Daniel cambió la senda del asfalto por las vías férreas, pero las maquetas ponen en orden las emociones de su día a día.
Su abuelo Bienvenido fue camionero, y una de las suertes que más agradecería es que algún día se ofreciese un Kit del Super Comet 1095 que él conducía, y en el que nuestro hoy veinteañero se montó muchas veces siendo un niñito.
“En miniaturas Pegaso sí tenemos gran surtido, pero no en maquetas a escala 1/24, que tú puedas personalizar. Con ese Pegaso – prosigue Padilla –, junto al Iveco S-Way y el modelo de primera generación del Volvo FH, podría decirse que se vería satisfecho el catálogo de mis sueños maqueteros”.



Bien sabe nuestro joven malagueño que, cuando uno se clava en una afición tan intensa como esta, no hay final del camino, sino que el propio camino es la finalidad.
Como dejamos entrever a la entrada de este reportaje, Daniel fue camionero de los 21 a los 24 años en sectores como la construcción o el transporte de contenedores, pero a instancias de un amigo que opera en RENFE se dejó convencer para hacer las pruebas como maquinista y pasar a conducir un tren.

“Me gustan más los camiones. Las cosas como son. Pero el del tren es un transporte más cómodo, mejor pagado y, para que nos vamos a engañar, mejor mirado.
El oficio de camionero – reflexiona – ha perdido prestigio en los últimos tiempos. Espero que ese prestigio se vaya recuperando, ahora que todo el mundo está de acuerdo en que se necesitan más chóferes, pero veo difícil reconquistarlo del todo”.
Serenidad y calma
Los que conocen a Daniel saben que es un muchacho inquieto y de sangre caliente, pero al que la paciencia que exige su afición por las maquetas le saca la mejor de sus flemas.




La reproducción del modelo Volvo FH que el fabricante sueco lanzó por su 25 aniversario, la cual podemos apreciar en este artículo, le supuso cerca de 3 meses de trabajo.
“Mi punto fuerte es el chasis, en el que consigo el efecto de la grasa en la quinta rueda con una masilla especial para maquetas. Al secarse la pinto en un negro, que también utilizo para las faldillas de los guardabarros.
Donde me cuesta un poco más llegar al punto exacto – reconoce el malagueño – es con la carrocería. Estoy mucho más orgulloso en ese sentido con mi trabajo en el Mercedes-Benz SK 1844, para el que además tuve el acierto de cambiar de aerógrafo”.


Además de los citados Volvo y Mercedes, Padilla trabaja en un FH16 610, tiene pendiente un Freightliner FLC y acaba de adquirir el kit de un Kamaz del Dakar, a escala 1/35.
No obstante, la espera que más le ilusiona es la de unas calcas para reproducir el Volvo FH 380 del 97, con el que se doctoró como camionero. “También conduje Scania y Renault, pero a ese modelo – se emociona Daniel –, con sus faros cuadrados, es al que más cariño le guardo”.



