Estapé, el campeador de Breda

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Es éste uno de esos reportajes que, tiempo ha, se fueron cociendo a fuego lento, como aconsejan nuestras madres y abuelas que sale mejor cualquier plato de los que inviten a mojar pan.

Con nuestro amigo Estapé -Agustí o Agustín, pues por cualquiera de ambos nombres responde con innata amabilidad- hacía mucho tiempo que veníamos maquinando una ruta larga, de esas de hacer noche, que tanto apreciamos en nuestras juntas de contenidos de SOLO CAMIÓN.

La figura de este “Quiet Man” de Breda (Girona) que forma parte del paisaje humano de muchas de las concentraciones camioneras de España e incluso Europa, es la de un hombre sereno y un punto discreto, pero con una sangre en su interior en permanente estado de hervor camionero.

Siendo un chavalín de 13 años -ahora lo es de 50-, ya acompañaba a su padre en el camión para echarle una mano, y recién salido de la EGB, con 15, se convirtió en su ayudante a todos los efectos, tanto en ruta con el camión como con una grúa forestal con la que trabajaba también los fines de semana.

“Si quieres salir el sábado a la noche de fiesta – recuerda Agustí que le decía su padre-, allá tú, pero el domingo temprano hay que lavar el camión.

¡Qué cosas!, ¡cómo ha cambiado todo en tan poco tiempo! No obstante, todas las imágenes que este hombre alberga en la memoria de Juan, su padre, están empapadas del cariño más natural.

Si cierra los ojos, aún lo puede ver con su Barreiros Saeta transportando muebles por toda España, y posteriormente con sendos Magirus comprados de segunda mano, uno detrás de otro, en los que cargaba leche, leña, corcho y lo que fuera menester.

Aunque las estampas del pasado que con más frescura conserva son las de dos Pegaso Super Comet que en un momento delicado tuvieron que ser vendidos, pues Juan empezó a tener problemas serios de corazón.

“Figuraos cómo era en aquel entonces este oficio –reflexiona Estapé-, que de esos dos Super Comet de 16 toneladas comían tres familias enteras: la de mi padre, la de un chófer y la de un ayudante, que por aquel entonces era figura imprescindible en una empresa de transportes”.

Al refugio de dicha empresa se criaron también sus hermanos, Joaquín, actualmente en la profesión con un DAF porteador de agua, y Cristina, emparejada hoy, cómo no, con otro transportista.

Como cualquiera puede imaginar, la señora Carmen, madre de Agustí, a sus 74 años sabe lo que es estar integrada en un círculo vital de incesante filiación camionera, como le pasa hoy en día a Dolors, esposa de Agustí Estapé desde hace ya nada menos que 28 años.

Periplo profesional

Antes de recalar en Maikeltrans, S.L., hace 19 años, nuestro protagonista pasó una década de índole muy particular.

Al poco de vender su padre los camiones, Agustí cumplió su servicio militar en 1982 como chófer en el departamento de transmisiones de la zona del campo de Gibraltar.

Difícilmente podría olvidar intramuros de ese cuartel las semanas del inefable Mundial del naranjito o la imagen del golpista Milans del Bosch encarcelado allí; pero por encima de tales cosas, lo que recuerda especialmente Estapé es la mala suerte que le supuso una sola cosa: ser demasiado buen conductor.

¿Cómo se explica eso? Pues mirad, hicieron a toda la tropa unas pruebas de conducción y cogieron a los seis mejores como chóferes para llevar permanentemente a oficiales y jefes en los Land Rover del Ejército en distintas misiones.

Los camiones Avia y REO quedaron entonces para los pilotos más malillos -Dios da pan a quien no tiene dientes-, que se hicieron además con un C1 que muchos ni querían, y que a Agustí le habría venido de perlas.

En fin, historias de una mili que se hizo muy larga, con sólo dos semanas de permiso, y que a la vuelta culminó en la boda con Dolors, apenas entrados ambos en los 20, aunque ya desde adolescentes eran novios.

Al poco de la boda, año 1985, se empieza a foguear nuestro Agustí con un Ebro D600, transportando bidones de resina de 230 kg. Con el carnet de trailer, deja el Ebro para auparse a un Barreiros Turbo 300 con el que empieza a moverse por la zona de Levante y hacer noches fuera.

Recala más tarde en Transportes Frigoríficos Torradeflot, con un Pegaso Super Space Cab primero y un DAF 2.800 ATI después.

“Dinero hacía de sobra –reconoce nuestro protagonista-, pero no paraba en casa, donde estaban mi mujer y su hermana, además de mis pequeños, Marta y Albert, que crecían en mi ausencia una barbaridad.

Dejé de esta manera los frigos de Torradeflot por la lona de un Renault 340 de Transportes J.J., y más tarde trabajé muy a gusto en Transportes J. Prats; pero la cosa se complicó tanto tras la crisis de 1992, que me vi de tironero en la campaña de helados un año más tarde.

Eso sí, como debe ser cierto eso de que Dios aprieta, pero no ahoga -…y ya van dos mentadas refraneras a Dios en este reportaje-, la gran lotería me tocó cuando entré por primera vez en Maikeltrans, hace casi 20 años, hasta el día de hoy… y que dure, amigos míos”.

