El transporte pesado es responsable de un porcentaje significativo de las emisiones del sector en España. Mientras la electrificación de camiones avanza lentamente, los biocombustibles como el HVO se presentan como la solución más práctica para flotas que necesitan reducir su huella de carbono hoy mismo.
De acuerdo con los datos del Inventario Nacional de Emisiones, España emitió 230 millones de toneladas de CO2 en 2021, de las cuales el 92 % provinieron del sector energético, y, dentro del mismo, el transporte fue responsable del 40 % de estas emisiones, con más de 84 millones de toneladas.
El transporte por carretera fue el mayor contribuyente, representando cerca del 94 % de las emisiones del sector del transporte. Estos datos destacan la necesidad de abordar las emisiones en este ámbito para alcanzar los objetivos de reducción fijados a nivel nacional e internacional.
En este contexto, los biocombustibles han emergido como una solución para reducir las emisiones del sector del transporte. Los datos muestran que en 2022 el consumo de biocarburantes en España evitó la emisión de 4,65 millones de toneladas de Gases de Efecto Invernadero (GEI), lo que equivale a las emisiones anuales de 3,3 millones de coches nuevos matriculados entre 2019 y 2022.
Este ahorro de emisiones pone de manifiesto el impacto positivo que los biocombustibles pueden tener en la descarbonización del transporte, especialmente cuando se complementan con otras tecnologías, como la electrificación.
El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2023-2030 establece un ambicioso objetivo de alcanzar los 5,5 millones de vehículos electrificados en 2030, lo que supondría un crecimiento anual del 48 %.
Sin embargo, si tenemos en cuenta los datos actuales y la ralentización que está sufriendo esta tecnología, existe un escenario alternativo en el que la adopción de vehículos electrificados sigue la tendencia actual, llegando a los 3,6 millones de vehículos en 2030, acompañada de un mayor uso de biocombustibles.

La cuota de combustibles renovables podría alcanzar el 14 % en 2026, superando el 12 % previsto en el plan y el 20 % en 2030, lo que permitiría reducir significativamente las emisiones del sector del transporte, sin depender exclusivamente de la electrificación.
El potencial de los biocombustibles
Una de las principales ventajas de los biocombustibles es que pueden aprovechar los canales de distribución y repostaje ya existentes, así como la actual flota de vehículos, lo que los convierte en una solución de rápida adopción.
Los combustibles renovables, como el biodiésel, el hidrobiodiésel (HVO) y el bioetanol, tienen propiedades similares a los combustibles fósiles, lo que permite su sustitución parcial o total. En promedio, estos combustibles pueden reducir la huella de carbono en un 82 %, e incluso alcanzar una reducción del 100 %, dependiendo de la materia prima empleada.
El desarrollo de los biocombustibles es particularmente relevante para sectores del transporte donde las alternativas tecnológicas, como la electrificación, presentan mayores desafíos y retos todavía.
La aviación, el transporte marítimo y el transporte pesado por carretera son áreas en las que los combustibles renovables pueden desempeñar un papel crucial, ya que las tecnologías alternativas no son viables o requieren de cambios significativos en cuanto a infraestructuras, vehículos y comportamiento de los usuarios se refiere.

Así, los biocombustibles ofrecen una solución pragmática para reducir las emisiones en estos sectores, mientras se desarrollan e implementan otras tecnologías más sostenibles.
En España, la oferta actual de biocombustibles se centra en el biodiésel, el hidrobiodiésel y el bioetanol, con un predominio de los dos primeros, que son sustitutivos del diésel y se utilizan ampliamente en el transporte por carretera y marítimo.
A pesar de los avances en la integración de combustibles renovables, con un objetivo mínimo del 11 % en 2024 en términos energéticos, se requiere un mayor esfuerzo para aumentar estas cuotas y acelerar la transición hacia una movilidad más sostenible.
España cuenta con un considerable potencial para producir biocombustibles a partir de residuos biomásicos, lo que podría generar hasta 10,8 millones de toneladas equivalentes de petróleo (Mtep) de biocombustibles en 2030.
Si se suman los biocarburantes producidos a partir de cultivos alimentarios y forrajeros, así como los combustibles renovables obtenidos a partir de CO2 biogénico, el potencial total de producción de biocombustibles en España podría alcanzar los 13,4 millones de toneladas equivalentes de petróleo en 2030.
Este potencial de producción nacional contrasta con la demanda proyectada en el PNIEC, que estima un consumo de 2,2 Mtep de combustibles renovables en el transporte para 2030.
Esto significa que España tiene la capacidad de multiplicar por seis esta proyección si se aprovechan al máximo los recursos locales, lo que permitiría sustituir hasta el 58 % de la demanda de combustibles fósiles en el transporte y reducir las emisiones en 43 millones de toneladas de CO2.
La evolución futura de los biocombustibles en España estará en gran medida condicionada por las políticas y regulaciones que se establezcan tanto a nivel europeo como nacional.
Los biocombustibles como el biodiésel y el hidrobiodiésel, que actualmente representan casi el 6 % del consumo de diésel en automoción, seguirán desempeñando un papel importante a corto y medio plazo. El bioetanol, por su parte, tiene una cuota cercana al 2 % de la gasolina consumida en España, y su uso podría aumentar en los próximos años.

