Nació en Soria y vive en Zaragoza, pero David Sánchez ha respirado el aire de una treintena de países, desde unos camiones con tan obstinada voluntad como la suya. Su mundo, amplio de por sí, converge con otros muchos mundos habilitados desde el portal de JDC.
Miles de personas abren cada día las ventanas de esa página de Facebook para ventilarse con buena corriente de aire. En JDC no es necesario ser versado en redes sociales, transportista, ni (menos aún) joven; pero sí impera un requisito indispensable para ser de esta familia: La piedra angular de tus pasiones ha de girar en torno al camión.

“Hace tiempo que superamos los 100.000 registrados y te aseguro que los hay de toda edad, ámbito y condición. Lo que sí evitamos a toda costa – aquí David se pone serio – es hablar mal de una empresa u otra, ofender a tal o cual compañero, o criticar a alguien porque es de tal sitio o porque piense así o asá.
Cuando entras en ese terreno, ya estás perdido. Lo que este oficio necesita es sentir la vocación de forma siempre positiva, algo que no está reñido con luchar por lo nuestro de todas las maneras que haga falta”.

Siete son los administradores de JDC, originarios de puntos tan diversos como La Rioja, Madrid, Castilla o Aragón. Su concurso ha sido requerido por alguna marca para dar a conocer un vehículo determinado, y en Instagram o Tik Tok van también poniendo sus picas, al igual que en las páginas de SOLO CAMIÓN, que nuestro soriano, de Almazán, confiesa devorar.
Si suspendes, no hay camión
La cronología camionera de nuestro protagonista comienza donde lo hacen tantas otras de las que conforman nuestra profesión.
“De bebé, mi madre me llevaba en brazos en el asiento del Pegaso Tecno de mi padre. En cuanto el motor paraba empezaba a llorar como un descosido – ríe ahora al recordarlo –. Cuando se acercaban las vacaciones mis padres sabían qué tecla tenían que tocar: ‘Si suspendes, se acabaron los viajes con papá en el camión’. Como podéis imaginar, al oír aquello hincaba los codos a tope”.

Acabada la ESO, David se fue haciendo con todo permiso que se pusiera a tiro y su primer envite como transportista fue en el ámbito del reparto alimentario. Pronto se compró un furgón largo Sprinter con el que se inició en Paquetería Internacional Express.
“Tras algún primer paso errático, por fortuna me fichó la catalana Van Express. Ahí ya me empezaron a dar tute del bueno, que era lo que quería. Compré un Ducato 3000, con lona, y a la empresa – recuerda David – siempre le decía lo mismo: ‘A mí dadme los viajes exóticos. Cuanto más lejos, mejor’.
A ellos les venía de maravilla, porque son portes que muchos quieren evitar, pero a mí el manejarme con telepeajes y tarjetas, medio a la aventura, por lugares como Serbia, Noruega, Turquía o Chequia, me daba la adrenalina necesaria”.

Aunque lo normal era llevar grupaje de automoción, a Stralis no le han faltado portes intercontinentales ciertamente inusitados: lingotes de plata, armamento, tarjetas de crédito (con escolta), la pieza de un barco o sobrecitos que cabían de sobras en la guantera.
“Cruzando la frontera de Noruega iba una vez con maniquís, y como los aduaneros no daban crédito a lo que les decía, rajaron uno de arriba abajo. En otros pasos fronterizos – advierte – uno ya iba sabiendo que de un pequeño incentivo monetario podía depender que un trámite durara 5 horas o 5 minutos.
Pero también he de decir que, al margen de un desagradable intento de robo en Nantes, no he tenido ni una mala experiencia en mis viajes por Europa, fuera zona Schengen o no.”.

David Sánchez ha trabajado con primeros espada de nuestro oficio, como Transportes Poyo, Bidasoa o Hermanos Vivar. “De todos ellos he aprendido y guardo un buen recuerdo, pero cuando la empresa zaragozana Antonio Guerrero me ofreció un puesto fue toda una alegría. Me tratan como a uno más de la familia y están al lado de casa.»
«¿El futuro?… Estoy bien y no pienso en moverme – remacha –, pero siempre está ahí el sueño de tener camión propio. Cuando el transporte remonte un poco lo iré meditando más, pero este Scania lo siento tal y como si fuera mío. Lo llevo a mi manera”.

A sus 29 años, y con todo un historial ya acumulado, imaginar el horizonte de este rutero entusiasta es una delicia.



