El pulular constante de camiones de todas las marcas por las instalaciones en uno de esos días de primavera de viento y lluvia, “typical” Cantabria, nos recuerda desde el primer momento que estamos ante una empresa expansiva y en expansión.
Cuenta con un parking en el que vienen y van vehículos con el tocado azul de Bodegotrans, un taller en continuas tareas de mantenimiento, lavadero propio y una oficina donde los ordenadores y el teléfono echan humo a pocos metros de la casa familiar, que también lo echa, pero en este caso por la chimenea, y por la que revolotean animales de granja envuelta sobre el verde que simboliza como ningún otro color esta tierra.
De la oficina a la casa, y en camino inverso, se mueven los dos hijos de los fundadores José Luis y Fermina (marido y mujer); sus hijos, y actuales jefes, Fernando y José Luis, así como la nuera Lorena y demás personal de oficina, como Elsa, Mónica o Marta; que van llevando a cabo sus gestiones con nietos que vienen y van como torbellinos andantes (Ana, Noelia, Lorena, Álvaro y José Luis).
De tal manera, las meriendas se van ofreciendo con la misma soltura con la que se va tomado nota de los muchísimos servicios diarios de transporte terrestre o marítimo, así como de cualquier entrega en directo.
Cualquiera de sus servicios se adapta al tipo de mercancía que se desee transportar, con soluciones de transporte global a base de la más rigurosa clasificación, seguimiento e identificación.
“Los negocios actuales van mutando constantemente –nos dice Fernando–, así que tenemos que coordinar de la mejor manera el transporte con prestaciones complementarias relativas a la distribución, almacenaje y seguro de mercancías, así como despacho de aduanas y lo que atañe a contenedores.
Se trata de que a la hora de llevar a cabo un transporte terrestre, el cliente no se tenga que ocupar de nada, burocráticamente hablando. Todo le vendrá planificado, incluso si se trata de un puerta a puerta”.
Al nombre de la empresa, como tantas veces pasa, no es que haya que darle muchas vueltas trascendentales.
El bisabuelo de la familia regentaba un bar que se llamaba Bodegón, así que ese fue el primer nombre que les vino a la cabeza a la hora de fundar una empresa, que pasó posteriormente por el nombre de Transbodegón, antes de su definitiva fundación en 1992 como la actual Bodegotrans.
A aquellos Barreiros Tempo y Saeta del fundador de la saga, junto a camiones Ford o GMC, que fueron viniendo después, hay que atribuir las primeras “perrucas” que entraban en casa.
“Hoy tenemos docenas de camiones –nos dice el mayor de los Allende–, y hasta un MAN de 680 CV; pero no me cabe duda de que con un camioncito pequeño se ganaba más que con un camionazo de ahora; y es que antes había ganado en todas las casas. Se ganaba en el año 1968 más de 5.000 pesetas transportando cabezas de casa en casa y a la feria, aunque, eso sí, trabajando noche y día”.
Nada desdeñable cifra, sin duda, si lo comparamos con un jornal en el campo, que por aquel entonces difícilmente llegaba a las 150 pesetas.
Eso sí, nuestro José Luis Allende padre, que protagonizó en el número 281 un reportaje en la sección “Rutas de la Memoria”, cuya relectura se aconseja para preámbulo de este reportaje, de la feria se iba directo a cualquier viaje, y cabe decir que en esta empresa, que hoy es referencia especializada en transportes basculantes, no sólo José Luis, sino también su mujer Fermina, han tirado mucho de pala, porque antes la caja sólo se elevaba si pasaba por ahí un mago con una barita mágica.
Movimiento continuo
En el agreste y lluvioso día que visitamos las instalaciones de Bodegotrans, el ir y venir de cisternas y cajas es incesante.
La manguera no para, y en el taller, el meneo de sus operarios tampoco; y es que a las unidades propias de Bodegotrans, unas 35, hay que unir las de sus empresas asociadas Agenferlo, S.L., y Fermina Diego Fernández, que suman 14 más; a lo que hay que añadir un grupo considerable de transportistas autónomos con plataforma propia o al enganche.
De los vehículos con el sello Bodegotrans, no está de más destacar que 17 de ellos ya cumplen con la normativa Euro 5, prueba irrefutable de que la empresa se enrola con los nuevos tiempos con la misma ilusión con la que se deja seducir por camiones restaurados, que florecen en cualquier concentración camionera de la zona, donde la boina de José Luis es archiconocida.
“Los primeros 80 fueron también buenos tiempos para que la empresa medrara –es ahora José Luis hijo el que habla–, y se ganó mucho llevando sosa a una fábrica de Zaragoza para diversas empresas de ida y vuelta; y también cargando madera a Hernani.
A nuestro padre, que condujo de todo, luego le vino la debilidad por los MAN, así que ésta es la marca que más abunda, aunque también haya Renault, Scania y un poco de todo, como podéis ver. Disponemos –concluye el mayor de los hermanos– de unas 95 plataformas, y es que en puertos cercanos a nuestra sede, como Santander, Gijón, Bilbao o San Sebastián, hay barcos de los que podemos cargar hasta 20 camiones”.
En las oficinas de Bodegotrans, además de los jefes ya citados, que como tantos otros jefes van alternando labores administrativas con alguna que otra jornada de volante, la coordinación y entendimiento entre mujeres como Elsa, Lorena, Mónica, Marta o la propia Fermina es total; aunque nuestra atención la acapara por un momento el hijo y nieto de José Luis (adivinen cómo se llama también), que con sus 20 años recién cumplidos se para a hablar con nosotros para asegurarnos que, aunque está estudiando derecho y sabe que en la empresa familiar siempre habrá hueco para él, mantiene la de ser periodista como una de sus mayores ilusiones.
Del joven José Luis esperamos sin duda su columna de opinión para Solo Camión cuando lea este reportaje.
Así transcurren las jornadas para un Bodegotrans que si hace 8 años tenía unos 10 autónomos trabajando para ellos al enganche, a día de hoy dobla esa cantidad. Su trabajo en el puerto, con arena, cereal, sal, sosa, nitrato y alimentos de todo tipo, les ha hecho
incluso tener que aumentar flota.
Tres barcos al mes con abono de Noruega les proporcionan mucho trabajo. “Aunque al precio que está el gasoil –comenta Fernando–, como no te agencies una vuelta, lo tienes mal.
En algunos sitios, como Francia, Castilla y León, Madrid o Cuenca, nos resulta más fácil; en otros, como Aragón, es misión difícil. Pero sea donde sea, es raro, por no decir imposible, que fallemos, pues siempre vamos a que sobre.
Cuando el trabajo vuelva -concluye Fernando, con su media sonrisa de cántabro rudo–, que ha de volver, tal vez nos encontremos con que se han quitado demasiados camiones y van a hacer falta”.
El jefe de los Allende se jubiló hace varios años, pero como os podéis imaginar, por aquí asoma muchísimo su boina. Siempre fue chófer y mecánico, así que ya no es plan de arrimarse a nuevos hobbies, si no es el de restaurar algún camión antiguo como los que él condujo. En su familia, además, hay colchón Bodegotrans de sobra para que se guarezcan muchas de las generaciones venideras.





















