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Manolo Llambrich; el trotamundos del camión

Nuestro protagonista cumplirá este año 67 primaveras. Se jubiló recientemente, pero duró dos meses en casa. A principios de año ha vuelto a subirse al camión. Es su vida, lo ha sido durante los últimos 44 años, incluso antes, cuando se subía al camión de su padre y se iba con él a Perpiñán.

Profesión Manolo Llambrich

Conocemos a Manolo Llambrich, una leyenda del transporte internacional. Aquí queda el dato. Ha recorrido con su camión, todos los países de Europa, excepto Islandia y Moldavia. Y lo ha hecho en la época de pasos fronterizos interminables, algunos de ellos peligrosos, con policías corruptos, con ladrones acechando el botín perfecto. Con camiones sin calefacción, visitando lugares donde el frío dejaba helados hasta los frenos. Tiempos en los que debías llevar cuatro, cinco, seis… monedas distintas, papeles y más papeles y todo ello sin GPS. ¡Qué tiempos!

Profesión Manolo Llambrich

Pero, como dice el bueno de Manolo, “mapa en mano, para mí era una aventura total. Desde pequeño había querido hacer internacional. Siempre lo he tenido en la cabeza. Me gustaba viajar, las experiencias, la aventura. Me han pasado cosas que no veas, pero todo lo que he hecho en mi vida es lo que había soñado de pequeño”, nos cuenta nuestro invitado, mientras nos deja entrar en su santuario, una habitación que haría las delicias de muchos. El que escribe estas líneas el primero.

Rodeado de fotos de lugares carismáticos como bien podéis ver en las ilustraciones que acompañan este texto, Manolo ha metido su camión en lugares de postal. La Plaza Roja de Moscú, el Coliseo romano, el Atomium de Bruselas, el puente de Mostar, en el parlamento de Bucarest, en Turquia, en Kosovo, en Dubrovnik, en Finlandia, Inglaterra, Ucrania, Bielorrusia,… los lugares visitados por Manolo y su camión son interminables. Y lo mejor de todo es que los detalla como si hubieran pasado ayer, lo tiene todo registrado en su cabeza, una enciclopedia andante con una memoria de lujo donde tiene recopilados cientos de momentos, de escenas, de recuerdos, muchos alegres, otros no tanto, muchos a buen seguro de soledad, pero como bien dice él, “hago lo que realmente me gusta”.

Profesión Manolo Llambrich

Tanto es así que, con apenas 15 años, Manolo dejó los estudios para ponerse a trabajar para disgusto de Angelina, su madre. El primer paso era hacerse mecánico, para que en un futuro, aunque llegara a ser camionero, poder arreglarse cualquier incidencia que surgiera. Eso es ser previsor.

Empezó aprendiendo la profesión en la Cooperativa de Transportes de Amposta (Tarragona), su localidad natal.

Profesión Manolo Llambrich

Ya con el carnet de camión en el bolsillo, su primera experiencia laboral fue llevando una grúa por su zona, pero pasados seis meses quiso dar el salto. “Trabajar con Transportes Alonso, una de las empresas más importantes que hacían internacional llevando frigos. Al principio comencé haciendo nacional, muchas rutas por Andalucía llevando huevos. Hasta que un día me ofreció ir a Inglaterra. Ahí empezó todo, y eso que faltaban dos semanas para casarme. Fue una aventura. París, Londres, el ferry,… Recuerdo que llevaba naranjas y que llegué a casa dos días antes de la boda”.

Tras Inglaterra, luego vendría Portugal, la Yugoslavia socialista, Italia, hasta que en 1978 entré en Hungría, el primer país comunista que visitaba.

Profesión Manolo Llambrich

“En ese época, como que no había móviles, en las empresas donde llegabas todas tenían teléfono y podías usarlo. A veces pagando, en la mayoría, no. A cada país que pasabas necesitas un permiso que lo daba el Ministerio de Transportes en Madrid. Si era tránsito o si ibas a descargar. Eso sí, los pasos fronterizos eran interminables, se perdía un tiempo que no veas. Depende de los sitios y de las ganas del funcionario de turno. Como en Hungría, que uno me dejó tirado para ver el partido de fútbol porque se jugaban los Mundiales”.

Lo que está claro es que Manolo ha sabido ingeniárselas. “Con el idioma siempre me he apañado. Un poco de italiano, de francés, de inglés,… He ido tirando. De hecho me he discutido a base de bien con policías polacos, húngaros, rusos. Me sabía los códigos que aplicaban en cada país. Con todos me entendía, como aquella vez que los polis me pararon en Moscú. Me decían que iba borracho. Querían dinero, claro está. Como que no les daba la razón, uno de ellos me pegó con la culata del kalashnikov en el estómago. Son situaciones en las que estás vendido. Solo, en medio de la nada”. Menudas historias.

Profesión Manolo Llambrich

Manolo nos cuenta que empezó en Alonso de chófer, pero enseguida le compró el Pegaso y comenzó a trabajar para él al enganche. “Con este camión he estado en Grecia, Suecia, en Yugoslavia,… Después tuve un Barreiros y en total hasta siete DAF distintos. A Alonso le estoy muy agradecido por darme la confianza de coger el camión por primera vez. Pero he ido y vuelto hasta en cuatro ocasiones. Y me he ido a la competencia, a Transportes Tomás, las dos empresas más importantes con frigos”, nos detalla.

Rutas peligrosas

Con ese mapa en la cabeza que tiene nuestro invitado, le preguntamos los mejores y los peores sitios por donde ha pasado.Los mejores, Bosnia y Croacia. Mostar, Saravejo, Dubrovnik, para mí eran como unas vacaciones, y eso que era justo después de la guerra. Los peores, la frontera entre Rumanía y Polonia y también el paso de Kukuryki entre Polonia y Bielorrusia. A mí, siempre me ha gustado conocer rutas nuevas. Por eso descubrí el paso de Kuznica que nunca había colas. Luego me enteré de que al ser zona boscoso y poco habitada, las mafias solían pasar mucho. Pero yo nunca tuve problemas”, nos confiesa.

Profesión Manolo Llambrich

Y llegó el momento de la jubilación. Dos meses duró. “La casa se me caía encima, y eso que mi mujer me trata de lujo”, nos dice. “A principios de año me salió la oportunidad de volver a hacer internacional. Estoy trabajando con Eduardo Soria, que tiene sus camiones trabajando para Alonso. Cobro la mitad de lo que me toca por estar jubilado, pero puedo trabajar. Ahora soy chófer. Estoy de cine. Nunca he estado igual. Voy a la zona que me gusta, sin facturas, sin gastos, nada de nada”.

Profesión Manolo Llambrich

Una verdadera historia que por suerte todavía no ha concluido. El punto y final lo pondrá nuestro camionero cuando le apetezca. Com bien dice: “No tengo ningún máster, ni he ido a la universidad, pero te estoy contando que he entrado a Rusia por cinco pasos fronterizos distintos, a Rumanía por tres,… Me he sabido entender con unos y con otros, ayudar y ser ayudado. Yo sé mucho más que muchos de los políticos que nos gobiernan en Europa”. ¡Qué razón tienes, Manolo!.