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El Scania S580 de Alberto: Un capricho bien merecido

Nos descalzamos para entrar en el santuario que es este Scania S580. Su propietario, Alberto Sánchez, lo luce y disfruta de la misma forma que, obsesivo como el que más, lo quiere dejar impecable en todo momento. Dicho sea de paso, la verdad es que el resultado es para lucirlo bien orgulloso.

Elegante, sin estar recargado y con una buena combinación de colores tanto en el interior como en el exterior. El Scania que vemos en estas páginas es la culminación de un sueño hecho realidad. A pesar de la juventud de nuestro invitado ya se puede considerar todo un experto en esto de la rosca.

Alberto lo lleva en las venas. Todavía recuerda cuando “con seis años antes de irme al cole esperaba que viniera mi padre con el camión. Salí y le decidía a todo el mundo que le mandaba para que hiciera las maniobras, a solar el tráiler.

Era el jefe”, nos cuenta entre risas, mientras nos continúa explicando que todo lo que sabe se lo debe a Paco, su padre. También a Lourdes, su madre, que, aunque nunca ha querido que fuera camionero, siempre le ha apoyado en sus decisiones.

Así, y como si de un homenaje familiar se tratara, el logo de Transports Sánchez (el nombre de la empresa de su padre) queda bien reflejado en el frontal de su Scania. Y eso que Alberto ya hace tiempo que decidió dar el salto y quedarse en solitario. Eso sí, antes aprendió la profesión en casa.

“Siempre que podía me iba con mi padre. De pequeño practicaba ciclismo de carretera. Cuando no había carreras me subía al camión y me empezó a gustar. De ruta, al taller, donde hiciera falta.

De hecho, con 16 años empecé a sacarme el título de transportista, a la par también hice un módulo formativo de administración y dirección de empresas, incluso realicé unas prácticas en un banco”, nos detalla nuestro protagonista, que aguantaba firme que todo el mundo le dijera que se olvidara del camión.

Pero él lo tenía más que claro. Con el carnet en el bolsillo y ya con 19 años cogió la furgoneta de la empresa de su padre para ir llevando ruedas a los camiones. “Lo que hiciera falta. Poco a poco me fui metiendo hasta que con los 21 años cogí el camión”. Llegó la hora de la verdad. ¡Qué ganas tenía Alberto!

Su primer viaje lo llevó desde Madrid hasta Bilbao, pasando por Santander. Con un Scania R470 de cabina muy pequeña, con paquetería y de noche. “Ese día me acompañó mi padre. Él siempre ha hecho paquetería nocturna.

Estaba nervioso, no durmió. Cuando ya se hizo de día empezó a dar cabezaditas. Tan mal no lo debía estar haciendo”, nos confiesa. Alberto estuvo un año de chófer para su padre. Entonces decidió irse por su cuenta. “Continué con la paquetería, pero ya de autónomo.

Compré un Scania 470 con cabina mediana y un remolque con el que hacía sobre todo rutas al País Vasco, Galicia y Asturias. Siempre de noche. Hasta hace dos años que cambié el trabajo, la verdad es que conducir de noche cansa mucho, es pesado y de día, aunque duermas la misma cantidad de horas, no descansas igual”.

Fue hace unos dos años cuando todo cambió. Se compró la tractora que decora estas páginas y una cisterna para ADR, con la que sobre todo llevaba ácido sulfúrico. “Iba a descargar muchas veces a plantas de hormigón, con lo que eso supone de caminos, tierra, polvo, un caos, vamos.

Iba siempre mirando, obsesivo con mi camión; a mí que me encanta llevarlo limpio, con ese tipo de trabajo era imposible”.

Hasta que los astros se alinearon. “Un día estaba cerca de Tudela y quedé para almorzar con José Luis Poyo. Con la tontería empezó a decirme que le gustaba mi camión, que se lo vendiera y yo le dije que me diera faena al enganche.

Una cosa llevó a la otra y a la semana estaba trabajando con él. Y aquí seguimos”, nos cuenta este abulense de Cebreros, que ahora vive en la madrileña San Martín de Valdeiglesias. Eso sí, “a 15 kilómetros de mi pueblo. Siempre he querido estar aquí”.

Con la cisterna de José Luis Poyo, su principal mercancía es el aceite y se suele mover desde La Mancha hasta Tudela y, desde aquí, se carga mucho para el norte de Francia y Bélgica. También carga en Andalucía para Italia. Todo esto, la mar de contento, sobre todo después de tener este V8.

“Cuando me compré el S580 decidí darme un capricho a lo grande”. Después de haber elegido modelo de camión entra en escena Carlos, de Talleres Jaula, con el que ya se conocía.

“Nos pasamos una tarde viendo fotos, ideas, diseñando el camión. Yo le dije todo lo que quería hacerle, que era mucho, y él empezó a calentarse la cabeza. La verdad es que estoy muy contento del resultado, gracias a él he cumplido un sueño”.

Y ¿qué le pidió? Pues un poco de todo. “Le puse la defensa. También he tapado el chasis que da protección y a la vez queda elegante. Luego, luces por todos lados. En el frontal, la trasera o en los laterales, siguiendo una misma línea continua.

También el cartel luminoso con mi nombre, muchos leds por debajo para dar un toque diferente por las noches. Las chimeneas y detrás llevo un foco incrustado en el chasis del camión que enfoca e ilumina la aerografía de la trasera”.

Hablando del dibujo, este es un detalle muy significativo para Alberto. A Arancha, mi pareja, le gusta el tema de los lobos.

Así que cogí una temática que fuera cosa de los dos. El dibujo representa a dos lobos que aúllan hacia el símbolo de Scania en una manera de simbolizar a dos personas que caminan hacia un mismo objetivo”, nos detalla, mientras continúa hablando de la personalización del camión.

“Por dentro lo he tapizado todo, excepto los asientos, pues quería conservar el cuero que traía. Una de las cosas que me hacía especial ilusión era tener la cama como el modelo de la serie 4, esto es, arriba del puesto de conducción.

Carlos me la puso. Luego todos los armarios van tapizados, el suelo, las puertas. Todo ello en tonos marrones y beige, los elegí porque quería que hicieran contraste entre ellos, pero sin que fueran llamativos. Cuando lo vi todo terminado me dieron ganas de llorar”, nos confiesa. Normal.

Con el camión en sus manos y tras ponerle el escape libre, su última customización, Alberto tiene ahora un problema, se lo confesó por teléfono a Arancha. “Es la primera vez que vengo a recoger el camión y me voy sin pensar en qué otra cosa le puedo hacer”. A buen seguro que no tardarán en surgir ideas nuevas. De momento, a seguir soñando.