Cuando encontramos esta maqueta Citroën en el seno de una feria de coches clásicos, no sabíamos de qué vehículo se trataba. La verdad es que estos encuentros son ideales para encontrar kits a buen precio, ya que, por lo general, están deteriorados o incompletos. Pero son éstos algunos de los retos que nos gusta afrontar de vez en cuando, para agudizar nuestra imaginación.
Para rendir homenaje al lugar de donde la rescatamos y, teniendo en cuenta la edad del vehículo, hemos querido presentarlo con un aspecto bastante trillado, aunque todavía podría defenderse si saliera un transporte. En realidad se trata de un Citroën C4 F 500 kg de 1930. La maqueta se realizó para una promoción de Michelin, aunque nosotros hemos querido darle un enfoque bien distinto. Un furgón especializado en el transporte de fruta o de proximidad, ya que, no disponíamos de muchas de las piezas originales.

Paso a paso y armados de paciencia
Para comenzar, desmontamos el furgón completamente e iniciamos el proceso con el esquema de pinturas. El chasis de una pieza está formado por dos largueros y cinco travesaños, tened especial cuidado al desmontarlo, porque la dirección del eje delantero está conectada al volante mediante un pasador, que deberéis desmontar al mismo tiempo, dándole un giro completo de 360 grados. Una vez conseguimos desarmarlo todo, procedemos a pintar el chasis en color negro mate, así como el conjunto del motor.
Mientras ponemos las piezas anteriores a secar, nos centramos en el interior del vehículo, que lo pintaremos con colores grises y negros, aunque en esta ocasión pintaremos los asientos en un tono satinado para lograr el efecto brillo de la época. La zona de carga la dejaremos tal cual. Para el exterior, es conveniente desmontar por completo los cristales, espejos, manillas y demás elementos; para realizar una decoración homogénea de todo el furgón y no romper la estructura de la fase de pintura, nosotros echamos mano de un estañador y un destornillador de punta de estrella.

Para resolver el aspecto del envejecimiento mezclamos varias combinaciones; el negro con el rojo, negro mate con marrón, con siena, con humo. Iremos manchando el chasis, las ruedas y el motor aplicando aguadas de los diferentes tonos hasta conseguir el efecto deseado. Cuantas más pasadas, más usado parecerá. Para la carrocería emplearemos el aerógrafo en color tierra tostada y lo aplicaremos de forma muy sutil en los contornos de las puertas, la tapa del motor y en las puertas traseras.
Acto seguido mezclaremos pintura roja y negra, para simular los desconchones de la pintura vieja allí donde nos parezca más apropiado. Una vez secas todas las piezas, simplemente nos queda que montarlas y unirlas, para rematar la maqueta con unas pinceladas de barniz semibrillo para que el vehículo ofrezca un último toque grasiento, a causa de la mala combustión del aceite por el paso de los años y el ritmo frenético que ha seguido el furgón a lo largo de su vida útil.

Más trucos
En los vehículos antiguos, debéis tener en cuenta que debido a las telas que se empleaban anteriormente, como el escay, entre otros, los interiores se presentaban con tonos que ofrecían semibrillos, al contrario que en los nuevos, que por lo general se utilizan tonos mates.
Estos materiales, por más que pasen los años, no pasan a ser mates completamente; es más, el asiento del conductor incluso estaría con más brillos por el roce del uso. De este modo, nuestro consejo es que una vez hayáis terminado de pintar el asiento, dadle unas pinceladas de barniz semibrillo en los contornos de la pieza, para simular a sus homólogos reales.



