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Las autopistas del mar de Grimaldi, soltando amarras

Desde la antigüedad, mercaderes y navegantes han empleado el mar Mediterráneo como vía fundamental para el desarrollo de sus actividades comerciales.

Compraventa de productos manufacturados o de materias primas, en las que las operaciones de carga y descarga de las mercancías se fueron sofisticando con el devenir de los siglos.

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Autopistas del Mar Grimaldi

Esa compleja red de intercambios fue llevada a cabo por egipcios, fenicios, griegos o romanos, entre otras civilizaciones, y desde luego fue clave para el desarrollo de estas.

No nos podemos olvidar de que el Mediterráneo, del latín “Mar Medi Terraneum”, que traducimos como ‘el mar en el medio de las tierras’, es el segundo mar interior más grande del mundo, después del Caribe, y que el trasiego de embarcaciones por sus aguas ha sido constante desde tiempos pretéritos.

Subimos en la máquina del tiempo para trasladarnos hasta el siglo XVIII. La Revolución Industrial supuso un despegue técnico y económico con avances tan destacados como el barco de vapor, a mediados del siglo XIX. Ya nada iba a ser como antes.

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Las vías marítimas iban a reducir drásticamente sus tiempos de conexión. Las relaciones comerciales se incrementaron por todo el mundo. Los mercaderes y navegantes de antaño veían ya en pleno siglo XX una mayor rentabilidad en sus negocios.

Autopistas del Mar Grimaldi

Los hermanos Grimaldi entran en escena

A ese desarrollo económico contribuyó sobremanera el grupo naviero italiano Grimaldi, fundado en 1947. Sus actividades en el sector del transporte de mercancías tienen como fecha señalada 1969.

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En este año abren una conexión regular entre Italia e Inglaterra para el traslado de vehículos Fiat al mercado británico.

Su éxito fue tal, que otros fabricantes de automóviles copiaron esta forma de hacer y ahora, 72 años después de su fundación, puede presumir de contar con conexiones marítimas con 130 puertos con una flota de más de 100 barcos, repartidos entre el Mediterráneo, el norte de Europa, África occidental, Norteamérica y Sudamérica, creando lo que ha venido en llamarse las autopistas del mar, con el objetivo de ofrecer a los operadores de transporte y logística una solución rentable y competitiva según los requerimientos que se necesitan en un mercado cada día más globalizado.

Autopistas del Mar Grimaldi

Nosotros hemos querido vivir en primera persona cómo se realiza una de esas rutas, concretamente la que une a diario Barcelona con la italiana Civitavecchia. Para ello nos subimos al Cruise Ausonia de Grimaldi, un buque de 204 metros de eslora que puede dar entrada a 1.800 pasajeros y en su zona de carga a 500 turismos más 2.400 metros lineales en los que caben muchos camiones. Allá vamos.

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Nos movemos a 19 nudos de velocidad por un Mediterráneo azul, manso, calmado… hermoso. Esta será los dos próximos días nuestra particular autopista del mar. Pasaremos 48 horas compartiendo techo con sus protagonistas: los camioneros y también su tripulación.

Nos trasladamos en un viaje de ida y vuelta Barcelona-Civitavecchia-Barcelona. Cuarenta horas de ruta entre ambos trayectos. Más ocho horas (cuatro por viaje) en las que estamos presentes en las operaciones de carga y descarga en los puertos de destino.

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Autopistas del Mar Grimaldi

Allí, los operarios se dan prisa. Aquí cada minuto cuenta. Se deben cumplir los exigentes tiempos de entrega de las mercancías.

A pie de barco, Ángel Pavel, responsable de Grimaldi en la terminal del puerto de Barcelona, nos va poniendo en solfa. “Tenemos cuatro horas para completar la operativa de descarga y carga de los vehículos. Hoy subirán 86 camiones completos, 50 coches nuevos, unos 40 del pasaje y 11 semirremolques que son cargados con la ayuda de tres Mafi, una tractora que arrastra a las plataformas”.

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Todo el personal del puerto ha cumplido con el tiempo estimado. Dentro del buque, las operarios dejan los camiones convenientemente amarrados al suelo con la ayuda de unas cadenas. Aquí, todo tiene que estar bien sujeto en previsión de fuertes oleajes.

Por delante nos quedan veinte horas para llegar a Civitavecchia, el puerto de Roma. Muchas horas, aunque parte del trayecto se realiza de noche. Cenar y a dormir. Alessandra, la comisaria del Cruise Ausonia, gestiona el trabajo de las cien personas que forman la tripulación para que todo esté en perfecto estado de revista.

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El interior del Grimaldi es un fiel reflejo del mar que estamos navegando. El Mediterráneo baña una veintena de países, un crisol de culturas que en el Cruise Ausonia tiene su representación. En cubierta, un grupo de camioneros griegos charla animosamente.

Autopistas del Mar Grimaldi

Muchos vienen de MercaMadrid cargados de pescado hacia su destino: Atenas. El camino será largo, pero con la intermodalidad (camión-barco) es viable. Solamente por carretera, el viaje, además de eterno, sería carísimo.

