“Antes me levantaba a las 7 para ir a trabajar al súper y salía enfadada de casa. Ahora hay días que me suena el despertador a las 2 de la madrugada y no me quejo, me visto y salgo contenta a por el camión. Sí, me gusta mi trabajo de verdad. Me da una especie de libertad sin la que ya no sabría vivir”.
Con tan contagioso entusiasmo hemos querido comenzar este reportaje, porque siempre, y en estos tiempos convulsos aún más, de una felicidad así se extrae mucho oxígeno con el que vivificarnos.
Con la cántabra María Eugenia Quintanal, Mauge para esos amigos entre los que ya nos contamos, quedamos en una de las terminales del puerto de Bilbao donde carga habitualmente.
Es una preciosa mañana primaveral y, por suerte, no nos ha hecho levantar a una de esas horas intempestivas en las que ella amanece en Tanos (localidad perteneciente al municipio cántabro de Torrelavega).


Cuando nos encontramos en el aparcamiento de CLH (Compañía Logística de Hidrocarburos), la antigua Campsa, se nota que los primeros rayos del sol ya han penetrado en el rostro de esta joven treintañera, porque su sonrisa y gestualidad están tan iluminadas como las de (imaginamos) aquella chiquilla que con los niños del barrio jugaba al pille, el escondite o el marro.
Mientras, veía a su padre Julián enfilarse al camión para trabajar en el monte, o donde hiciera falta, dejando a su madre Conchi al cuidado de la extensa prole y la ganadería familiar.

Mauge ayudaba en las faenas de casa desde que peinaba trencitas, pero ya emanaba desde bien pequeña radiaciones camioneras.
“Cuando era ya una jovencita y dije en casa que me sacaba los carnets, en casa no gustó nada la idea, sobre todo a mi padre. ¿Cómo no? -nos explica una comprensiva Mauge-.
Un padre siempre quiere lo mejor para sus hijos, y a esas alturas de su vida él bien sabía que este oficio era duro y peligroso. No obstante, al final me puse en ello, y sé que con el tiempo mis padres están orgullosos de mí, y yo de ellos.





Me cuesta mostrar mis sentimientos y más aún dar besos, pero les quiero muchísimo por todo lo que siempre han dado por mí, y no me perdonaría que algo así no quedara bien claro si en verdad creéis que soy merecedora de un reportaje como éste”.
Por supuesto que la tenía. Mauge se acuerda a diario de las palabras de su padre, pero considera que el suyo es ya un camino sin retorno, pues en el camión se siente a gusto y realizada.
Trabaja para Transportes Martiño (en Guarnizo, El Astillero) desde hace muchos años llevando una cisterna, con la que abastece de combustible a gasolineras de marca y otros clientes fijos de Cantabria, Vizcaya e incluso Asturias.
Cuando le preguntamos por su día a día, lo primero que hace Mauge es clavarnos su sempiterna sonrisa. “Con mi jefe Germán Bolado ya son muchos años juntos, no me controla más de la cuenta y nos caemos bien, aunque no me corto a veces en decirle que me vuelve loca con el teléfono. Eso -nos precisa- es sin duda lo que peor llevo de mi trabajo.



Cargas en el puerto y no tengo un orden establecido de descarga, con lo que el teléfono no deja de sonar.
Las horas de mis jornadas se escriben siempre con dos dígitos, y así – sonríe una pizpireta y risueña Mauge- es difícil no echar unos kilitos de más, o planificarte para ir al médico o a la peluquería”.
El Iveco Stralis 450 que protagoniza nuestro reportaje lleva una cuba con cinco distintos compartimentos, de diferentes capacidades, y separados por una mampara.
Los productos que contiene cada depósito no se pueden mezclar, y hay bocas para cargar tanto en la parte de arriba como en la de abajo. Mauge sólo usa las de abajo, acoplando una gran manguera a las mismas y programando la carga o descarga a través de un ordenador.
Antes de eso, no obstante, esta mujer ya ha purgado previamente la cisterna tras comprobar que está vacía, conectado el esculy, la manguera de gases, así como entre una y tres mangueras de carga.
“El ADR, que es el carnet de mercancías peligrosas, tengo que renovarlo cada cinco años. Para el reciclaje tenemos que ir un fin de semana completo a la autoescuela, así que ya veis qué gracia, después de trabajar 40.000 horas, pasarte todo el fin de semana allí”.
Trabajar entre hombres
Al haberse criado entre cuatro hermanos varones y un padre, Mauge confiesa haber adquirido muchas picardías y estar acostumbrada a lidiar con sus congéneres del sexo opuesto.
“Algunos compañeros te miran por encima del hombro, pero eso no me importa, pues no nos tenemos por qué caer todos bien.
Yo no me asusto por alguna expresión picante que me hagan por la emisora, y hasta me pueden gustar si se hacen con cierta gracia, pero sí, claro que me he encontrado con comentarios desagradables, como que “si tienes el camión así, como tendrás la casa” o “un hombre sabe lo que le tiene que hacer a una mujer”.
«No obstante, a esos -y aquí es donde nuestra camionera saca su carácter-, que luego los tienes delante y no son capaces ni de mirarte a los ojos, yo no les llamo machistas, sino directamente tontos; y tontos los hay en este oficio y en cualquiera.
Es más, yo siempre he dicho a todo el mundo que me encuentro más a gusto trabajando con hombres… no sé, tengo más química con ellos.
Vosotros -mi compañero Francisco y yo afilamos la oreja por lo que nos pueda caer- tal vez sois, para lo bueno y lo malo, más cándidos y llanos, pero al menos en lo que yo me he encontrado en esta vida, los hombres, cuando hacéis daño, suele ser sin querer, pero en nosotras, si eso pasa, suele haber más premeditación”.
Al margen de disertaciones interiores de las que, al menos, siempre invitan a la reflexión, seguimos acompañando a Mauge en su dilatada jornada y apuntando recuerdos suyos, de esos que ya se van acumulando a pesar de su corta edad, como cuando se desbordó el río Cares en un viaje a Cabrales y estuvo a punto de ser arrastrado su camión por el agua, o cuando se quedó trincada una rueda de la cisterna que, al final, no llegó a arder.
“No tengo ningún reparo en reconocer que en ocasiones así me cayeron muchas lágrimas, pero nunca he dejado de sentir que esta profesión ya va a ser la mía para toda la vida.
No tengo fines de semana y creo que no estoy lo pagada que quisiera para las horas que le meto, aunque en el sector de las cisternas todo está más o menos por el estilo, pero no lo puedo evitar, conducir un camión me gusta muchísimo.
¿Que si me gustaría ser madre?, pues no lo sé… yo creo que sí, y mi jefe dice cómplicemente que me pondría un maxicosi en la cabina, pero mi pareja, que es mecánico, está ahora en paro, así que no sabe una cuándo puede ser el mejor momento para algo tan trascendental en la vida de cualquiera”.
Finalmente, y por obvio que pueda parecer, uno es persona antes que todo lo demás, así que las cavilaciones de nuestros semejantes siempre van por senderos similares, con nuestras pequeñas dudas existenciales en común y el deseo siempre presente de pasar más tiempo con los tuyos.
“Me encantan las reuniones que hacemos en casa de mis padres, y por cierto, que lo de reina no es porque yo me crea más que nadie, sino que es porque así es como me hace sentir la gente que me rodea, entre la que se cuenta la de esta hermosa profesión”… y entre la que, Mauge, ya puedes sumar también a tus amigos de Solo Camión, así que te agradeceremos siempre el que nos tengas informados de ti.



