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El Ebro B-45 de Bodegas Lodeiros, recuerdos en barricas

Bodegas Lodeiros atesora desde 1910 varias generaciones regando la vida de Galicia, España y el mundo entero. Partiendo de su epicentro en Santiago de Compostela, un embajador de excepción divulga a los cuatro vientos sus vinos, vermús, sangrías y licores. El Ebro que cambió el carbón de antaño por aromáticos y bebestibles hechizos.

Hablar de esta exquisitez matriculada en 1964 es hacerlo también de la amistad surgida entre dos hombres, el compostelano Luis Lodeiros y el vallisoletano Alberto Treceño, cuyas historias se cruzaron gracias a este vehículo. “Mi padre lo compró hace más de medio siglo, y junto a mi tío repartió carbón durante decenios por toda Valladolid. Hasta 2010 –afirma Treceño– se mantuvo activo, pero fue entonces cuando me propuse restaurarlo a fondo. Estaba muy cascado de chapa, dirección, volquete y demás engranajes, así que lo desmonté por piezas, tornillo a tornillo”.

Ebro B-45 Bodegas Lodeiros

Cerca de dos años empeñó en ello este restaurador vocacional de pisos, muebles y vehículos, trabajando en su taller casero con foso propio.
Tantos años de carbón hicieron mella en este coloso del transporte, así que Alberto recortó varios trozos podridos de la chapa y con la radial y el cepillo de púas saneó la chapa para imprimar, pintar y dotar de un acabado de barniz a la carrocería.

Caja y volquete de este Ebro B-45 fueron también puntos de recalada en la restauración, manteniendo el bastidor de las puertas y trabajando la madera con delicadeza. “Tras pensarlo mucho con uno de mis primos, decidimos vender el Ebro. Me costó mucho asumir esta decisión –reconoce–, pero finalmente Luis Lodeiros contestó a nuestro anuncio y de ahí surgió una relación que nos mantiene unidos en torno a este camión. Luis acabó de rematar la faena tapizando los asientos y pintando las llantas. Lo cuida con gran mimo, y eso me reporta mucha tranquilidad interior”.

Ebro B-45 Bodegas Lodeiros

Camino de Santiago
Luis Lodeiros refrenda las palabras de Treceño y aún recuerda el rostro lloroso de este cuando le entregaba el Ebro en el que tantos recuerdos albergaba. “Para mí es como si fuéramos, en cierto sentido, copropietarios. De hecho, hasta le pedí permiso para llevar a cabo este reportaje. Sentí que lo tenía que hacer. Para nosotros –se explica el compostelano– hay principios y sentimientos que van más allá de la pertenencia y la propiedad”.

Ebro B-45 Bodegas Lodeiros

El árbol genealógico de la familia Lodeiros se nutre de frondosas ramas ligadas al transporte. Manuel Lodeiros, abuelo de Luis, era arriero a principios del siglo XX y portaba una recua de cuatro mulas. En tales carromatos también se montó José, su padre, que años después compró un Ford que, como le pasó a casi todos los que eran titulares de algún camión durante la Guerra Civil, le fue requisado por uno de los bandos. “Él se alistó para poder conducirlo –recuerda un emocionado Luis–, porque era la única manera de no perderle la pista por siempre jamás, pero aun así se echó a perder en un bombardeo. En los cuarenta se compró un camión chasis cabina muy parecido a este Ebro, así que la querencia de nuestra familia por los vehículos clásicos, aunque nos dediquemos a las bodegas, es más que evidente”.

Ebro B-45 Bodegas Lodeiros

A sus 35 años, Lodeiros, cuarta generación de la familia, exhibe también con gran orgullo su Ebro en cuanto tiene ocasión. “Me intimida un poco –nos explica entre risas este simpático ingeniero de Caminos–, porque ese cambio de marchas a ojo me vuelve loco, pero su sola presencia es un deleite monumental”.