El año comienza con turbulencias. La Asociación del Transporte Internacional por Carretera (ASTIC) ha presentado su análisis de los desafíos que enfrentará el sector en 2026, un panorama que no es halagüeño.
Según la organización, las empresas transportistas deberán navegar por aguas turbulentas marcadas por la volatilidad de costes, una sobrecarga regulatoria sin precedentes y una crisis estructural de personal que amenaza la operatividad de las flotas.
En un contexto de parálisis presupuestaria en España y turbulencias económicas en la Eurozona, ASTIC prevé un crecimiento moderado del sector, pero advierte que la incertidumbre dominará el panorama.
Costes a la alza: la presión se intensifica
La volatilidad de precios de combustibles y energía continúa siendo el principal factor de presión. Estos representan aproximadamente un tercio de los costes operativos, pero no son los únicos. Los transportistas también enfrentan incrementos en seguros, financiación, peajes, mantenimiento de vehículos y cargas derivadas de las políticas climáticas.
El resultado es una erosión constante de la rentabilidad que limita la capacidad de inversión y modernización de las flotas.
Transición energética: victoria a medias
ASTIC celebra un hito importante conseguido en diciembre: la Comisión Europea ha paralizado su propuesta de obligar a las flotas corporativas a comprar vehículos de cero emisiones (ZEV), excluyendo finalmente los vehículos pesados. Esto representa una victoria para el sector, fruto de la acción coordinada de ASTIC e IRU.
Sin embargo, la mejoría es parcial. La entrada en vigor del sistema ETS II (comercio de derechos de emisión para transporte por carretera) en 2028 supondrá un golpe significativo. Una empresa con 100 vehículos podría enfrentar un sobrecoste anual de entre 875.000 y 1,2 millones de euros. Además, los peajes ligados a emisiones de CO₂ continúan expandiéndose por Europa.
La crisis de conductores: el problema silencioso
La escasez estructural de conductores profesionales es, quizás, el desafío más preocupante. La falta de relevo generacional amenaza directamente la operatividad de las cadenas logísticas. La edad media de los camioneros en España roza los 54 años, y solo el 2% de los transportistas activos son mujeres. Las medidas implementadas hasta ahora son insuficientes: los 3.000 euros del Plan Reconduce apenas beneficiarán a 160 personas de los medio millón de euros asignados.
ASTIC reclama medidas más ambiciosas: facilitar la incorporación de profesionales de terceros países, incluir la profesión en el Catálogo de Ocupaciones de Difícil Cobertura del SEPE, revisar el modelo de formación e incentivar el empleo joven y femenino.
La «catarata regulatoria»: demasiadas normas, poco sentido común
La sobrerregulación proveniente de administraciones municipales, autonómicas, nacionales y europeas genera una inseguridad jurídica que penaliza la competitividad del sector. A pesar de que la UE lanzó hace más de una década el principio de «Better Regulation» (legislar menos y mejor), la realidad es la opuesta: las normas proliferan sin garantías adecuadas, complicando la planificación a medio y largo plazo de las empresas.
Las grandes compañías especialmente cargan con una creciente normativa en áreas como medio ambiente, igualdad, fiscalidad, responsabilidad social corporativa y ciberseguridad.
Digitalización obligatoria: un paso necesario pero desigual
A partir del 5 de octubre de 2026, será obligatorio el documento de control de transporte en formato electrónico, según la Ley de Movilidad Sostenible recientemente aprobada. Aunque supone un avance en eficiencia y trazabilidad, los operadores de menor tamaño ya han alertado sobre la necesidad de apoyo técnico para la adaptación.
Palabra de ASTIC
«Al iniciar 2026, el panorama macroeconómico continúa siendo incierto, lo que obliga a nuestro sector a mantener la guardia alta», afirma Ramón Valdivia, vicepresidente ejecutivo de ASTIC. «Para garantizar la viabilidad de este sector estratégico, necesitamos seguridad jurídica y estabilidad regulatoria en un marco de colaboración, realismo y sentido común. Solo así podremos garantizar un transporte por carretera sostenible».






