentro del motor y en la cabina.

El óxido y la suciedad lo invadían todo, pero nos miramos con complicidad el uno al otro y ello bastó para saber que de nuestro proyecto nadie nos iba a desbancar, costara lo que costara”.

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Lo primera labor que acometieron fue la de desmontar los portalones y tomar las primeras medidas para cortar la caja y el chasis, ya que era demasiado largo, y la idea que nuestro protagonista tenía en la cabeza era la de incorporarle una caja frutera.

Se limpió a fondo el camión con agua a presión y líquido desengrasante, trabajando debajo del camión con la pistola para dejar los ejes y el motor sin

mácula. Quitadas las ruedas, se subió el Pegaso a unos tacos, pero como la lluvia ablandó el terreno, este cayó al suelo. Con una grúa se volvió a aupar de nuevo a unos tacos más seguros.

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El lijado de chasis y motor fue hecho a mano, pues su pequeño compresor no les permitía el chorreo de arena. Realizado este trabajoso paso, se dio una capa de imprimación y pintura, para impedir que las lluvias lo volvieran a oxidar.

Cuando le tocó el turno al desmontaje de la cabina, se sanearon las picaduras de óxido, soldando algunas partes nuevas. Enmasillada y lijada la cabina por fuera y por dentro, el primer color elegido fue el blanco.Pegaso Europa

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“Al verlo acabado –prosigue Juanito– no nos convenció, y volvimos a la lija para darle una nueva capa con su color original: el blanco hueso Pegaso.

Tras una primera capa de aparejo, salieron a relucir algunos fallos de lijado, así que tuvimos que volver a empezar con la lija y un amigo nos ayudó a colorearlo, esta vez sí, con todo detalle”.

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Ya pintada, se montaron todas las piezas exteriores de la cabina, a excepción de la visera y la rotulación de las puertas. “Como quería poner el nombre de mi padre, y que ello fuera una sorpresa, eso lo dejé para el final”.

Por último, a la cabina solo le quedaba el montaje de una litera y un cuadro completamente restaurado, así como que otro amigo profesional les tapizara los asientos, el cubremotor y el techo.

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A por la caja

Visto lo visto, Juan y su padre optaron por construir un marco e incorporar todas las maderas nuevas. Lo único aprovechable eran los pilares poliéster y algún hierro de los portalones. Montadas las maderas, y ya pintadas en el marco metálico, se distribuyeron los pilares, respetando las nuevas medidas de la caja, y fue montado el soporte de una baca, que también había de ser fabricada.Pegaso Europa

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Tras conseguir la trasera típica de una caja frutera, nuestros protagonistas recortaron los portalones a medida, saneando todos los tubos para, una vez montados, pintar la caja entera.

“Las ondulaciones del poliéster –se lamenta Juan– provocaron que tuviéramos que lijar duramente a mano”.

Llegada la hora de montar la caja al chasis, se centró y abrochó el Pegaso con los abarcones. A los marcos de las barandillas se le atornillaron sus maderas, también barnizadas por nuestro incansable dúo.

Otro amigo les ayudó a colocar el toldo con unos arquillos antiguos, que finalmente se tuvieron que modificar. Ya solo quedaba montar el suelo de madera de la caja, los guardabarros, la caja de herramientas de madera, los pilotos y accesorios, al detalle, de todo tipo.

Pegaso Europa¿Qué matrícula poner?

Supieron que el antiguo dueño de este Pegaso es de Jaén, pero como les fue imposible localizarlo, Juanito decidió incorporar una matrícula acorde a su historia personal: CO-72833.

“CO, porque soy de Córdoba; 7, por su año de matriculación; 2, porque dos somos mi padre y yo; y 833, por ser los tres números finales del camión Ebro con el que yo empecé a conducir. Nuestro siguiente paso –nos desvela nuestro incansable restaurador– fue hacerlo histórico y arreglar la documentación para poder circular con él legalmente.

Llegado el gran día de su estreno, coloqué la visera y las puertas con el nombre rotulado de mi padre.

¡Lo habíamos conseguido!. Para mí era primordial homenajear a mi padre, por todo lo que me ha enseñado de esta profesión, y porque a sus 77 años trabajó sin descanso en esta restauración, incluyendo sábados y domingos, durante nada menos que 11 meses.

Pegaso EuropaSin ser mecánicos, ni carroceros, ni pintores –concluye Juanito–, hemos conseguido una máquina muy bella.

Quiero destacar la comprensión de mi mujer, Toñi, así como la ayuda de incondicionales amigos, como Miguel “el cangrejo”, y muchos otros que pusieron su granito de arena a la hora de conseguir piezas, prestarme la góndola y la grúa, así como otros muchos trabajos derivados de la mecánica, electrónica y pintura”.

En definitiva, una historia hermosa, que no puede acabar más que de otra hermosa manera: la primera concentración a la que asistió este Pegaso CO-72833 consiguió el primer premio al mejor camión, cuya dotación en metálico los Pérez decidieron donar a la Asociación contra el Cáncer de Iznájar.

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