Hay vocaciones que son brisa y otras ciclón. Eso lo sabemos bien en nuestro camionero oficio, pero sucede en muchos otros. Con solo 6 años, Andrés Vicente igual pintaba un camión de juguete rotulado como ANVISER que desmontaba un despertador enterito para volverlo a recolocar pieza a pieza. Lo suyo ya era socorrer.
Para quien tenga curiosidad, ANVISER era el acrónimo de Andrés Vicente Servicios, una empresa que nunca pasó de la imaginación de aquel niño que ya soñaba con auxiliar en carretera con su camión de asistencia. ¡Ah!, y para el que tenga más curiosidad aún, lo del despertador acabó en sonada bronca paterna, pues fue incapaz de recolocar aquella multitud de piezas desmembradas.
Pero aquellos sueños fueron floreciendo uno a uno, y hoy Andrés Vicente, junto con su hijo, llamado igual, regenta una firma de asistencia en carretera y reparación de vehículos a la que nadie hace sombra en su zona de Aragón y aledaños.
Su flota la forman una quincena de vehículos, pesados en su mayoría, comandados por un Scania 164 480 CV, capacitado para las más altas cotas de asistencia a un camión en carretera. En su parque, en la Tarazona a los pies del Moncayo, conviven góndolas, plataformas, grúas de elevación y diversos vehículos-taller.
“Cuando nacimos en 1988 –recuerda el veterano Andrés–, nos iniciamos en la compraventa de vehículos. Al poco montamos un taller, pero mi aspiración era la asistencia y en el año 2000 compramos un remolcador Mercedes-Benz. Con la crisis de 2007, la elevación fue para abajo y vimos un hueco muy concreto que llenar, que era el de la asistencia a los vehículos pesados, así que nos volcamos en ir sumando cabezas tractoras, remolcadores, góndolas y furgonetas para reparaciones ‘in situ’”.
Es evidente que la asistencia al camión es un campo que exige más sacrificio. “Un turismo, si no se puede arreglar allí mismo, lo enganchas y te vas, pero un camión es distinto –matiza en este caso Andrés hijo–, porque te has de ocupar de la transmisión, de desbloquearlo y, por supuesto, del semirremolque que lleva enganchado.»
«Todas las marcas están obligadas a acreditar un sistema de diagnóstico (OBD), pero como los componentes ya son en su mayoría electrónicos, las marcas se guardan su as para que tengas que ir a parar al concesionario. A veces los reprograman allí tan rápido, que sale el camión a la carretera antes que nosotros mismos”.
Calidad innegociable
Auto Andrés Vicente y Grúas Vifer, firmas pertenecientes al mismo grupo familiar, son conscientes de que nada más pisar la carretera no solo se representan a ellos mismos, sino también a las compañías de seguros que les han confiado a su cliente.
“La piedra angular de un buen servicio –precisa Vicente– es responder con celeridad a una demanda, mostrar buena presencia, respeto y educación ante el conductor, para tranquilizarlo lo más posible; y tener unos vehículos potentes que aporten imagen y cumplan con toda exigencia que se ponga por delante. Las compañías preguntan luego al cliente y la respuesta positiva que obtienen es el motivo por el que trabajamos con todas ellas y nuestro radio de acción es cada vez más amplio”.
El cliente camionero tiene un perfil que, según nos cuentan los Vicente, resulta más empático y contemporizador. “El transportista entiende que una avería puede formar parte de su trabajo, pero el conductor de turismo –matizan– es más impaciente y no entiende la situación. En todo caso nuestra actitud es impecablemente amable con cualquiera de los dos, a la vez que técnica y profesional”.
En ese sentido, una grúa tan espectacular como la de Vifer, que supera con creces el cuarto de millón de euros, es difícilmente amortizable, pero sí muy rentable, porque puede hacer servicios muy definidos y excepcionales, imposibles para otros. “Eso una aseguradora lo valora muchísimo –concluye el joven Vicente–, y en la solidez de hoy está el futuro de mañana”.








