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Miguel Barbero: Camiones al galope

Desde una Granada de los años cincuenta en la que los Barbero salían adelante llevando animales con los que extraer y transportar leña de los bosques, un Miguel de 7 años partió a Lleida con su numerosa familia. El camión no era ni un sueño lejano por aquel entonces.

José Antonio, su padre, salió muy mal parado de la guerra y una posguerra en la que tuvo que andar huyendo años por el monte, en penosas condiciones.

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Pero la vida le concedió un respiro más tarde, cuando pudo fundar con Carmen una familia, de la que Miguel Barbero sería uno de sus cinco hijo. “Me acuerdo muchísimo de mi padre –nos dice un Miguel en permanente estado de emoción –. Cuando él tenía más de 70 años solía llevármelo de viaje para que me hiciera compañía, porque echaba muchas horas seguidas.

‘Papá –le decía–, haga usted el favor de acompañarme, que vengo de Elche y tengo que ir a Santiago de Compostela. Si ve que el camión va para un lado y se me cierran los ojos, me da usted un golpe’. Se me empañan los ojos recordando aquellos viajes con él, y en verdad acababa consiguiendo que no me despistara ni un momento”.

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Ya en Cataluña, y tras estar la familia con los cinco pequeños instalados por unos meses en la casa de un tío suyo (¡tiempos aquellos!), lograron levantar una casa en ruinas e instalarse en Lleida.

Suegro camionero
A los 18 años, una gran suerte picó a la puerta de aquel mozo cargado de ilusiones. Bueno… una, no: dos. Conoció a María Antonia, con la que trazaron un futuro unidos, y se dio la gran suerte de que el padre de esta fuera transportista. “Antonio tenía tres camiones y me trató siempre como si fuera un hijo. Me iba con él y me dejaba conducir, aun sin carnet, sobre todo por la noche”.

De la mili, Miguel sí llegó con todos los permisos de conducción. Al tiempo comenzó a ejercer de chófer con un Pegaso 165, al que más tarde le sucedió un tráiler. “Se dio el caso de que el jefe se jubilaba y, como sus hijos se dedicaban a otros menesteres, me propuso llevar las riendas de la empresa.

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Algo vería en mí, porque había trabajadores más antiguos, pero el caso es que recogí el guante y puse a un hermano mío a trabajar conmigo. Así nació Transportes Hermanos Barbero, que se puede decir –afirma con orgullo– que fue la semilla de esa Transcodo que hoy dirigen mis hijos Miguel y Joel”.

Pero antes de llegar al potentísimo parque móvil de Transcodo, que muy pronto prometemos hacer llegar a las páginas de Solo Camión, los Barbero tuvieron que hacer frente a un sinsabor que casi acaba con ellos.

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“La empresa de la que más dependíamos se declaró en suspensión de pagos y nos dejó en ruinas. Yo salía a veces con el camión y 50 pesetas. Tenía que pedir prestado hasta para el gasoil.

Mi mujer, que ha sido la más luchadora de este mundo, me decía: ‘Tú encárgate de conducir, que yo me ocupo de papeleos y de lo que haga falta’. No se le caían los anillos por ir a la tienda a pedir fiado. Eso sí, íbamos corriendo a pagar en cuanto cobrábamos.

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En esos dos años lo pasamos muy mal. Por más que trabajábamos, no podíamos enjugar la deuda. Aún tengo clavado en el alma –conmovedora la historia que nos explica– el que a mi hijo mayor, que entonces tenía unos 11 años, tuvimos que decirle que no podía ir de viaje de fin de curso a Mallorca porque se había portado mal. Era mentira. Era muy bueno y todos sus amigos iban a Mallorca, pero nos era imposible pagarle ese viaje.

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Mira que ha pasado tiempo, pero aún tengo grabada la carita de frustración de Miguel. Mis otros hijos, Eva y Joel, ya vivieron otra cosa. Nos fue yendo un poco mejor, sobre todo cuando empecé en la empresa Cotécnica. Uno de los jefes, como veía que no podía hacer frente al banco, me extendió un cheque con todo lo que necesitara para que no nos embargaran la casa.

Nunca nos apretó por ello y nos dejaba además que le fuéramos devolviendo el dinero poco a poco. Topar en la vida con jefes como Antonio o Joaquín ha sido una suerte impagable. De hecho, jubilados ya todos, la amistad perdura y hacemos unos viajes en familia maravillosos”.

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Miguel es ahora un feliz abuelo de seis nietos, tal vez un poco menos cascarrabias de lo que él se piensa que es. Sus hijos Miguel y Joel llevan hoy la empresa que él fundó… pero esperad, que mientras escribo esto siento que me dice algo por un pinganillo ficticio.

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“La piedra angular de mi empresa y de mi casa –puntualiza– ha sido siempre mi mujer, que lo ha llevado todo con tenacidad. ¡No es nadie la María Antonia! Mis hijos, aparte de ser excelentes personas y llevarse muy bien entre ellos, lo hacen mejor que yo, y la prueba es que la empresa no para de crecer.

Pero cuidado con mi hija Eva –acaba riendo–, a la que le va bien trabajando en otras cosas, pero que te coge un camión de la potencia que sea y lo lleva donde haga falta”.

miguel barbero

La pincelada humana

Fecha y lugar de nacimiento
En 1951 nací en la granadina Los Bérchules.

Confiésenos una virtud y un defecto.
El trabajo nunca me dio miedo, ni de noche ni de día, pero reconozco que soy demasiado meticuloso. Un poco está bien, pero llego a ser muy renegón.

¿Le ha pillado el nacimiento de algún hijo en el camión?
Con Eva, la segunda de mis tres hijos, estábamos yendo a por ganado a Francia. Cayó una nevada y tuvimos que parar. Para cuando llegué llevaba ya 4 días nacida. Además, no había teléfono móvil, como ahora.

¿Y no le riñó su mujer?
¡Qué va! Era un viaje bueno de precio y María Antonia sabía mejor que yo que no se podía desaprovechar. Con Joel, el pequeño, dejé el camión a toda prisa y fui corriendo al parto, pero tampoco hubo suerte. Ya había nacido cuando llegué.

Tiene algún hobby especial a sus 71 años.
Aparte de plantar cuatro cosas en el huerto, lo que me hace sentir pleno es pasear por los bancales con mi perro a los lomos de mi yegua.

¿Y a lomos de un camión de 700 CV también iría?
Ahora mismo. Hoy todos los camiones son una maravilla.

¿Tiene alguna marca favorita?
Pegaso es eterno. Los de ahora son todos fenomenales, pero por matices me quedaría tal vez con la fuerza del Scania y la comodidad de DAF.

Un plato de comida y un equipo de fútbol.
El Barça y cualquier legumbre bien cocinada.

¿Sueña con su época camionera?
Sí. Sobre todo sueño con un vuelco que tuve en una curva helada. He dado muchísimos saltos en la cama soñando con aquel día.

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