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Circo Piraña Show, una vida de pueblo en pueblo

Durante los últimos dos días ha estado lloviendo en Calahorra (La Rioja). El campamento del Circo Piraña Show, en pleno pueblo, se levanta en un terreno sin asfaltar que ahora presenta varias zonas anegadas por el agua y otras embarradas. Hay que adaptarse. Llevan toda la vida haciendo esto y no pasa de ser un problema eventual, nada grave.

Lo peor es que no haya público y que se tenga que cancelar la función, algo que, por desgracia, ocurre de vez en cuando.

El formidable desarrollo de la cultura audiovisual en los últimos 20 años ha transformado al mundo del circo en un David cada día más flacucho que se las ve y se las desea para luchar contra un Goliat cada vez más alto, más guapo y más fuerte, y que adquiere múltiples formas: YouTube, Smart TV, celulares de última generación, cine en 3D, videoconsolas, etc.

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Pese a que la llegada del convoy del circo ya no hace abrir los ojos de los niños como solía, todavía hay algunos valientes que siguen viajando de pueblo en pueblo con la carpa, los animales y un buen puñado de trucos para regalar risas e ilusiones. Saben que tienen la batalla perdida, pero esto es lo que han hecho toda la vida –algunos, de manera literal– y aquí siguen.

Hoy en Calahorra. “Ésta es nuestra vida”, explica Fabio, el dueño y director del Circo Piraña Show. Falta una hora para que arranque el espectáculo y aprovechamos para pedirle que nos explique cómo es la vida del circo y que nos enseñe la logística que requiere.

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Mi abuelo ya trabajaba en el circo hace 70 años, en el sur de Italia. Después tomó el relevo mi padre y luego mi hermano y yo. Antes se vivía mejor –confiesa–, llegaba el circo al pueblo y ¡se paraba todo! Ahora te vienen 20, 30 personas por sesión… o nadie”.

Pese a las dificultades, el circo de Fabio –que montó junto a su mujer hacer ahora aproximadamente 15 años– sigue adelante contra viento y marea, con cerca de 250 espectáculos al año y una “troupe” de 20 personas.

Basta echar un vistazo al interior de la carpa –800 localidades– y al parque móvil que la rodea –13 trailers, una furgoneta y dos coches– para darse cuenta de que esta “familia” no es precisamente pequeña. ¿Cómo se organiza todo este despliegue?

Circo

La caravana se asienta

Cada cuatro o cinco días, el convoy debe partir de nuevo rumbo a un nuevo lugar donde instalar la carpa y aparcar los vehículos. No cabe decir que cada uno de los artistas y operarios sabe muy bien cuál es su misión una vez se llega al destino y toca agrupar cada trailer y caravana.

“El peso no es un problema”, explica Fabio. “Cargamos mucho volumen, pero es ligero. Básicamente son sillas, mástiles, la carpa y los animales. Lo difícil es preparar el terreno”.

Dependiendo de la ubicación, hay más o menos espacio para la flota y para la carpa. Una vez hechas las conexiones de luz y agua, se maniobran los vehículos siempre de la misma manera: hay cuatro trailers prioritarios que son los primeros en entrar y ocupar su lugar, después se ubica el resto de los vehículos.

Éste es el orden: primero, el trailer de las pirañas, que además es la taquilla; a un lado, un trailer que carga los mástiles y la carpa; al otro, el trailer donde viaja el tractor que sirve para alzar los mástiles; y cerrando el cuadrado, el trailer con la grada y las sillas.

La caravana ya está casi asentada. Falta el resto de la flota. “Además de esos cuatro vehículos esenciales, tenemos tres trailers vivienda, tres más para los animalesen uno viajan reptiles, en otro el canguro y en otro los dos ponis– y tres más con equipo logístico para el show.

Los artistas y operarios viven en caravanas, mientras que el “lujo” de los trailers-vivienda está reservado para la familia de Fabio y para el profesor de la escuela.

Tenemos ocho niños, tres de los cuales son míos”, cuenta Fabio. Cuando el número supera los cinco, el Ministerio de Educación te asigna un profesor itinerante que hace toda la temporada con nosotros”. El trailer del profesor está dividido en dos: por una parte, la vivienda, y por otra, el aula de enseñanza.

Charlamos con David López, el profesor del Circo Piraña Show. Lleva siete meses con ellos, pero éste es el cuarto circo donde imparte clases. Y está encantado, pese a que nunca antes había pisado un circo, ni como espectador. “Las listas para entrar en colegios son muy lentas y a través de un amigo me enteré de esta posibilidad y me cogieron al segundo año”.

Es el propio Ministerio el que marca las normas de dimensiones para este trailer. El aula tiene una longitud determinada según el número de alumnos, y la vivienda del profesor tiene que contar con cocina, ducha y dos camas.

El parque móvil del circo está compuesto por Scania, Volvo y Renault. Fabio y Clara arrancaron con dos vehículos –cada uno llevaba una cabeza– y poco a poco han ido aumentando la flota hasta el número actual.

“Mover esto es carísimo y si por mi fuera –reconoce el director– me desharía de alguno de los camiones, pero es que no puedo. Tengo que mover todo el material que tenemos y necesito todos y cada uno de los vehículos”.

Enamorado de los decorados y experto por obligación en mecánica –él mismo se encarga del mantenimiento y las averías sencillas–, Fabio adquiere los vehículos de segunda mano. Además de la comodidad, busca sobre todo fiabilidad. No hacemos más de 10.000 km al año y apenas cargamos peso.

Lo que quiero es que el motor no se rompa, que aguante cuanto más mejor. Obviamente el consumo es importante, pero no es algo que controle mucho, sinceramente. Cada vez que movemos los camiones ponemos 50 euros por tractora y ya está”.

El viejo circo, el circo clásico, mantiene su esencia en espectáculos como el del Piraña Show. La logística no es sencilla y cuadrar los números es una tarea cada vez más titánica (además del gasto de los vehículos están las nóminas de los artistas, la comida de los animales, el mantenimiento del circo, las trabas de la Administración para este tipo de espectáculos, la bajada del precio de las entradas…).

Sin embargo, Fabio y su “troupe” sobreviven estoicamente frente al Goliat de la modernidad audiovisual. Puede que cada vez sea más difícil sorprender a los niños, pero ellos lo intentan show tras show. Ésta es su vida. Esto es lo que saben hacer.

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