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Jose Mari Iriarte Etxebarrieta

Mi padre se llamaba Fermín Iriarte, nació en Bolívar, en el caserío Artabila. Aunque mi familia provenía de Elizondo. Llegaron a Guipúzcoa acarreando ovejas desde Navarra. En 1933 compró su primer camión, un Dodge. Con este “normal”, que es como llamábamos a los dos ejes, se dedicó al transporte de leña, para luego ampliar el negocio pasándose a la carga general.

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IriarteDespués llegó la guerra, le confiscaron el camión y terminó preso en un batallón de trabajadores. Cuando salió regresó al mundo del transporte, esta vez junto a su hermano Mariano.

Transportes Hermanos Iriarte contaba con dos camiones, dos “normales”, un Federal y un Henschel. En aquellos tiempos era muy difícil comprar un camión. No era una cuestión de dinero, el problema radicaba en que no había vehículos. La Cámara de Comercio sacaba a subasta las unidades, que no se sabía de qué manera llegaban a sus manos.

En aquel entonces trabajaban en Lemona (Vizcaya) acarreando cemento y en La Rioja trayendo vino. Tuvieron un Pegaso 165, un MAN 155 y un Scania. El primer camión nuevo, completamente nuevo, que compraron fue un Leyland Comet. Luego llegó un MAN, también nuevo, el M-262253, todavía me acuerdo.

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Jose Mari IriarteEran tiempos difíciles en los que se podían ver camiones tan exóticos como los Hino. Pensé que estos camiones japoneses ya no se fabricaban. Creedme, sufrí un terrible ataque de nostalgia cuando volví a ver circular a los nuevos Hino en el País de Gales hace unos pocos años.

Yo comencé a trabajar, y por supuesto a conducir, con 16 años sobre el Pegaso 165. En dos ocasiones me pillaron sin carné. En aquella época era completamente normal trabajar de esta manera. Nos poníamos “txapela” para parecer mayores. Aunque yo creo que realmente hacían mucho la vista gorda con nosotros. Antes de ir a la mili ya había conducido mi primer tres ejes y una cisterna.

Por mi cuenta

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No os lo he dicho, pero yo nací en 1945, eso quiere decir que ya he cumplido los 67 años. En 1968 vine de la mili y me puse a trabajar por mi cuenta. A los 23 Jose Mari Iriarteañitos me compré un Pegaso Europa 170 – también me acuerdo de la matrícula, VI-26558- y me puse a trabajar en Fagor. En aquel año entramos nada menos que 20 transportistas con los de Mondragón. Casi todos éramos de Vitoria.

En un mes recorríamos toda España. Hacíamos dos viajes a la semana. Uno largo a Andalucía y uno corto a Madrid o dos a Barcelona. Facturábamos 90.000 ptas. (511 €) por camión al mes. Nuestros “normales” gastaban unos 30 l/100 km y el gasoil costaba, creo recordar, unas 6,5 ptas. (0,036 €).

Lo que sí recuerdo como si fuera ayer es lo que cobrábamos por cada porte. Por un viaje de Vitoria a Barcelona o Valencia nos pagaban 7.200 ptas. (43,27 €), por el retorno nos llevábamos entre 3.000 y 4.000 ptas. (18,03/24,04 €). Por ir a Andalucía, que para nosotros era Huelva, Málaga, Almería o Cádiz, nos daban 11.200 ptas. (67,31 €). Ir a Sevilla era algo más barato.

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Iriarte

También recuerdo con toda nitidez cuándo conocí a Amalita. No fue un noviazgo muy largo el nuestro. No lo fue al menos para los estándares de la época. En 1972 nos casamos. Hemos tenido cuatro hijos, el mayor de todos murió de forma repentina. Los otros tres se llaman: Aitor, Unai y Maitane. Todos colaboran en la empresa, aunque Unai es quien realmente lleva el peso del negocio en la actualidad.

En Fagor llegué a tener dos camiones. En 1979 lo dejé y puse tres cisternas en Cementos Lemona. En esa época estábamos haciendo el aeropuerto de Parayas, en Santander, y el superpuerto de Zierbana. Fueron años de mucho trabajo. No dábamos abasto, ya que además se exportaba muchísimo cemento en barco.

Pero de repente todo se fue al garete: se acabó el boom del cemento.

Tuve que volver a reconvertirme. En esta ocasión fue la arena de fundición. Esto tampoco duró mucho. Luego volvieron los buenos tiempos. Durante cuatro años trabajé para Forjas Alavesas. La fundición se alimentaba con chatarra traída en barco desde el norte de América. En invierno se helaba el mar donde se cargaba la chatarra. Esto hacía que el material se almacenara en grandes campas para que los hornos no tuvieran que apagarse en la estación invernal. Yo me dedicaba a abastecer los hornos. Un trabajo cómodo, limpio y, ahora puedo decirlo, bien pagado.

IriarteEn 1981 nos unimos dieciocho transportistas para crear una cooperativa. Por supuesto, hay estaba yo con tres basculantes. Lo cierto es que duré poco. Ya sabéis, yo soy de los que piensan que buey solo bien se lame.

Luego llegó la crisis de los 90. Lo pasamos realmente mal. No sé cómo, pero éste fue el momento en que comenzamos con el transporte especial. Bueno, igual sí que lo sé. En 1995, Gamesa comenzó a producir aerogeneradores, y Transportes Iriarte era uno de los transportistas que llevaban los tubos, generadores y palas hasta los futuros parques eólicos. Un Iveco 360 y una plataforma semidireccional fue el comienzo de todo.

Supongo que habréis visto muchas alas de molino estorbando por la carretera. Lo que no creo que sepáis es que entonces dejábamos los semirremolques y las palas en el monte. Lo realmente caro eran las grúas que montaban definitivamente el aerogenerador, no el transporte.

Jose Mari IriarteEsto suponía que Gamesa nos obligaba a tener un gran parque de semirremolques que se quedaban durante semanas o incluso meses tirados en mitad del monte, esperando a que por fin vinieran a montar el molino. En una ocasión quemaron las alas y, por supuesto, también ardieron los semis.

El siguiente paso fue trabajar para Tauxme y Holtza. Éste fue el momento definitivo, no nos quedó otro remedio, hubo que superespecializarse. Llegaron los portatubos, los semirremolques extensibles de hasta 50 metros de longitud y las tractoras de más de 100 Tm de capacidad de carga.

Las estructuras metálicas de Tauxme son parte de edificios e instalaciones industriales en todo el mundo. Nosotros hemos estado llevándolas y montándolas incluso en Polonia y en el País de Gales. Y las vigas de madera de Holtza las podéis ver en gran parte de los polideportivos de toda España.

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