Miguel García es una de esas personas que vive para que tales valores representen la piedra angular del respeto por los demás y por uno mismo, y de ahí le viene su gran cantidad de amigos, a los que mima con la sutileza de un orfebre.
De muchos de ellos hablaremos en este reportaje, pero lo que nos ha traído hasta estas páginas, aupados a su cambio de bola de 8 velocidades, es un Pegaso que luce tipo por tierras andaluzas.



Desde hace 18 años trabaja en Acaíñas Cabrera, empresa con sede en Pozoblanco, que además de dedicarse a la venta de materiales de construcción, orienta también parte de su actividad al transporte de gran tonelaje, con una veintena tauliner, pisos móviles, caja de laterales bajos y algunas unidades semitauliner, entre las que se cuenta el Volvo FH que conduce Miguel.






“Pasé más penas que para echar los dientes –nos suelta con su indómita gracia andaluza–, pero lopude traer finalmente a Córdoba, lo que demuestra que algo aún más importante que andar rápido o lento es no parar nunca”.
Miguel García tiene una relación particularmente intensa con Juan Pérez Luque, dueño del Pegaso Super Comet que hace pocos meses nos hablaba en Solo Camión de su trayectoria profesional, al tiempo que daba a conocer su proyecto de dar la vuelta a España recaudando fondos económicos para la AECC (Asociación Española Contra el Cáncer).

“Nunca podré olvidar lo que Juanito y su familia han hecho por mí. En el seguro del camión –afirma– lo tengo como segundo conductor. Todo lo que le he hecho al camión, desde las luces hasta el tubo de escape nuevo, los tapacubos de Pegaso o los tapizados, ha sido hablado entre los dos.

Miguel aprovecha un almuerzo en familia, un paseo entre amigos o una concentración de clásicos para sacar a pasear su obra de arte. José María y Gabriel, sus dos gemelos de 6 años, sonlos primeros en disfrutarlo como locos. “Pon la discoteca, papá”, le dicen para que encienda las luces del interior de la cabina.
La amabilidad del Cangrejo también le ha traído algún disgusto, que contado tiempo después se torna parecido a las escenas de alguna película de Charlot. “Un día me pidió uno subir al camión.




