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El galáctico Scania T420 de los Sánchez Reyes

La concesión de la línea de viajeros que iba desde algunos núcleos de población, ubicados en las montañas, hasta Boñar, primer pueblo de León con conexión al ferrocarril, estaba a nombre de una mujer venerada hoy por esos descendientes con los que pasamos hoy una familiar jornada completa.

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Catalina se inició con los coches a caballos, y luego transportó a muchos viajeros en lo que actualmente consideramos joyas de época, como son los Magirus o Ford T.

Scania T Galaxia

Su marido también conducía, y fruto de aquel matrimonio vino al mundo un tal Laudelino Sánchez, que a sus 91 años, y por suerte para todos, aún permanece en pie, y muy en pie, y ya os adelantamos que protagonizará la sección “Rutas de la memoria” de nuestro próximo número. Mejor que nadie se ponga aún el sombrero hasta entonces.

Pero lo que hoy nos ha traído hasta la capital leonesa son los destellos de este “truck galaxies” que hoy pilotan los descendientes de aquellos pioneros (y pionera) del transporte, como son Lino Sánchez y sus hijos Óscar y Raúl; con el sostén de Sara, mujer de Lino.

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Y la pequeña Marina, pizpireta criatura que nos acompaña con su gracia durante todo nuestro reportaje, y que suponemos que ha debido heredar de aquella bisabuela, tan visionaria del transporte como avanzada a su época, todo el desparpajo que atesora.

Transportando la finísima arena de sílice que surge de la mina de Boñar (León) ejerce, a razón de unos cuatro viajes al día, este Scania a cuyo volante estuvo Lino hasta hace bien poco, y que hoy lleva con igual destreza su hijo Óscar.

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Normalmente empieza su jornada a las 3 de la madrugada, así que en cierta manera este decorado con motivos nocturnos cobra ante semejantes horarios todo su sentido.

“Al trabajar con este material tan fino, el tenerlo siempre limpio es muy esclavo –nos dice Óscar, con su filarmónico acento leonés–, pero no hay más remedio que pasarse al menos una hora repasándolo todos los días después de venir de la mina, porque si no llevas bien limpio un decorado, desde luego que pierde todo su sentido”.

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Lino, el padre, asiente las palabras de Óscar, pues imaginamos que ésa debió ser una de las condiciones que puso a la hora de consentir esta decoración tan vistosa en ese color negro que, precisamente, es uno de los menos sufridos a la hora de lucir lustre.

“Yo siempre tuve en mente la idea de un camión de morro, y mis hijos Óscar y Raúl la de un decorado, así que de esta manera confluyeron los deseos de cada cual. Es muy trabajoso mantenerlo siempre impecable, porque el sílice es bastante abrasivo, pero la ilusión de todos, y sobre todo de mi hijo Óscar, es determinante en ese aspecto.

Scania T Galaxia

Los fines de semana –nos dice, mientras lo mira con cara de satisfacción–, por si fuera poco, toca una limpieza más a fondo por dentro de la cabina y en la bañera, pero el resultado es un gozo para todos, porque allá donde vayamos este camión despierta admiración de arriba abajo, desde el astronauta dibujado en la trasera hasta las estrellas y constelaciones plasmadas en el exterior de la cabina”.

Si “As time goes by” era la canción de Ilsa y Rick en la inolvidable “Casablanca”, el film “La historia interminable”, dirigido por Wolfgang Petersenm, ha sido siempre la película predilecta de los Sánchez.

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“Disfrutábamos mucho viéndola en familia –nos dice en esta ocasión la madre–, e imagino que de ahí les viene el gusto por estas decoraciones tan fantasiosas”.

No obstante, el encanto tan plástico que desprenden los personajes de esta superproducción no les convenció finalmente para figurar en la chapa de su Scania, y se inclinaron por unos argumentos decorativos más, por decirlo de alguna manera, cósmicamente discretos.

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Le expresaron así sus intenciones a una profesional de la aerografía muy apreciada en esta zona, llamada Yoy, que está más acostumbrada a decorar depósitos y cascos de moto, pero que en esta ocasión escuchó con detenimiento la idea general de un proyecto que luego plasmó con toda libertad, incluyendo algunas licencias propias.

“No es que hoy en día el tener un camión sea el mejor negocio del mundo, pues se trata de un dineral rodando por la carretera y expuesto a todo –afirma Lino–, pero si lo tienes por gusto y al gusto, nada hay mejor”.

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Su hijo Óscar, que hasta hace poco trabajaba en la estación de esquí leonesa Fuentes de Invierno, con las máquinas pisapistas, es ahora quien coge el camión todos los días, pues su padre, hasta que la mosca camionera le vuelva a picar de nuevo, se dedica por el momento a echar una mano a su hijo Raúl a la hora de levantar otro negocio familiar, en este caso vinculado al pan y la repostería.

Óscar, alegría camionera en primer grado, azuza a su pequeña hermana Marina, con la que desprende una total complicidad, para que nos conteste a la pregunta de si quisiera en un futuro ser camionera y preservar la historia de la familia. “¡No!”, dice ella sin pensárselo dos veces.

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Ya sabemos que ése es uno de los monosílabos preferidos, por no decir el preferido, de un niño con las constantes infantiles en funcionamiento. “¿Qué quieres entonces –le dice su hermano Óscar riéndose–, vivir del cuento?”

El alma de Catalina García tal vez esté contemplando esta graciosa escena protagonizada por sus bisnietos. ¿Quién sabe? Por fantasear que no quede, y menos cuando un camión decorado de esta guisa protagoniza un reportaje.