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2ª Concentración de Clásicos de El Bierzo

Si quieres ver las imágenes de esta concentración, haz clic en Clásicos de El Bierzo.

 

Clásicos en El Bierzo

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El Bierzo es una comarca en la que, una vez se ha estado, quedas marcado para siempre. Un claro ejemplo de esta sensación, entre todos los bucólicos rincones de la comarca, lo constituye la contemplación de las minas áureas, a cielo abierto, de Las Médulas, declaradas Patrimonio de la Humanidad, a la par que presagio de tiempos venideros. Desde mediados del siglo Clásicos en El Bierzopasado, la hoy capital de comarca, Ponferrada, es una de las poblaciones más florecientes del territorio nacional, gracias fundamentalmente a las minas de la extinta MSP (Minero Siderúrgica de Ponferrada), que alimentaba a aquella central térmica de Endesa, hoy convertida en el Museo Nacional de la Energía.

Es precisamente en aquella Endesa donde uno de los principales artífices de esta concentración echó, en clave laboral, los dientes. Hablamos de Rogelio Cerezales, un ponferradino al que, junto a su célebre Bierzobús, ya hemos dedicado algunas páginas en Solo Camión. Él es uno de los guardianes más celebérrimos de la historia de la marca Pegaso, así como de parte de aquella “New Wave” (‘Nueva Ola’) minera.

Porciones de historia

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Por segundo año consecutivo, y coincidiendo con las fiestas patronales de La Virgen de La Encina, Ponferrada acogió a los amigos del Motor Club Clásicos del Bierzo, preparados con sus mejores galas. El ya citado Rogelio nos citó el domingo a Clásicos en El Bierzouna hora “prudencialmente temprana”, en la plaza del albergue del Peregrino, a la que puntualmente asistimos. Allí, en un enclave que la noche anterior había vivido la algarabía de sus fiestas patronales, estaba él, alineando su precioso Pegaso 1183, de 260 CV, versión bomberos, y, cómo no, su Bierzobús. “Este año creo que va a salir todo bien”, nos dice con alivio un Rogelio que aún recuerda la persistente lluvia que deslució la concentración del año anterior.

Los camiones, Pegaso mayoritariamente, van llegando a pinceladas. Uno de los primeros es el inmaculado Comet 1091, año 1977, del coruñés Francisco Varela. Dicho Pegaso llegó por su propio pie desde su tierra y, lo que no es menos sorprendente, todavía está en servicio, si no a diario, sí cuando la ocasión lo merece. “Este camión lleva toda la vida con nosotros –dice Francisco con un orgullo que calaba en los huesos de este servidor–. Lo compró mi padre, y aquí sigue con nosotros. Tiene unos 135.000 kilómetros y de motor no se le ha tenido que hacer nada”.

Elegancia abanderada

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Siguen llegando más camiones, como el Pegaso 5063DR capitoné, de Desguaces Abril, del que, al margen de su elegante porte, destaca un tapizado interior de cuero acolchado en la caja integrada.

Clásicos en El BierzoTambién con la elegancia por bandera, sobresale la aportación al evento de Aureliano y Alberto Martínez, padre e hijo, más conocidos como “Los Sotorríos”. Tres piezas de pura orfebrería fueron las que estos coruñeses dejaron como su tarjeta de visita: un Ebro serie B de morro largo, que prestaba servicio hasta no hace mucho en Chocolates La Mina; la espectacular camioneta Chevrolet Apache, de 1953; y destacando por encima de todas, una auténtica unidad histórica, como es el primigenio Citroën C6, de 1931, en perfecto estado de revista. Esta particular comitiva evocaba irremediablemente a un viajero en el tiempo interior.

La gente se arremolina, curiosa, sobre otras joyas que van llegando, como el Pegaso Cabezón 6×4 de los célebres Hermanos Sánchez, con una grúa instalada por la oscense Grúas Luna, y que antes poseía un volquete que sacaba la ceniza del carbón quemado, en la extinta central térmica de esta localidad leonesa. “Ni te imaginas la de horas que echábamos en el torno”, comenta un afable Virginio Sánchez, hermano mediano de esta popular familia. Y es que, para quien no lo sepa, dicha familia fabricaba en tiempos sus propias grúas, usando grandes cantidades de ingenio y dando fruto a auténticos y capaces híbridos, pues convalidaban piezas (y si no era el caso, las hacían convalidar) de procedencia más que variopinta, como una corona giratoria dentada montada en una de sus grúas y procedente de un cañón del Ejército.

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Por la puerta grande

Poco antes de que las autoridades oficializaran el acto que precedía al ansiado desfile, dos Peterbilt 379 hacían acto de presencia: el del leonés Marcial Fabero y el de Luis Cabo. Procedentes del otro lado del charco, dispensaban ese infalible y vital toque yanqui, siempre bienvenido en una fiesta con estos bríos.

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Clásicos en El BierzoEl activo Rogelio dio el pistoletazo de salida a un desfile, cuyo recorrido por la capital de la comarca fue toda una delicia. “It´s a car parade! (‘¡Es un desfile de vehiculos!’)”, soltó con sorpresa un hombre con toda la pinta de ser norteamericano. El paso de los camiones por el castillo templario, al son de los golpes de gas para ejecutar, sin rascadas, el doble embrague, era lo más parecido a escuchar una pieza de Rock tocada con una buena Gibson Les Paul del 59.

Acabado el recorrido, los camiones se van alineando de nuevo. Al ser Pegaso la mayoría de ellos, es un deleite prestar oído al peculiar sonido de los frenos de mano accionados casi al unísono, todo un rabioso aspaviento que asegura a la máquina en su enclave, que conforma una extasiante sinfonía.

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El Lorenzo luce con brío y los gaznates se resecan. Dejando las máquinas aparcadas, la procesión se dirige al Mesón de Luisi. Clásicos en El BierzoTras el aperitivo de rigor, la propia Luisi, que da nombre al mesón, se presta a sacar los platos de la cocina, para apacigüe de sus comensales. El extenso ágape es del agrado de los allí presentes, que departen mayoritariamente de batallas pretéritas, y no tan pretéritas, de nuestro oficio.

En el momento en que el astro rey comienza a entrar en su hora baja, va llegando el momento de que servidor recoja sus bártulos y ponga rumbo a otro destino. Después de la gran cordialidad percibida, tiene uno la sensación de salir por la puerta grande. Auguramos gran futuro a esta concentración, futuro en el que Solo Camión siempre va a estar. Hermandad y camaradería se dieron la mano, a resultas de una muy buena onda: la onda berciana.

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