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Camiones en Sudáfrica, el motor de África

Con un territorio cuya extensión supera a las de España y Francia juntas, si hubiera que resumir Sudáfrica en una sola palabra, esta sería sin duda diversidad, un concepto que aquí se traslada a todos los niveles. Y es que el país cuenta con variados paisajes que van de las zonas desérticas a extensas sabanas, pasando por escarpadas cordilleras y densos bosques.

La variedad no se queda solo en eso, pues existen nada menos que once idiomas oficiales distintos y, además, es el único país del mundo con tres capitales. Mientras que Pretoria es la capital administrativa, Ciudad del Cabo es la legislativa y Bloemfontein la judicial.

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Su trayectoria histórica reciente no ha sido precisamente fácil, pero afortunadamente los años del apartheid cada vez quedan más lejos y la convivencia entre los habitantes del país, independientemente del color de su piel, ha mejorado a pasos agigantados en los últimos tiempos.

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Ello no evita, sin embargo, que sigan existiendo en Sudáfrica importantes niveles de desigualdad en algunas zonas, sobre todo en los denominados “townships” (antiguos guetos) de las periferias de las grandes ciudades.

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Una de esas áreas, situada al suroeste de Johannesburgo, traspasó fronteras como emblema de la discriminación racial a raíz de las protestas de 1976. Su nombre es Soweto, donde hoy en día convive más de un millón de personas y donde se encuentra la antigua casa de la figura más importante y simbólica en la lucha contra el dominio blanco y la segregación racial sufrida por el país.

Se trata del expresidente Nelson Mandela, cuyo legado ideológico sigue más que latente tres años después de su muerte. En Johannesburgo, su rostro está presente en banderas y fachadas como muestra de admiración y orgullo local.

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El latido económico del continente

En lo que respecta a la economía, la importancia del país para la totalidad de su continente es enorme, pues representa nada menos que el 25 % del producto interior bruto de toda África. Entre las mayores exportaciones por parte de Sudáfrica a escala mundial se encuentran las perlas y las piedras preciosas, pero también otras de consumo mucho más cotidiano por el común de los mortales, como el vino, la madera o la caña de azúcar.

Por lo general, el estado de las carreteras es muy bueno, lo que facilita el transporte rodado no solo a lo largo y ancho del país, sino hacia sus seis estados limítrofes (Namibia, Botswana, Zimbabue, Mozambique, Lesoto y Suazilandia).

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Durante las últimas dos décadas, uno de los productos sudafricanos que más prestigio ha adquirido a escala internacional es el vino, cuyo éxito comercial ha llevado a Sudáfrica a convertirse en uno de los mayores productores del mundo.

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La meca de los mejores caldos sudafricanos se encuentra en la región de el Cabo occidental, donde los viñedos llevan siglos adaptados al bello paisaje que los rodea, integrado por abruptas cadenas montañosas que contrastan con verdes y bucólicos valles. De hecho, la elaboración de vino en esta zona del suroeste del país se remonta al siglo XVII, bajo el dominio colonial holandés.

Cuando llega la vendimia, las tranquilas carreteras de ese bello territorio se transforman en un constante ir y venir de camiones de transporte de uva para dar inicio al proceso de elaboración de los variados vinos que aquí se producen.

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Entre los lugares con más encanto de la zona se halla el municipio de Franschhoek, cuyo nombre en idioma afrikaans significa ‘la esquina francesa’. Esta denominación tiene su origen en los hugonotes franceses que llegaron a esta región en el siglo XVIII en su huida de Europa a causa de persecuciones religiosas.

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En parte debido a su influencia, no hay que fijarse demasiado para encontrar la herencia europea en las calles de esta población, plagadas de arquitectura que rememora el pasado colonial de estas tierras.

A los pies de la montaña

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No muy lejos de la región del vino se encuentra Ciudad del Cabo, para muchos viajeros la urbe más atractiva del país. Está situada a los pies del espectacular monte Table, un parque nacional en sí mismo y emplazamiento desde donde divisar las mejores vistas de la ciudad siempre y cuando a la caprichosa niebla no le dé por aparecer, algo bastante común en la cima.

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El casco histórico de la ciudad está repleto de edificios victorianos con balcones de hierro forjado, sobre todo en Long Street. Otro de los puntos más interesantes de la ciudad se encuentra en el barrio malayo Bo-Kaap, donde las protagonistas son sus fachadas multicolores.

Si se quiere profundizar en la figura de Mandela, es posible visitar Robben Island, isla situada a 12 km de la costa de Ciudad del Cabo, en la que el político estuvo preso durante 17 años en precarias condiciones.

