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Bedford y Opel Blitz, de Antonio García; rescatados con vida

Pocas veces el repertorio fotográfico que ilustra el antes-después de unos camiones renacidos, corolario ineludible en una sección tan querida por los solocamioneros como lo es el “Rincón del restaurador”, resulta tan rotundamente revelador como en este reportaje.

Bedford y Oepl BlitzInvito en ese sentido a pasar por unos instantes a la página siguiente, la 69, y ver en qué estado se encontraba el Opel Blitz en un desguace de Cáceres, antes de que Antonio García, nuestro protagonista, llegara a un acuerdo con el propietario del mismo para llevarlo a su casa de Plasencia y brindarle el calor humano que por décadas le fue negado.

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Hasta este municipio cacereño, a cuyas puertas se abre el hermoso Valle del Jerte, paisajísticamente cautivador, nos acercamos para conocer a este placentino de 77 años, que para la ocasión nos recibe en su taller plagado de vestigios, acompañado de su hija Mari Tere, de la que es inseparable desde que hace más de dos décadas quedara viudo; y su saladísima nieta Isabel, que acompaña al abuelo en nuestra sesión fotográfica, e incluso le va apuntando alguna que otra apostilla a las preguntas que vamos desgranando en esta extremeña mañana soleada de invierno (las mejores mañanas).Bedford y Oepl Blitz

“Le encanta acompañar al abuelo a todas las concentraciones de camiones –nos dice la madre–. En cuanto llegue a los pedales, estoy segura de que Isabel va a aprender a conducir. Le gusta el camión una barbaridad, aunque dice que de mayor quiere ser veterinaria. Me parece –ríe Mari Tere– que igual tienen más salida los camiones que la veterinaria”.

La querencia de Antonio García por los grandes clásicos le viene desde muy pequeño. Antes de la Guerra Civil, su padre, Juan Reyes, cargaba higos, tabaco, frutas y cereales en vehículos que el Antonio niño ya nunca ha podido (ni ha querido) olvidar: un Federal Mogul, un Dodge, un Ford 8, etc. La guerra le pilló a la familia en el bando nacional, y Juan Reyes continuó operando como conductor de camiones y, en ocasiones, chófer de algún mando militar.Bedford y Oepl Blitz

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García nació en plena posguerra. Estudió hasta bien entrada la adolescencia, pero su padre, tío y hermano mayor le deslumbraban con aquellos camiones de antaño. En algunos de los muchos talleres que proliferaban a escasos metros de su casa se entretenía como aprendiz de mecánico, cambiando ruedas, identificando piezas y labrando, en definitiva, en todos aquellos bancales en los que luego sembraría su futuro como profesional del transporte.

Jubilado desde hace ya más de una década, el maestro García nos muestra con orgullo ese viejo cartoncillo en el que figuran sus permisos aprobados, desde el C hasta el E, con aquella dignidad de los que ennoblecen nuestro oficio, y cuya baza vamos a velar hasta darle luz en una próxima gala de nuestra sección “Memorias”.Bedford y Oepl Blitz

Venerable desguace

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El Bedford fue el primero en ser rescatado por nuestro placentino tenaz. Prácticamente a diario, a su paso por Badajoz, camino de casa, veía penar a esta unidad de la marca británica, constituida recién iniciada la década de los treinta, cuyos vehículos industriales guardaban ciertas similitudes mecánicas con los Chevrolet precedentes.

Cuando este modelo vivió su máximo apogeo fue de 1939 a 1945, período en el que cerca de un cuarto de millón de camiones Bedford nutrieron las filas del Ejército británico en la II Guerra Mundial.Bedford y Oepl Blitz

Del 39 es precisamente el modelo que descansa hoy en este garaje-museo extremeño en el que nos encontramos. “Lo compré hacia el año 2000, porque se me metió entre ceja y ceja. Venía sin motor –recuerda Antonio–, y prácticamente sin chasis ni tapicería. La caja estaba totalmente podrida. Tras algún tira y afloja conseguí llevármelo para casa por unas 100.000 pesetas (600 euros). La sensación que daba, junto a muchos otros vehículos desguazados y a pleno aire libre, es que me llevaba pura chatarra, pero intuía que algo bueno podía sacar de ahí”.

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Dos o tres años antes había fallecido Tere, su mujer, así que aquel joven de poco más de 50 buscaba, quién sabe si sin ser consciente, desorientar a la dichosa melancolía, para que no se cruzara en su camino más de lo necesario.

Bedford y Oepl BlitzUn carpintero de Cabrero, pueblo vecino, le fabricó una caja nueva, mientras él recomponía cabina y motor de arriba abajo. Las horas pasadas ante el Bedford, antes de ser pintado en esas tonalidades rojiblancas, marca de la casa, se contaron por centenares. Para cuando la obra estuvo acabada, nuestro hombre ya había sentido el flechazo del Opel Blitz que también ilustra nuestro reportaje.

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Este camión, de procedencia alemana, también empezó a fabricarse al inicio de la década de los treinta. Al igual que su hermano Bedford, las unidades Blitz producidas en aquella Alemania que los nazis pusieron en la picota durante la Segunda Guerra Mundial se contaron también por decenas de miles. Muchos de ellos, por cierto, abandonados en el frente y reverdecidos en el otro lado del mismo con piezas que bien podían ser de Chevrolet o GMC.Bedford y Oepl Blitz

El desguace al que nuestro protagonista fue a negociar esta vez se encontraba en Cáceres. Las condiciones fueron similares, así como el orden de marcha de la restauración, pero por fortuna el Opel Blitz se encontró con un camino ya aplanado en lo que a su matriculación como vehículo histórico respecta. Un camino que, en el caso del Bedford, les había llevado por intrincados protocolos.

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“Dinero y tiempo los damos siempre por bien aprovechados –es Mari Tere, su hija, la que habla ahora–, pero cuando mi padre quiso matricular el Bedford como histórico, parece ser que nunca se había llevado a cabo un trámite así en Extremadura, de modo que se convirtió en una odisea que duró un año. De Cáceres nos mandaban a Mérida –bracea Mari Tere, como si lo estuviera reviviendo –, y de ahí, otra vez, a Tráfico. En cada sitio nos pedían papeles distintos. La impresión que nos daba es que en realidad ni sabían qué es lo que nos tenían que reclamar”.Bedford y Oepl Blitz

Hoy Bedford y Blitz caminan juntos y al compás de un mismo frente. En las concentraciones camioneras la columna Antonio García abre un espontáneo pasillo de admiración a su paso.

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