El mañana y el ayer, o lo que es lo mismo, mantener siempre ligada a una metodología innovadora los principios de siempre, es lo que ha llevado a Transportes Rafali a superar con nota todas la evaluaciones que el paso del tiempo les ha ido poniendo.
El día en el que vamos a visitar al joven Rafael Calvo, cuarta generación de un patronímico amarrado a la historia del transporte leonés, éste nos anuncia que acaban de incorporarse a la flota 9 Mercedes nuevos, a la espera de sumar bien pronto unos cuantos más.
Si le pudiera ver y escuchar ahora su abuelo, que empezó con un contumaz Barreiros Saeta 4220, sentiría un orgullo tremendo. A caballo de aquel antepasado y este joven que hoy nos habla, aún opera con pulso firme el padre de este último, que con 70 años se siente en el mismísimo edén de los camioneros, haciendo una ruta diaria con paquetería a Ponferrada.


“Aquí estoy – nos dice – en un Mercedes que no me lo acabo, con cámaras en lugar de retrovisores. No es que esté muy satisfecho con el plan de jubilación activa al que estoy adscrito, pues me pagan el 50% de la jubilación, al tiempo que trabajo y cotizo a la Seguridad Social. Pero el caso es que, como te retienen poco, cuando vas a hacer la Declaración de la Renta te dan un palo.
En fin… que todo lo malo sea eso. Sigo trabajando en lo que me gusta, que es conducir un camión moderno, siempre al amparo de mi hijo y pudiendo estar en casa a primera hora de la tarde”.



Rafali Transportes, 1993
El joven de 46 años que hoy mantiene el músculo de Trasportes Rafali entró en la empresa en el año 2000, dándole a la misma un vuelco espectacular. “Mi padre, junto a un hermano suyo, había trabajado como autónomo en la cooperativa Transleón, donde hacían sobre todo Internacional, hasta que en 1993 se constituyó como SL, bajo el nombre de Transportes Rafali, que es el acrónimo de Rafael y Alicia, los nombres de mis padres”.

Cuando con el cambio de milenio entraron las melenas de Rafael hijo por la puerta de la empresa, aún resultaba insalvable el escollo de hacerse con las tarjetas de transporte, así que ejerciendo como autónomo con su camión fue metiéndole más y más pila a la compañía, hasta llegar a hacerse con una docena de unidades, e ir combinando paulatinamente la conducción con la gestión de una firma que, a día de hoy, es un referente de peso en sectores como la alimentación y la automoción de esta parte de España, con 42 tractoras y más de una cincuentena de remolques de lona y frigo.



Cuando Rafael era un pequeñajo entusiasmado con que llegara cada primero de mes para adquirir sus SOLO CAMIÓN y TM (“Mi madre sólo me daba dinero para una revista, pero yo me buscaba la vida para comprar la otra”), difícilmente imaginaba que en un futuro estaría al frente de una empresa como Rafali.


«Siempre he sido un enamorado del camión. ¡Madre mía, si yo hubiera tenido algo como lo que hoy tenemos cuando era un chiquillo!. No me hubieran visto el pelo por el cole – ríe nuestro afable protagonista, al que con media mañana nos basta para saber que una sonrisa tampoco se le saca así como así -.



Ahora soy más templado que cuando tenía la edad de mis hijos, Rafael y Leo, porque tengo claro que para mantener un crecimiento sostenido no te has de meter en líos y asegurar a cada cliente un trato exquisito y único. No somos, ni queremos ser, una agencia de transportes que capta muchos clientes, sin saber si luego los va a poder atender con solvencia.
Que todos los camiones sean nuestros – concluye el leonés – nos da un margen idóneo para articular tácticas, riesgos y maniobras, con un día a día plenamente garantizado”.

La plantilla de Rafali está constituida por personas que, en algunos casos, superan los 20 años de estancia en la empresa. “Que nuestros chóferes estén contentos – afirma Rafael – es prioridad absoluta. Muchos de los que acarrean componentes de automoción desde el País Vasco hasta lugares de España y Francia pueden dormir en su casa, pues tenemos parcelas en Lasarte (Guipúzcoa) y Miranda de Ebro (Burgos)«.
El máximo responsable de Transportes Rafali es un todo terreno de la empresa, que comparte labores con tres operarios más en las oficinas, al tiempo que lleva algún remolque aquí y allá, o mueve un camión para que alguno de sus hombres pueda cumplir con sus descansos.

En las treguas que sus atribuciones le conceden, dos antiguos Barreiros están siendo restaurados por él mismo y uno de sus compañeros de trabajo.
Esta es otra de las maneras en las que nuestro protagonista enhebra pasado y futuro con virtud y coherencia.



