El Pegaso 260 y el Volvo F12 de Pedro y Aitor Montejano

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En realidad no es difícil adivinar que en esa reverencia al clásico hay un guiño constante a la figura de su padre, Pedro Montejano, por cuyas manos, aún prestas y enérgicas, han pasado marcas antiguas de toda índole.

En la Navidad de 2012, Pedro hijo le dijo a su padre que se montara en el coche y no hiciera peguntas. El auto los llevó hasta Castellón y, una vez allí, ante un Pegaso 260, un pelín estropeado, le pronunció unas palabras que hicieron que por las mejillas del Montejano mayor corrieran unas sentidas lágrimas: “El camión que ves es todo nuestro”.

Pegaso 260 y Volvo F12 Montejano

A la adquisición del Pegaso le sucedieron tres años de intenso trabajo. Arrancó bien, pero chapa, pintura y caja demandaban una restauración seria, que mayoritariamente llevaron a cabo en su propio taller.

Encontrar piezas originales, como tapacubos o pilotos, les llevó a un nuevo chapuzón por Internet, océano en el que dieron con el cordobés Miguel, el Cangrejo, viejo conocido de Solo Camión, que es quien más les echó una mano en ese aspecto, ya fuera consiguiendo él mismo las piezas, o poniendo en su conocimiento el cómo conseguirlas.

El tapizado interior, llevado a cabo en Cartagena, puso ese punto en la restauración, que nunca acaba de ser final, pero que sí supone una especie de cédula de salutación en sociedad, la que ha llevado este Pegaso a las concentraciones notables en el universo de los clásicos, como las de Barco de Ávila, Torrelavega, Torrejón de Velasco, Cheste y buena parte de las mejores plazas manchegas, empezando, lógicamente, por Tomelloso.

Pegaso 260 y Volvo F12 Montejano

Un nuevo arreglo te lleva a otro; una concentración, a la otra; y un camión restaurado, al proyecto siguiente. “Los matriculamos como históricos y la ITV ya solo la hemos de pasar cada tres años. Ahora estamos tapizando otra cabeza Pegaso 260 –nos dice Pedro, el mayor de los dos hermanos–, y no sé cuándo vamos a parar, porque también hay que reconocer que esta afición cada vez se está poniendo más cara.

La gente ya sabe que en los últimos ocho o diez años el restaurar vehículos está en boga y, a veces, aunque tengan el camión medio podrido, te piden ya de entrada un pastizal”.

Aitor, de 26 años, 10 menos que su hermano, escucha a este atentamente, pero cuando le doy la palabra en nuestra entrevista, hace uso de ella con mucha presteza. “En mi casa el camión es algo que hemos ido descubriendo desde nuestra más tierna infancia cada uno de los nueve hermanos que somos.

En las vacaciones escolares –prosigue Aitor–, los niños y niñas nos íbamos turnando para auparnos a la cabina y mi padre era feliz. Mi madre prefería otro oficio de menos riesgo para sus hijos, pero al final nosotros dos y mi hermana Carmen Yolanda, a la que hace aproximadamente un año le hicisteis un reportaje en ‘Soy camionera’, estamos en el oficio bajo el paraguas de Transportes Montejano y, todo hay que decirlo, jamás hemos vivido en la familia un percance en carretera”.

Pegaso 260 y Volvo F12 Montejano

Aitor Montejano es el encargado habitualmente de conducir el Volvo F12 de 1994. “A mi hermano le gusta llevar su Pegasejo –replica Aitor–, porque lo ha puesto a su gusto. No todo el mundo es capaz de manejar las 4 velocidades con cambio de bola partido del Pegaso.

Tienes que cogerle las vueltas por el sonido y, como te pases de vueltas, las marchas no entran y los rascones pueden provocar la rotura de la caja de cambios. Mi padre y nosotros lo hacemos con los ojos cerrados, pero no es un cambio apto para todo el mundo. De hecho –continúa–, una vez has probado este, el de tres velocidades partidas del F12 lo cambias con la gorra”.

El Volvo F12 Intercooler emana una prestancia y fortaleza muy singular. “Estos camiones son eternos. Ahora los ves currando a todo trapo en Marruecos. Aquí se dejaron de hacer –ríen los dos Montejano– porque si no se arruinaba la Volvo”.

Pegaso 260 y Volvo F12 Montejano

Entre otros Volvo restaurados como los de Romerito o Transmarfil, así como las múltiples reliquias Pegaso que pueblan cada encuentro camionero, los Montejano se han hecho un hueco a base de gracia y desenvoltura.

Tanto ellos como su hermana Carmen Yolanda y, por supuesto, Pedro el padre, son muy conocidos en un Tomelloso (Ciudad Real) en cuyas afueras disponen de un terreno con nave en el que nos hemos citado para este reportaje. Aquí cuentan con foso, compresor, máquinas de jabón y lo necesario para tareas de limpieza, cambios de rueda y pequeñas reparaciones.

Pegaso 260 y Volvo F12 Montejano

“Menos cuartos, tenemos de todo”. No podía faltar el sello humorístico de los Montejano para acabar el reportaje, pero no se precisa ver la cuenta corriente de esta familia para advertir que, más por ser que por tener, sabe disfrutar la vida de maravilla.

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