Hay un tiempo, el mejor tal vez, que permanece quieto al estar inmerso en tu creación. En él, todo reto maquetero es posible.
¿Cuántas tardes ha tenido este almeriense de 49 años la sensación de que su despacho de trabajo respiraba junto a él, mientras se iban convocando las ideas que hacían ir evolucionando a sus miniaturas?.
“Muchas, amigo mío – nos dice Juan José, tras una sentida espiración -. Yo, siendo un chaval, empecé coleccionando cochecitos y furgos; pero cuando me inicié con el modelismo de camiones a escala 1:24, ya todo lo demás se me quedaba pequeño.






Llegué a acumular más de un centenar de maquetas personalizadas, montando yo mismo ruedas, motor, chasis, frontal, cristales, techo, paneles, asientos, volante, etc.
Siempre se me dio bien el crear piezas a mi manera, agrandando o encogiendo un camión al gusto, y agregando colores llamativos, que son los que más me inspiran”.
Para este hombre casado con Noelia, y padre de dos hijos, hubo un punto de inflexión, prácticamente obligado, que le hizo cambiar su afición al modelismo por la del coleccionismo.

Tal punto hace entrar a nuestra conversación en un aire ciertamente saleroso: “Mi hijo Juan José entraba con 3 añitos al despacho y me lo revolvía todo. ‘Papi, papi, quiero entrar’… y cómo le vas a decir que no. Recuerdo un día que quería coger una maqueta recién hecha, que me había costado un trabajo tremendo.
Yo no le dejaba y se oía a su madre desde el otro lado de la casa ‘¡Hay que ver cómo eres tú también. Déjale al niño!’. Al final le di permiso y se dio un trompazo que me dejó el camión hecho harina. Era imposible trabajar tranquilo – sigue Juan José con un sentido el humor del que es imposible no contagiarse –.




El niño tenía que abrir siempre los paquetes y no me dejaba una pieza sin toquetear. Total, que a partir de entonces me fui inclinando por comprar las miniaturas ya hechas”.
Más de 600 piezas
Juan José es camionero de toda la vida, y en la actualidad conduce un Scania rígido para Expoalma, empresa comercializadora de fruta y verdura que cuenta con más de 200 hectáreas de tierras agrícolas ligadas a la misma. “En mi familia – seguimos entre risas –, soy el único camionero, o sea, la oveja negra de la familia”.
Entre su colección, dispuesta en armarios y estanterías a escalas 1:24, 1:43 y 1:50; cohabitan modelos muy difíciles de encontrar, entre los que destaca un vistoso muestrario de bombas de hormigón.



