Esta pareja es de mirada firme y delicada, como de tener las largas siempre puestas.
Lo que tienen de grandes, lo tienen de atentos y sencillos. Si no discutieran alguna vez, parecería como si se escondieran algo, pero la opinión más relevante para cualquiera de los dos, y eso que nadie lo dude, es siempre la que tenga el otro.
En sus camiones, también grandes, también modelos gemelos, la decoración escogida es de trazo finamente sobrio, pero resulta muy enérgica e inalterable al paso del tiempo.

Se advierte un romance entre camión y camión, aunque sus edades son bien distintas. El R580 de José Mari (el blanco) es de 2018, mientras que el de Raimundo tiene ya más de diez años, así que, como manda la cortesía entre jóvenes y veteranos, empezaremos hablando de este último.
El vehículo que conduce Ray tiene ya millón y medio de kilómetros, pero su dueño alberga la firme intención de hacerle un millón más. Sus constantes motrices están en perfecto estado. El bello granate le fue aplicado en un taller de Zaragoza. Las llantas y la barra de los depósitos en negro llaman mucho la atención, aunque lo que más destaca es la réplica de un as de picas en color gris, naipe que en la baraja de póker se asocia a la carta de más valor y que, según quien lo enarbole, puede representar buena suerte, prosperidad, audacia o tenacidad.

También, cómo no, llama a la buena fortuna en el juego, aunque Raimundo se declara nada amante del mismo. Tener trabajo y disfrutarlo a diario es su forma de cantar bingo en cada amanecer.
La visera Scania en el frontal y el cartel luminoso con la leyenda Vicky & Ray aportan una elegancia que, al caer la tarde, se ve refrendada por sus luces de doble quemador y unas barras led bajo el cartel y en el soporte de la matrícula. El estilo holandés lo completan un interior en tapizado armario, así como las luces led bajo los depósitos y en el parachoques trasero.
El honor de tener sus nombres impresos en el frontal de ambos vehículos corresponde a sus padres. “En muchos lugares se dirigen a nosotros como Vicky y Ray –nos cuenta un sonriente José Mari–, y no los corregimos, porque para nosotros no puede haber mayor orgullo que el que nos llamen así. También tenemos ambos aerografiados los nombres de Oier y Julen, nuestros sobrinos, porque nos sentimos muy unidos a ellos y a David, nuestro hermano mayor. Nosotros –de la sonrisa se pasa a la risa–, de momento seguimos solteros”.
El vehículo de José Mari está casi recién comprado. Este R580 Stremline también se mantiene fiel al «Holland Style”. Puesto a punto en este caso en la alicantina Talleres Jaula, partes de su frontal, al igual que de las escalerillas, llantas y visera, están decoradas en un azul intenso, igual al de los boomerangs perfilados en la parte superior de los laterales y sendos rombos, algo más abajo.
Misma empresa
Los cubredepósitos, con sus respectivos pilotos led, llevan impresos a ambos lados la máxima “When the logic ends the madness begins” (cuando la lógica termina, la locura comienza). Pura declaración de principios. Tras los alerones, seis luces rojas aseguran un seguro lucimiento nocturno.
En el interior, para el que José Mari acudió a otro taller especializado, también presiden los colores blanco y azul en un capitoné donde se integra la tele, así como diversos focos y altavoces. “Estuve hasta tres meses haciendo ruta con la cabina medio desmontada por dentro, con lo que a mí me gusta el orden –afirma el navarro–. Para las cosas importantes hay que tener paciencia”.
Raimundo fue el primero, hace unos 17 años, en comprarse un Scania 420, aprovechando la oportunidad que le ofrecía la empresa para la que era chófer. Su hermano, que trabajaba entonces con bañeras, dúmper y hormigoneras, se fue de conductor con él para hacer internacional. “Fueron un par de años –es ahora Raimundo quien habla– recorriendo juntos Inglaterra, Escocia, Alemania… hasta que José Mari se decidió por comprar un Scania 480 V8 nuevo. Hemos trabajado para muchas empresas, desde Ollorquiegui hasta la actual Schnellecke, pero siempre con camión y remolque propio”.

“De chófer con un camión que no fuera mío –concluye ahora José Mari–, ahora me resultaría difícil currar. Trabajo hay. Dinero, poco; pero coges vacaciones a tu medida, paras si sale alguna urgencia y, como podéis ver, pones el camión a tu gusto y capricho”.







