De los dos camiones con los que Transmarfil comenzó su andadura profesional, allá en 1996, se ha pasado a una flota propia de 45 vehículos (principalmente Volvo y algunos Scania), más 25 autónomos y una plantilla que ronda el centenar de personas.
La compañía ha crecido poco a poco y sigue haciéndolo, con un objetivo siempre en la cabeza: convertirse en un valor añadido para sus clientes. Jesús Marfil es hoy el administrador de esta mediana empresa malagueña. Tanto él –administrador– como su hermano Antonio –gerente– viven con un
pinganillo en la oreja y recibiendo constantes llamadas de teléfono.
Cuadrar viajes es complicado y organizar a diario una flota conjunta de 70 camiones y 65 remolques frigoríficos rumbo a Europa y el resto de España, una tarea de locos. “La rama del grupaje es muy complicada y no todo el mundo lo sabe hacer bien –explica Jesús–. Piensa que tienes muchos almacenes donde recoger y donde distribuir, palets que tienes que llevar a Francia, por ejemplo, recogerlos a una hora determinada y entregarlos a otra. Nosotros estamos en 16 horas máximas de media hasta Perpiñán, que es el primer mercado de subida, y 28 hasta Bélgica. Créeme que es complicado”.
En su actividad de operador logístico y expertos en grupaje, Transmarfil necesita de unas instalaciones de respaldo lo suficientemente grandes. Por eso, desde 2008 cuentan en su sede de Vélez-Málaga con una superficie de 27.000 m2 con 1.000 m2 de cámaras con temperatura controlada para la gestión y el grupaje de los palets, con ocho muelles de carga y descarga, además de un parking para todos los vehículos, taller propio de 500 m2 para la reparación y mantenimiento de la flota y una oficina central desde donde se gestiona la empresa.
En el equipo de Administración, además de los hermanos Jesús y Antonio, está también su hermana Yolanda, jefa de Administración; Mª José, responsable de Contabilidad; Salvador y Javier, jefes de Tráfico de exportación e importación, y Marina, encargada del control y el seguimiento de los conductores.
La actividad se centra en la recogida de fruta tropical en Málaga y Granada —principalmente aguacate y mango, más níspero, chrimoya y algo de verdura—, tanto en carga completa como por medio de grupaje, para entregar en cualquier punto de España o Europa en 24 y 48 horas, respectivamente.
Los productos se almacenan y controlan en las cámaras de sus instalaciones y de allí se distribuyen rumbo norte. La empresa dispone de servicios de rutas diarias a Barcelona y Perpiñán en 24 horas y a Centro Europa en 48 horas. con sistema de conducción “non stop” de doble chófer. “De bajada traemos, sobre todo, recambios de automoción y paquetería”, añade Jesús.
Hace poco, la empresa recibió ocho nuevos Scania que ya están surcando el asfalto europeo. El ritmo no cesa y Transmarfil se adapta a las necesidades de los clientes; porque estos, en definitiva, son los que moldean la actividad diaria. Antonio Marfil tuvo la clarividencia necesaria en los 90 para entender que en el negocio del transporte no todo era sacar el camión y hacer viajes, sino que había que adaptarse a la clientela y empezar a ofrecer logística.
En un principio, sus hijos no lo vieron claro, pero el tiempo les ha enseñado que Antonio estaba en lo cierto.
“Para nosotros fue un visionario –asegura Jesús–. Mi padre era una persona muy inteligente, que veía el transporte de otra manera, desde otro punto de vista. Ahora todo el mundo sabe hacer de todo, pero en su momento, el transporte era diferente. Tú tenías un camión y te dedicabas exclusivamente a transportar, y ya está. Él, sin embargo, quiso ir más allá: hizo un aparcamiento grande, cámaras frigoríficas para empezar a hacer distribución con un camión entero o parte de una caja, etcétera”.
Antonio apostó por una idea. Y le salió bien. Aunque en aquel momento nadie lo veía claro. “Para nosotros fue difícil asumir esos cambios. En 2001 hacer grupaje era muy complicado, muchas rutas abiertas, y no lo veíamos claro porque en esa época había actividades en el transporte mucho más fáciles de hacer –asegura Jesús–. Él decía constantemente ‘logística, logística, logística’ y arriesgó por esa idea. Aprendimos muchísimo de mi padre”.
Para Antonio, lo primordial siempre fue ofrecer el máximo número de soluciones a los clientes, más allá de hacer o no viajes. Obviamente, eso implica que en ocasiones se pierda dinero, pero es un mal menor. “Al principio no contemplábamos este negocio precisamente porque palmábamos dinero –reconoce el administrador–, incluso mi padre empezó perdiendo dinero. Lo que pasa que solo durante una semana. Luego se enteró bien de cómo funcionaba esto y ya le cogió el hilo”.
El artífice de esta empresa falleció en 2008, pero sus hijos Jesús, Antonio y Yolanda continúan la estela marcada. Los tres trabajan codo con codo en las oficinas de la sede de Vélez-Málaga, hasta donde se acerca habitualmente Antonia, la madre.
Juntos han visto crecer todo esto, y contemplar ahora toda la actividad diaria de camiones, trasiego de mercancías, e ir y venir de chóferes es un motivo de orgullo para la familia. “A menudo es complicado –reconoce Jesús entre suspiros–. Son casi 100 nóminas al mes. Pero no nos quejamos. Hacemos lo que nos gusta, gracias a Dios”.
En el interior de las oficinas parece que Antonio, desde su retrato, sigue controlando la actividad del negocio. Más de una vez le echan una mirada como quien busca aprobación. El padre está muy presente. Tanto. que cuando llegan vehículos nuevos a la flota –explica Jesús– es costumbre que primero pasen por el cementerio de Benajarafe, “donde el patrón les da su bendición. Ya sabes”.