De imprescindible visita en esta zona del país es también la península del Cabo. La mejor forma de comenzar a conocer su belleza es a través de la mítica carretera Chapman’s Peak, escenario de multitud de anuncios de televisión de automóviles. Y es que su sinuoso trazado recorre el litoral atlántico y ofrece excepcionales vistas panorámicas sobre los abruptos acantilados que integran la península.

Siguiendo en dirección sur, la carretera entra hacia el interior y aquí se comprueba el efecto de los fortísimos vientos que soporta esta área, pues solo existen arbustos bajos debido a que los árboles no son capaces de resistir.

La fauna, sin embargo, no se amilana en absoluto y es posible cruzarse con relativa facilidad con babuinos, cebras de montaña, avestruces o antílopes durante el recorrido. Y así se alcanza el punto más meridional de la península y el segundo de todo el continente africano.

Hablamos del mítico Cabo de Buena Esperanza, lugar que ha pasado a la historia por sus grandes naufragios, que incluso dieron lugar a leyendas de barcos fantasma como el Flying Dutchman, hundido aquí en 1641.

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Transporte maderero

Para encontrar otro de los centros neurálgicos donde el transporte rodado de mercancías en Sudáfrica se da la mano con la belleza del entorno hay que dirigirse hacia el noreste del país, en la región de Mpumalanga. Allí, nada más acercarnos a los alrededores del pintoresco pueblecito de Sabie, comenzamos a encontrarnos con multitud de camiones cargados de troncos de todos los tamaños.

Y es que no solo estamos en una zona eminentemente maderera, sino que aquí se encuentra uno de los bosques plantados por el hombre más grandes del mundo.

Un enorme tapiz integrado por miles y miles de pinos y eucaliptos se convierte en el escenario habitual a un lado y otro de la carretera. Hace algo menos de una década, su frondosidad aún era mayor, aunque se vio diezmada a causa de un grave incendio.

Esta es la causa de que hoy en día existan zonas repobladas con árboles aún de pequeñas dimensiones, pues, según las autoridades locales, serán necesarias dos décadas hasta que el bosque recupere el aspecto anterior a aquel incendio.

Esta zona supone un ejemplo perfecto para palpar una vez más la variedad que se respira en Sudáfrica, algo que también afecta a su gastronomía. Hay un plato que no puede faltar en todo el país, como es el braai (carne a la brasa), que suele acompañarse con mazorcas de maíz. Pero existen chocantes sorpresas gastronómicas, ya que en Sabie es posible degustar elaborados platos con carne de cocodrilo.

Camiones multiusos

Además del transporte de mercancías, los camiones sudafricanos son protagonistas a la hora de llevar a cabo los populares safaris en grupo entre las innumerables y extraordinarias áreas naturales que alberga el país.

Su mayor resistencia y sus cualidades off-road los convierten en la elección ideal para ello. En estos casos, se trata de unidades acondicionadas que, en la zona de carga, están dotados de hileras de asientos al estilo de lo que cabría esperar, por ejemplo, en un autocar.

Camiones en Sudáfrica

Este tipo de camiones recorren el país para poder visitar la infinidad de parques nacionales y de reservas donde es posible disfrutar de la naturaleza en su estado más salvaje. Con un poco de suerte, durante los trayectos podemos ir encontrándonos en total libertad a los conocidos Big Five (elefante, búfalo, leopardo, rinoceronte y león), entre otra mucha fauna.

El parque nacional más afamado del país es el de Kruger, a poca distancia de la región maderera comentada anteriormente. Está compuesto por nada menos que dos millones de hectáreas de reserva natural que pueden explorarse libremente, tanto por la red de carreteras que lo atraviesa como por su infinidad de pistas de tierra.

Al salir de Kruger por Malelane Gate, acceso situado en el extremo sur, y entrar en la carretera N4 en dirección Nelspruit, la presencia de camiones suele ser muy elevada. Las vastas plantaciones de caña de azúcar que se extienden en esta zona son uno de los principales motivos.

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Las cajas de los camiones empleados para este tipo de transporte son abiertas para facilitar el proceso de carga. No obstante, dado que suelen llenarse por encima de su volumen máximo, es habitual que una parte de la carga se vaya perdiendo por el camino.

Además del transporte de caña de azúcar, justo aquí se encuentra un importante cruce de caminos que une Sudáfrica con dos de sus estados limítrofes; Suazilandia, al sur, y Mozambique, al este. Ello hace que esta área se encuentre bastante frecuentada por camioneros que cubren las rutas entre el motor de África y algunos de sus países vecinos.

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