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El Avia de los Palacios, uno más de la familia

En 1966 entró este Avia por la puerta de la que sería su casa; y a fuerza de trabajar durante más de 54 años se ganó lo de ser el gran consentido de la familia. Tras un peregrinaje inicial por mercados y mercadillos, acabó especializándose en el transporte de piel animal, sobre todo de oveja, campo en el que se ejercitó todo lo que le dio la lana… y más.

En la ficha de control del vehículo, que sale de una carpeta que atesora todos y cada uno de los papeles manuscritos y mecanografiados que este histórico ha ido acumulando, figura que este Avia será destinado al trabajo de mercancías propias. La paradoja es evidente, porque este camión, dedicado a lo que se conocía en aquel entonces como la cacharrería, transportaba precisamente material de lo más diverso (hierro, zapatos, cobre, etc.), y resultante de las fuentes más peculiarmente ajenas, cuya transacción a veces era monetaria y otras vía trueque. “El ir especializándonos en pieles de animales fue dándose poco a poco. Empezamos con las de conejo, a veces recogidas en granjas particulares, pero finalmente nuestro campo de acción se fue centrando en los mataderos”.

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Avia Palacios

Quien pronuncia estas palabras es el joven Vitoriano López, que, aunque aún no había nacido cuando su abuelo Víctor compró este Avia, se ha ganado de sobra el hacer memoria familiar en primera persona del plural, porque es ahora quien más se cuida de que a este vehículo no le falte de nada.

Transporte lanar

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Diez años después de la compra del Avia, el abuelo Víctor fundó la empresa Comercial V Palacios e Hijos, cuyo mando familiar es hoy coordinado por Victoriano Palacios, hijo del fallecido Víctor, su esposa Josefina y sus dos hijos, Juan y Victoriano. “En los años sesenta –nos explica el padre–, para comprar un camión firmabas contrato, dabas un dinero a cuenta y entrabas en lista de espera. Ya podías colmarte de paciencia, porque la entrega podía demorarse más de doce meses. Había casos en que igual te decían que el color no era exactamente el que tú habías pedido –sonríe–, pero lo cogías igual, por si acaso te tenían otro año esperando”.

Avia Palacios

Victoriano tiene 75 años, pero sus ganas de jubilarse son de cero multiplicado por cero. Él y Josefina, confitera afamada entre sus clientes por los Suspiros (dulces típicos de Albacete) que salen de sus manos, recorren los mataderos cercanos para recoger la piel. “Nuestros portes –es ahora Juan, el pequeño, quien habla– los solemos llevar a cabo en furgones ligeros. El Avia ya quedó para pasearnos por alguna concentración, como Cheste o Alcañiz, y gozar de su conducción, sobre todo por lo que respecta a mi padre y mi hermano, que son los que más le han cogido el gustillo”.

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Los dos Victorianos asienten a las palabras de Juan. “Este año toca trabajar la carrocería –concluyen ambos– y pintar la cabina, que ya tiene alguna picadita. Ya sabes –me dicen–. Estás invitado a venir a verlo cuando quieras”.

Avia Palacios

El que os escribe estas líneas no tiene por costumbre conducir los vehículos de sus reporteados, pero Victoriano me lo puso en bandeja y acepté. Si la próxima vez es Josefina la que me pone en bandeja unos ricos Suspiros de Albacete, la suerte será el doble… y más.

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