Igual de importante es destacar que los biocombustibles no son una solución única, sino que deben formar parte de un enfoque global que incluya la mejora de la eficiencia de los vehículos, la electrificación y otras tecnologías emergentes.
La combinación de todas estas estrategias será fundamental para alcanzar los objetivos de reducción de emisiones de GEI y cumplir con los compromisos internacionales en materia de cambio climático.
Sin embargo, para que todas estas tecnologías, y más concretamente los biocombustibles, prosperen, deben impulsarse políticas que favorezcan su integración, pues en la actualidad estos biocarburantes tributan igual que los combustibles fósiles tradicionales a los que pretenden sustituir.
Combustibles renovables
Los biocombustibles se clasifican en diferentes generaciones según el origen de la materia prima. Los de primera generación provienen de cultivos agrícolas como la caña de azúcar, la remolacha o los cereales, mientras que los de segunda generación se obtienen de residuos orgánicos como aceites usados de cocina o residuos agrícolas.
Además, existen biocombustibles de tercera y cuarta generación, que todavía están en fase experimental. Los de tercera se obtienen de algas y plantas acuáticas, mientras que los últimos se producen mediante la modificación genética de microorganismos para mejorar su capacidad de captación y almacenamiento de CO2.
Entre los diferentes tipos de biocombustibles, el biodiésel es uno de los más utilizados en el transporte por carretera y marítimo, con una cuota de uso del 7%, y se produce mediante procesos de transesterificación de aceites y grasas para después mezclarlo con el diésel fósil tradicional. En Estados Unidos algunos autobuses, camiones y vehículos militares funcionan con mezclas de hasta un 20 % de biodiésel, aunque este combustible puede verse afectado por el frío y causar averías en vehículos más antiguos.
Por su parte, el diésel renovable o hidrobiodiésel, también conocido como HVO (Hydrotreated Vegetable Oil), se obtiene tras procesos de hidrogenación para eliminar el oxígeno y las moléculas no saturadas y de isomerización para mejorar su resistencia al frío.
Este combustible renovable cuenta también con la ventaja de poder sustituir al 100 % el diésel convencional sin necesidad de modificaciones en los motores de combustión interna. El HVO es compatible con las infraestructuras existentes y presenta un bajo contenido en azufre, lo que reduce también las emisiones de óxidos de este elemento químico.
Otros biocombustibles a destacar son el utilizado para la aviación (SAF), que actúa de forma similar al queroseno; el biometano, que puede sustituir al gas natural en la industria; y el bioautogás (BioGLP), que proviene de residuos agrícolas y urbanos. Estos combustibles tienen el potencial de reducir las emisiones de GEI y contribuir a la descarbonización de sectores clave de la economía.
En definitiva, los biocombustibles representan una solución eficaz y de rápida implementación para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en el sector del transporte.

Su capacidad para integrarse a la infraestructura existente y sustituir parcial o totalmente los combustibles fósiles los convierte en una opción viable para acelerar la transición hacia una movilidad sostenible.
Aunque se están utilizando de acuerdo con los objetivos mínimos establecidos por la regulación actual, es necesario aumentar estos objetivos para maximizar su impacto en la reducción de emisiones y aprovechar al máximo el potencial de producción nacional de España.





