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Transmape, transporte de juguetes

Son poco más de las 12 del mediodía y en el muelle de carga del almacén de Injusa, en Ibi (Alicante), varios trailers aguardan a que la carga esté completa. Dos operarios manejan los toros arriba y abajo, apilando con destreza decenas de palés repletos de cajas de cartón: motos, tractores, camiones, coches… vehículos de todo tipo destinados a hacer las delicias de niños y niñas.

Empezaron a fabricar camionetas de madera y metal allá en los años 40 del siglo XX, y aquí siguen; sólo que ahora las técnicas de fabricación y los materiales han cambiado. Y la logística.

transmape transporte juguetesUno de los tráilers apostados junto al muro pertenece a Transmape. Esta empresa, nacida y desarrollada en Ibi, está especializada en el transporte de juguetería, tanto nacional como internacional.

César es el chófer, además de hijo de uno de los fundadores. Hoy le toca cargar la mitad del tráiler con motos de plástico, y por la tarde, rumbo al norte. «La actividad ha bajado bastante», reconoce el chófer. «Hasta hace unos años, por aquí circulaban cientos de camiones cada día durante la campaña de Navidad».

Ahora, entre la crisis y la competencia feroz de los fabricantes chinos, el sector no tiene más remedio que apretar los dientes y capear el temporal como mejor se pueda. «No hay otra», dice César con media sonrisa desde la ventanilla de su Scania R480. En el Restaurante L’Alfaç, a escasos 100 metros de allí, nos lo confirman Ana y Pedro, los dueños del establecimiento. El negocio sigue, pero el movimiento ya no es como el de antes.

En el interior de la fábrica, no obstante, la línea de producción sigue su ritmo monótono, incansable, supervisada por media docena de operarios que ensamblan piezas, cortan componentes y comprueban que cada elemento cumpla con los requisitos.

Como un rompecabezas

César se despide. Pese a trabajar a contrarreloj, no parece estresado. O al menos no tanto como sus compañeros de la oficina central, Cristóbal Granero y Pedro Reche -este último, hermano mayor de César-, jefe de flota y gerente de Transmape.

En el despacho principal, amueblado con dos grandes mesas, una para cada Transmapeuno, frente a frente, Cristóbal y Pedro se las ingenian a diario para cuadrar cargas y cerrar viajes. La actividad es frenética. Cuentan con 14 camiones, 14 chóferes y rutas nacionales e internacionales.

Un mapa de carreteras de España preside la sala, y damos fe de que no es un mero elemento decorativo.

Mientras el primero se pasea arriba y abajo con el móvil pegado a la oreja y anotando horarios y clientes, el segundo echa un rápido vistazo a la pantalla de su ordenador, entrecierra los ojos, como buscando la información que necesita en ese momento, anota algo en la libreta y agarra el auricular del teléfono fijo y marca las directrices: «¡Espera! ¡Mete cuatro palés y luego te vas para Tarragona!».

Cuando aún no ha terminado la frase suena su móvil: un chófer tiene problemas para cargar en Francia. Pedro suspira, un nuevo vistazo a la pantalla y un nuevo mensaje: «Te llamo en dos minutos».

transporte juguetes transmapePor la actividad que se respira en la oficina, nadie diría que el negocio del transporte de juguetes esté pasando un momento delicado. Transmape cuenta con una flota de 14 vehículos y ninguno de ellos está ahora en la sede central, sólo un antiguo Volvo que se usa como comodín, para trayectos cortos.

El resto, en ruta. «Hacemos toda España, y en Europa vamos desde Portugal hasta Italia, pasando por Inglaterra, Holanda, Alemania y Francia», nos cuenta Pedro.

«Casi todos los camiones son Scania, pero tenemos también MAN -dos TGX 440 comprados hace un par de años-, Volvo y Renault. Precisamente, el modelo más antiguo es un Renault DG 290, que usamos para viajes cortos».

Las rutas de largo recorrido están reservadas para los pesos pesados, pero para hacer envíos cercanos (Valencia, Murcia y Albacete) cuentan con una pequeña flota formada por un Volvo FL6 12, un MAN 224 LC y un DG 290.

Gran parte de los problemas que surgen en la oficina tienen que ver con las cargas de bajada. De subida, el material de juguetería de Ibi y el resto de la comarca garantiza la rentabilidad del trayecto. «Trabajamos para empresas grandes como Injusa o Famosa. También cargamos en la fábrica de Playmobil, en Onil, y subimos piezas a su sede central, en Nüremberg (Alemania), que también nos proporciona carga de retorno.

Pero a veces hay que bajar Transmapeotras mercancías». El retorno supone, a menudo, un quebradero de cabeza, y el puzzle suele resolverse con viajes de bajada con cargas de leche, cerveza, madera y hierro para industria.

Por la puerta de la oficina aparecen tres señores. Se llaman Ángel, Miguel y Emiliano. Están jubilados desde hace unos años, pero no pierden la costumbre de pasar a ver qué tal funciona el negocio.

Algo de esto saben: hace algunos años juntos fundaron Transmape. Ángel es el padre de Pedro, y Emiliano, el de Cristóbal. Todo queda en casa. De padres a hijos se ha ido heredando, por una parte, el gusto por los camiones y el sacrificio que suponen, y, por otra, la manera de gestionar la empresa.

La dedicación de los vástagos es, como mínimo, similar a la que en su época demostraron los fundadores. Las dificultades a las que tuvieron que enfrentarse los veteranos durante su andadura al frente de la compañía no fueron pocas -incluido un incendio que devastó las instalaciones y la flota de camiones-, pero los jóvenes tampoco se han encontrado con una alfombra roja.

transmape transporte juguetesJuntos charlan en la oficina. Bromean y se vacilan unos a otros. «Desde pequeños, tanto Cristóbal como mi hermano y yo hemos hecho viajes con nuestros padres», cuenta Pedro.

«Viajes a Villena en el camión para cargar juguetes en los vagones del tren… los hijos esclavizados y ¡no nos pagaban nada!».

El trío de jubilados ríe y les invitan a seguir trabajando y quejarse menos. «No sabéis lo que es sufrir», contesta Emiliano. Chanzas y puyas. Unos contra otros. En definitiva, una familia feliz.

A media tarde, los teléfonos parecen dar un respiro a los gerentes. Los chóferes ya tienen su plan de ruta y, salvo cambios de última hora, la jornada está bastante encauzada. Cristóbal y Pedro siguen sentados en sus sillas, frente a frente, terminando de cuadrar cargas, repasando números.

Entre los montones de papeles que se apilan en las mesas hay un dato que no encontrarán jamás, por muchas horas que dediquen a su trabajo: el número de sonrisas que generan al año los juguetes que transportan sus tráilers.