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Joan Prada Compta, de acompañante a empresario

Cuando no se tiene tradición familiar en el mundo del transporte, uno debe hacerse a sí mismo si quiere perdurar en el negocio, empezar de cero e ir construyendo poco a poco de forma sólida. Joan Prada y su mujer Montserrat Pujolar, emprendieron la mayor aventura de sus vidas, decidieron trabajar codo con codo, dentro y fuera del hogar conyugal para crear un negocio propio, familiar.

Aunque sus orígenes vienen de familia agricultora y campesina, trabajando y labrando la tierra, Joan Prada Compta, al regreso de la mili, donde se había sacado todos los carnets, convalidó el carnet militar por el civil y se enfrentó a una simple segunda prueba teórica y al pago de 80 pesetas por el trámite, “ni medio euro de los de ahora, el coste de los papeles y lo que más costaba entonces, el sello para el envío a la Jefatura de Tráfico, recuerda entre risas.

Este gerundense, nacido en 1947 en Mayá de Moncal y afincado en la actualidad en Castellfollit de la Roca -menos de 25 km distan entre ambas poblaciones–, pasó de ir de acompañante de chóferes a crear su propia empresa familiar con su mujer de socia.

Corría el año 1974 cuando Joan, con 27 años, decidió dejar de ir de acompañante, pues ya acumulaba suficiente experiencia, para ponerse por su cuenta de autónomo y realizar transporte diario a Barcelona, para llevar embutido de Casaponsa y galletas de Cal Enric, ambas empresas reconocidas por su tradición en la zona, pues la primera suma más de 100 años en su mercado, mientras que la segunda supera los 75 años de actividad. Tras varios años de autónomo y habiendo consolidado una familia con Montserrat Pujolar, con sus tres hijos, nuestro protagonista crea J. Prada como sociedad anónima, junto con Montserrat, y ambos emprenden su mayor aventura juntos, en casa y en el trabajo, codo con codo. “Por aquel entonces se podía crear una sociedad anónima, pues queríamos iniciar lo que sería el negocio familiar, pero con los años tuvimos que cambiarla a sociedad limitada, como está ahora”, nos cuenta Joan. Las cosas cambian y el mundo del transporte ha cambiado su panorama y mucho, nos advierte Prada.

Joan Prada

Transporte internacional

Era el año 80 cuando la joven pareja iniciaba su proyecto empresarial, y lo hacía con un Volvo F7, una tractora F12, un camión-remolque y un tráiler frigorífico. Con ellos se iniciaron en el transporte nacional e internacional al viajar regularmente a Francia e Italia, así como a Galicia, País Vasco, Levante y Andalucía. La carga más habituales por aquel entonces era la fruta, y recuerda algunos viajes nocturnos desde Almería hacia Puigcerdá: “El transporte de la fruta se realizaba de noche y se pasaba mucho sueño. El cliente, antes, te hacía hacer muchas horas”, recuerda.

Con Joan nos encontramos en la empresa, porque, aunque cuenta con edad suficiente para estar jubilado, ha renunciado a una parte de su retiro para mantenerse en
activo, con una jubilación activa. “Yo no tengo ningún hobby, mi hobby es el transporte. Me gusta conducir y no quiero dejarlo, porque esto si lo dejas, lo pierdes” confiesa Prada. “De tanto en tanto, hago algún transporte por la provincia de Girona”.

Joan Prada

La empresa, hoy

En la actualidad, Transports J. Prada cuenta con una flota de 52 camiones, 64 remolques frigoríficos y tres lonas; una de ellas frigorífica. Con más de 35 años en el sector de la distribución y transporte de productos perecederos a escala nacional e internacional, algunos años atrás decidieron ampliar las cargas completas con el grupaje y la logística refrigerada, para dar continuidad al negocio: “Si no hubiéramos ampliado con las cámaras frigoríficas, habríamos tenido que cerrar la  empresa”, apostilla Prada.

Con la ampliación de 5.000 m2 para la conservación en frío a una temperatura constante de -21ºC se han convertido en uno de los mayores especialistas en el transporte de carne en canal o colgada, con raíles de cinco guías en los remolques, así como pan congelado, entre otros productos. “Todos nuestros chóferes llevan
batas, gorros y polainas protectoras para entrar en las cámaras refrigeradas y de este modo poder controlar la carga”. Hoy, al frente del negocio se encuentra Joan Prada, el hijo mayor de la pareja, mientras que el pequeño, Jordi, está al cargo del almacén frigorífico. La empresa que se inició con dos camiones, hoy cuenta con 55 conductores, la mayoría con antigüedades de 30, 28, 15 años, que conocen al dedillo el perfil de cada cliente: “Todos nuestros chóferes llevan batas, gorros y polainas protectoras en el camión para entrar en las cámaras refrigeradas y de este modo poder controlar la carga –reconoce–. No puedes competir con precios con empresas de fuera, solo puedes hacerlo con la calidad del servicio», sentencia Joan.