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El Pegaso 1065 L de Jesús López, un sueño bien merecido

Un buen plan dominical para Jesús es aquel en el que la faena de su empresa le regala una mínima tregua, puede ponerse al volante de su Pegaso y busca un sitio en el que almorzar por los alrededores de Jaén.

Aunque ya esté bien entrado en los 50, los ojos y la imaginación de nuestro protagonista se siguen coordinando perfectamente con su más tierna ilusión, de forma que lo que ve y lo que anhela resultan ser conceptos que transitan por la misma vía. “Desde chiquitillo el estar montado en un vehículo siempre ha sido para mí lo máximo. En casa mi padre era panadero –recuerda–, pero mi familia acabó montando una granja de pollos. Junto a otro socio, mi padre compró entonces un Avia con el que vender huevos, en el que transportaban también orujo y vino. Mi padre adquirió más tarde una furgoneta Sava, hasta que mi hermano mayor se compró un Pegaso. Era un modelo 1121 con el que yo era el muchacho más feliz del mundo. Lo conduje sin carnet las primeras veces – pssss… silencio–, sobre todo de noche, con 17 o 18 añitos, cuando iba a Madrid con mi hermano”.

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Pegaso 1065 L Jesús López

Aquellas sigilosas rutas son la primera semilla de la empresa que hoy regenta junto a su mujer y sus hijas. Transportes Jesús López cuenta hoy con una veintena de cabezas tractoras, pero como acostumbra a pasar en trayectorias profesionales similares a las de este empresario de Begíjar, precisamente cuando tienes muchos camiones es cuando dejas de conducirlos. Hoy su día a día pivota sobre todo en la gestión de su flota, pero hay una pulsión radiante que se concentra en un espacio en el que nuestro hombre retoza feliz, como un niño en una piscina de bolas: su Pegaso 1065.

De Soria a Jaén

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Echando un vistazo por Internet en un día de 2016, Jesús divisó una perla que le dejó perplejo. ¿Un Pegaso impecable, con su cuba casi nueva, que permanecía 17 años sin tocar? Eso había que verlo. Junto a Mari, su mujer, recorrió los casi 600 kilómetros que separan las provincias de Jaén y Soria, que es donde reposaba el vehículo.

Pegaso 1065 L Jesús López

Ya allí, la comprobación de que lo que prometían las fotos era manifiesto y palpable puso en verde todas sus expectativas. “Su antiguo dueño había trabajado con este Pegaso llevando vino a granel en una cuba, haciendo la ruta Soria-Valdepeñas, o haciendo repartos por algunos pueblos de la zona. Cerró el negocio poco antes de acabar el siglo –prosigue Jesús–, porque no tenía hijos que continuaran con el oficio, así que el Pegaso quedó parado y a buen recaudo. Estaba claro lo mimado que había sido el camión, pues cuando salió del garaje para llevarlo en una góndola, con su cuba espectacular, el vendedor lloraba como una magdalena”.

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Pegaso 1065 L Jesús López

Ya con el Pegaso en Begíjar, Jesús reconoce que a veces le costaba atinar con las marchas. “Había oído hablar mucho del cambio de bola, pero cuando tenía que bajar a 3ª, resulta que metía la 1ª –ríe recordándolo– y pegaba unos trancazos tremendos. Menos mal que Sebastián, un tío mío también camionero, me dio cuatro consejos y le cogí rápido la onda”.

El azul con el que venía de Soria fue cambiado por el rojo de la empresa familiar, pero la hechura primigenia del Pegaso fue respetada casi al punto. “Venía con unos asientos de un Seat 132 que cambié por otros de skay, porque el pelillo daba mucho calor. Incorporé algunos logos y detalles exteriores e interiores, pero el escape y los cromados principales los he mantenido tal cual, porque pienso que como el molde original de un Pegaso no hay nada. En ese molde está también buena parte de la historia de mi vida”.

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