En Maikeltrans, cuyo origen data de 1978, año en que fue fundada por “el jefe”, Miguel Coll, empezó Estapé haciendo transporte nacional con todo y por toda España, y llegó a acumular una flota de 3 Scania y 2 Volvo en la época de mayor bonanza.

Por suerte, hace unos ocho años diversificó su actividad transportando paja, como se puede apreciar en este reportaje, y combinando la ruta internacional para un importador-exportador de cereales.

“El bajón en la construcción –nos explica Agustí- ha hecho mella en Maikeltrans, y decir lo contrario sería faltar a la verdad, pero yo siempre tengo viajes a Francia, donde además de cubrir rutas como la de hoy, subiendo paja y bajando cereal, voy muy a menudo al bosque de Las Landas a cargar madera, un lugar hermoso con miles y miles de hectáreas pobladas de pino marítimo.

Yo empecé con un Scania 142 a trabajar para Miguel, con el que mantengo una relación excelente, pero desde que cogí este otro Scania ya no me he bajado de él. A veces intercambiamos plataformas y remolques, pero eso sí, cada cual siempre con su tractora.

Él lleva un Volvo 460 con piso móvil, y aunque no es tan de saraos camioneros como yo, a veces también le he convencido para lustrar los vehículos en algún San Cristóbal.

Como ya hemos apuntado, Agustí carga normalmente paja de la Cataluña Central en dirección a Francia, de donde viene con trigo, maíz, sorgo o pienso para gallinas; ruta que hace entre dos y tres veces por semana en este inconfundible Scania, que está a punto de traspasar la simbólica cinta del millón de kilómetros.

En camión al Aveyron

El impresionante viaducto francés de Millau, hasta hace poco el más alto puente atirantado del mundo -sólo superado recientemente por otro en México-, y que está ubicado en la bella zona pirenaica de El Aveyron, forma parte de lo que podríamos denominar “la rutina rutera” de Agustí Estapé.

Casi 350 metros de altura sobre el río Tarn, 36.000 toneladas de calzada, siete pilares -el más grande de ellos, de 336 metros-, poco menos de 2,5 km de longitud total… una extrañeza en toda regla para el ojo humano, en un contexto natural tan fascinante como el del Aveyron, con un mosaico de pueblecitos hermosos entre grandes paisajes, que entrado febrero podríamos decir que disfrutamos sólo a medias, por la severidad del frío antes referida.

La paja que transporta Agustí va precisamente destinada fundamentalmente a dar calor a los animales en las granjas de pollitos o caballos, o también al alimento del ganado.

Cada bala de las que lleva pesa 350 kg, en formato de 120×70 cm, que es el más manejable, y que se combina con otras de 120×90 cm en la parte de atrás, para cerrar así una carga que en este caso no sobrepasa los 14.400 kg, por estar configurada sobre una caja de cereal. La costumbre, y el entenderse al punto con compañeros como Jordi Giralt o Eusebio Casamitjana, es siempre garantía de buena coordinación de movimientos.

Pensamientos en cabina

Como cualquiera que esté en este mundo, Agustí constata un futuro que no parece que vaya a ser fácil para nadie.

En el año 90 -reflexiona sin dejar de mirar el asfalto- te comprabas un camión y al poco ya te hacías la casa. Ahora es una pena ver cómo se van cayendo autónomos de toda la vida.

Pero no hay más clave que aguantar como sea, por más que nos aprieten el cinturón. En ciertas cosas, yo digo que no nos vendría mal aprender de nuestros vecinos, porque en Francia pueden meterte en la cárcel por un cheque falso, y sin embargo en España permitimos pagarés a 100 días que te dejan indefenso en muchas ocasiones.

No obstante -concluye Estapé-, yo me veo jubilándome aquí, no envidio a nadie, y creo que los que aguantemos nos haremos muy fuertes. Nuestro currículum, para bien o para mal, no es más que éste: carretera y carretera.

Lúcidos propósitos, y digno fin de reportaje, venidos de un hombre sencillo que si algo desprecia es lo que él denomina “el fanfarroneo”, y allá cada cual que haga su propia definición del término.

Un hombre que, al margen de concentraciones camioneras en las que lleva más mal que bien el que le den premios por llevar su camión decorado a los San Cristóbal de pueblos como Arbúcies, Llagostera o Banyoles, disfruta con su mujer, sus hijos y su cuñada, o chapuceando con cuatro olivos y viñedos que tiene en casa.

Si se atisban tiempos mejores, eso sí, su ilusión es poder restaurar un camión antiguo como los que tenían antaño en su casa de Breda, para enseñárselo con orgullo a su madre.

Así que, como ya lo hicimos dos veces -lo de mentar a Dios, se entiende-, no vamos a dejarlo sin una tercera vez.

Vaya en este caso tanto para que se cumpla ese deseo de Agustí, como para aquellos que alberguemos todos los demás, se sea ateo, creyente o marciano, y más aún en este momento tan especialito para el transporte y lo que no es transporte: Cuando Dios quiere, con todos los aires llueve.

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