El Ebro B-45 de Francisco Romero

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Dar culto a tu pasado y que retoñe en un camión es un derecho humano para alguien unido de forma indisoluble a los valores camioneros.

Con un Ebro igualito a este empezó Romero Pretel, auténtica alma fundadora de la malagueña Transportes Romerito, a trabajar con su padre en los mercados de Andalucía. Era sólo un niño, ¡Pero qué niño!

Su padre optó con el tiempo por dedicarse a comprar y vender género para distribuirlo en mercados de Madrid, Sevilla, Málaga, Granada etc.; por lo cual puso como mano derecha para manejar este Ebro a un chófer, al que un Francisquito, tieso como una vela a los 14 años, acompañaba para ayudar en todo lo que fuera menester.

“Sería mediados de los años 50 y no se veían muchos vehículos por ahí, pero yo ya tenía más claro que el agua que quería ser camionero. De hecho – recuerda Romero -, con 21 me fui al servicio militar, pero un mes antes ya me había sacado el carnet de primera. Cuando vine de la mili, allá por el año 1965 o 66, ya me quedé como encargado de conducir el Ebro”.

Hace unos cuatro años, Rafael Romero, uno de los cuatro hijos de nuestro protagonista, avistó en Valencia un modelo calcado a aquel del que tantas veces le había hablado su padre. “Allá nos fuimos – es Rafael quien ahora se expresa -.

Para gozo nuestro, el vehículo arrancó a la primera sin echar ni una pizca de humo. Llegamos a un acuerdo con el dueño y lo trajimos para Málaga. A partir de ahí, en honor a la verdad, hay que reconocer que fue mi padre, al que ya por entonces no le faltaba tanto para cumplir 80 años, quien estuvo implicado por completo en la dirección de toda la restauración.

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Ya sea en el tapizado, la pintura o la carrocería, él ha estado mano a mano con el profesional de turno, señalando incluso ciertas modificaciones si alguna parte del trabajo no estaba a su gusto.

En el tema de la búsqueda de recambios y demás elementos del camión – reconoce el hijo de Francisco Romero -, la mano de alguno de sus hijos sí se ha hecho valer, pues navegar por internet es una tarea que a veces se puede tornar tan colosal como confusa; y este Ebro B-45, como podéis observar en las fotografías, ha sido restaurado prácticamente al 100%”.

La vida en una góndola
En Valencia había estado trabajando este camión en el sector de las naranjas, por lo que tenía una carrocería frutera. En definitiva, una labor no muy alejada de la emprendida por los Romero hace más de medio siglo. Se trajo en góndola y, una vez en Málaga, se llevó directamente al chapista.

“Dejamos todo al descubierto para poder trabajar a gusto, así que desmontamos cabina y carrocería. El motor fue lo único que no quitamos – matiza Romerito -, porque funcionaba perfectamente. Eso sí, el lavado de cara al que le sometimos fue importante: la tapa de los balancines, el purificador del aire y las bisagras para abrir el motor las pusimos en acero cromado. El propulsor fue pintado en rojo por entero”.

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Francisco coloca en un lado de la balanza sus sentimientos, y no hay peso que nadie pueda echar al otro lado que le desvíe de lo que para él forma parte de su cultura personal para entender el mundo camionero, en el que él se crio y ha crecido como transportista, llegando a fundar una empresa como Transportes Romerito, con sede en Alhaurín de la Torre, cuyo rojo se ve venir a lo lejos en sus múltiples camiones, hoy referencia del transporte en Málaga y Andalucía en general.

“Tienes que tener una manera especial de ver la naturaleza misma del mundo del camión para que esto que haces cobre todo el sentido y no le eches cuenta a todo el tiempo que a ello dedicas. Yo lo que hago es no hacerle muchos números – reflexiona Romero Pretel -. Si te lo pensaras demasiado, igual no lo harías”.

La filosofía de este malagueño, si las circunstancias te son mínimamente propicias, es más que apropiada, porque si empiezas a sumar gastos, el vértigo puede aparecer.

“La caja que tiene este coche – nos explica -, es clavadita a la que tenía mi padre. Se trata de una caja pescatera, porque además de la fruta mi padre también compraba pescado en la costa e iba intercalando, sin mezclarse, un transporte y otro.

En la restauración de la caja de este Ebro B-45 la batuta la llevó un amigo llamado Rafael, que diseñó las tablas machihembradas. Para pintarlo lo llevamos a un taller de Málaga y finalmente lo volvimos a montar en una góndola para tapizarlo en un taller especializado en Almería.

En todos estos procesos – puntualiza Romerito – estuve yo presente. Respeto a cada profesional en su terreno, pero yo tenía en la cabeza el sentido que quería darle a un camión que, más que un clásico, es para mí el puro reflejo de mi vida”.

A una media de 60-70 k/h, con María Salud, su mujer; las cuatro velocidades de este Ebro se bastan y se sobran para llevarles a las concentraciones de vehículos clásicos donde esta joya es muy apreciada.

“En mi vida profesional he llevado Austin SAVA y todo tipo de Pegaso, pero este Ebro es el que alumbra mis primeros recuerdos. Es el coche con el que me he criado – se emociona -, y si no le vieras la matrícula pocos, salvo entendidos, se imaginarían la edad que tiene.

Todo ha sido buscado a conciencia y no hay nada que no sea suyo. En el diferencial, el cambio… hasta en la rueda de repuesto, está grabado el membrete original de Ebro. Los tornillos, por su parte, sí los hicimos en acero para que brillasen y no se oxidaran con el tiempo”.

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El mantenimiento de este clásico, que por el momento no ha sido matriculado como histórico, hoy exige poco más que revisar filtros, cambiar aceite y darle alguna vuelta para cargarle las baterías, algo que a veces también hacen alguno de sus hijos.

“En una concentración cercana a Fuengirola nos coronaron como el número 1, pero el premio mayor para mí es disfrutarlo viajando con mi mujer al lado. Ahora tenemos un Volvo 400 en la nave, que es nuestro próximo proyecto de restauración. Tengo ya 80 años – templa Romero la voz -, pero lo vivo como el que más. Cuando algo te gusta de verdad nunca te pesa”.

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