Anastasio Suárez: Nostalgia, señora del tiempo

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Por 800.000 pesetas (4.800 euros) compró Tasio su primer Pegaso. Con Don Antonio, insoportable cascarrabias, quedó en que bajaría piedra caliza para el muro del pantano del Porma. Echaba mil horas, pero sacaba 130.000 pts.

No hagáis números con los parámetros de ahora, porque no es cuestión de echarse llorar. “Pagaba unas 2.000 pts. de gasoil al mes, y por entonces no había IVA ni casi controles. El 170 venía para 8 t – recuerda Tasio – y le metías tranquilamente 15. Era imposible no tener de vez en cuando una avería. El freno eléctrico echaba humo en las bajadas”.

A ese 170 le siguieron otros dos iguales, así como un par del Pegaso 1063 y otro par del 3060. “Hasta cuatro Pegaso llegué a comprar de golpe. Alcancé una flota de 13 vehículos, con sus respectivos chóferes.

La empresa se denominaba Anastasio Suárez Álvarez. No necesitabas oficina porque no había casi papeleo – insiste Tasio -. Una gestoría de León te lo llevaba todo”.

A los Pegaso le siguieron algunos Barreiros, Dodge y un Ford Transcontinental con cambio Fuller y motor Cummins. “Muchos colegas se quedaban asustados viéndolo trabajar. Tenía 160 CV y estaba autorizado para cargar 22 t – apunta el leonés -, pero yo le metía casi 40 t de talco, arena o sílice. Mis rutas más largas eran por Zaragoza, Navarra o Valencia.

Marina, esposa de Tasio, sacó también en su día el Título de Transportista.

Aquellos años, finales de los 70, principios de los 80, fueron muy prósperos en trabajo por aquí, pues el embalse del Porma, bajo el que quedó enterrado el pueblo en el que nací y otros pueblos vecinos, demandaba una gran cantidad de material para su presa.

Vinieron incluso portugueses para ayudar en la construcción de carreteras. Pero lo que sube rápido suele bajar de la misma manera, así que en un momento dado – rememora con gesto torcido – me encontré cabeza abajo y patas arriba”.

Afloja el trabajo
La ausencia de papeleos y protocolos también tiene otra cara con la que los nostálgicos de hasta la mismísima nostalgia tal vez no cuenten: Los impagos.

“Más de una empresa me dejó mucha deuda y tuve que ir vendiendo camiones paulatinamente. De los pagarés, algunos con fecha de hasta 360 días, había bancos que no querían saber nada.

Casado ya con mi mujer, Marina, decidimos dejar el camión, al menos de momento. Encontré rápidamente trabajo en el desmonte del carbón con un dúmper Caterpillar en el que cargaba hasta 130 t. Pasados los años, y forzado sobre todo porque la empresa de desmonte nos quería trasladar a A Coruña – continúa Tasio -, decidí volver al transporte por carretera.

Como había vendido en su día el Título de Transportista, fue Marina la que se puso a estudiar como una campeona y lo volvió a sacar para nosotros. Compramos de inicio un Barreiros 4 ejes y seguí a lo mío, hasta acabar mis días como camionero conduciendo un Iveco”.

A sus 79 años, la memoria de este leonés es portentosa. ¿Volvería nuestro Tasio a ser camionero?. Sí, pero reconociendo que hay cosas que no repetiría.

“Toda la noche zumbando con el camión, 15 o 16 horas seguidas, echarte a dormir apoyado en el volante, estar a lo tonto dando vueltas porque no encuentras el sitio al que has de ir… Cuando eres joven no se te pone nada por delante, hasta que en un accidente por quedarme dormido me caí terraplén abajo.

No es lo de antes – razona Anastasio -, pero tampoco lo de ahora. Con 18 años, tenía claro que no quería la labranza y el ganado para mí. ¿Qué hice?. Me fui de pinche de los recados a la construcción del pantano de Porma, a llevar, literalmente, el botijo.

Hacía sin chistar los viajes que me decían, como si era de chófer del encargado, un domingo, para llevarle de fiesta. Así empecé a tener mi dinerito”.

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