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En la zona de bar, un grupo de transportistas italianos mira las noticias en una de las televisiones que están repartidas por este espacio. Turcos, chipriotas y, cómo no, españoles también se dejan ver.

Unos pasean café en mano, otros pasan un relajado momento de lectura, otros descansan en el camarote. Muchos dan caladas a sus cigarrillos en cubierta. Hay tiempo para todo.

Autopistas del Mar Grimaldi

La comodidad de ir en un camarote, ducharse, descansar en condiciones. Charlamos con algunos de los camioneros españoles que nos encontramos a bordo y nos destacan las bondades de subirse en las autopistas del mar. “Está claro que sale a cuenta en función de tu destino.

Yo voy al sur de Italia cargado de lechugas. Aparte de que me ahorro un día de conducción de camión, la mercancía llegará un día antes a destino. Estará más fresca”, nos cuenta José Pastor.

Ignacio, Eusebio, Norberto, José María y el propio José coinciden en otros puntos. “Desde luego vas más cómodo. Evitas Francia, que además de ser muy cara es muy peligrosa. En la zona de Montpellier los robos están a la orden del día. La ruta italiana también es dura, con muchos repechos. Y por qué no, también conoces a gente y sociabilizas”, nos dicen.

Para la elaboración de este reportaje hemos hablado con Juan Carlos Arocas, director general de Transitalia 2004, una de las empresas punteras en el denominado transporte intermodal. Con oficina en Valencia, la flota de la compañía supera los 2.000 remolques y las 500 cabezas tractoras.

Su envergadura es más que evidente y su importancia en apostar por las autopistas del mar, también. “Siempre hemos tenido una mentalidad multimodal –nos cuenta Arocas– . Ya en 1987 se realizó el primer transporte RO/RO entre Brindisi (Italia) y Patraso (Grecia).

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Pero es en 1995 cuando, junto con Grimaldi, apuesta por las líneas Salerno-España, para ofrecer una alternativa al transporte convencional por carretera, ya que Europa apostaba por lo que se llamaban autopistas del mar y ese concepto de negocio lo entendíamos bien”.

El responsable de Transitalia 2004 nos continúa explicando: “También estaba presente la reducción del CO2, cuyas políticas de la Comunidad Europea iban encaminadas en ese sentido. Aparte había una disminución de costes importantes y se ganaba en competitividad.

En la Salerno-Valencia era algo obvio, el trayecto marítimo tenía un gran sentido, ya que evitabas hacer 2.000 kilómetros por carretera, sin necesidad de dar toda la vuelta, pasando por Francia.

Nosotros ya teníamos tráficos de Italia para España, principalmente con destino Sagunto, de mercancía de cristal. El proyecto de Grimaldi de conectar los puertos de Salerno y Valencia por barco nos parecía totalmente viable y empezamos a embarcar nuestros vehículos. Con miedo y con mucha preocupación, pero empezamos”, nos puntualiza.

Autopistas del Mar Grimaldi

Después de más de veinte años, su crecimiento ha sido tremendo. “Lo hemos hecho junto a Grimaldi, en todas las líneas y en todos los países. El año pasado realizamos más de 59.000 embarques multimodal.

La apuesta es enorme tanto por el armador como por los puertos de Barcelona y Valencia, que desde el principio han estado apoyando y facilitando estos nuevos servicios”, nos detalla Juan Carlos, que continúa expresando: “Se trata de dar una alternativa al transporte por carretera, donde se puedan conectar dos puntos (puertos) ahorrando kilómetros por asfalto. Con un claro descenso de costes, hay un menor desgaste del camión, también de peajes y de consumo de combustible.

Nosotros solo embarcamos el remolque, sin cabeza tractora y sin chófer. Estos están en cada país, en cada puerto y enganchan el remolque a la llegada del barco para la distribución final al destino. Así somos más competitivos y damos un mejor servicio”.

Autopistas del Mar Grimaldi

Cogemos papel y boli. Si usamos la fórmula de Transitalia, esto es, enviar solo los remolques, se optimizan al máximo los viajes, se gana en eficiencia y se reducen costes del transporte.

De la otra forma, es decir, subiendo el conductor con tractora y el semirremolque, las autopistas del mar nos permiten ganar una jornada y aproximadamente la mitad de los gastos, menor consumo de gasolina y menos desgaste del vehículo. Habría que redondear las cifras siempre en función del destino final.

Lo que sí está claro es que en estas largas travesías los descansos son de verdad, además de que llegas con horas de tacógrafo limpias. No nos podemos olvidar de que viajando en barco evitamos ser víctimas de robos o agresiones en las paradas obligatorias que se deben realizar.

Despidos, apretones de manos. El Cruise Ausonia llega a puerto. Es hora de que el personal baje a la bodega del barco. Cada camionero marca destino en el GPS de su vehículo. Los caminos de los pasajeros se separan. Los destinos son dispares.

Los habituales a estas autopistas del mar a buen seguro volverán a compartir la ruta del Mediterráneo a bordo de un Grimaldi. El transporte no para. No hay descanso.

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