Una comitiva de 34 camiones acompañó a la querida Oti en su último viaje, en un silencio solo roto por el aplauso final y el sonido de las bocinas en su honor.
El sector del transporte español detuvo por un día sus rutas para congregarse en Burgos. El motivo era uno solo, pero de los que pesan en el alma: despedir a Oti.
En el Tanatorio San José, compañeros, amigos y familiares dijeron adiós a una mujer que dejó una huella imborrable en la carretera, y lo hicieron con el lenguaje que mejor entienden: el de los camiones y la camaradería.

La noticia de su partida había conmocionado a toda la profesión, y la respuesta no se hizo esperar. Desde primera hora, el tanatorio se vio rodeado de un sentimiento de pérdida y cariño. Pancartas con mensajes de despedida colocadas en las lunas de los camiones y lazos negros fueron el primer gesto visible de un dolor compartido. En los vehículos de Manuel Colmentino y Manu Maza, una frase lo resumía todo: «Vuela alto, Coco».
El último desfile: Silencio, respeto y un aplauso al corazón
Frente al tanatorio, custodiando el recuerdo de su dueña, se situó su fiel compañero de viaje: su Scania, al que cariñosamente llamaba «su chatarrica». Allí estuvo expuesto todo el día, con una pancarta con el cuento infantil “Un sueño sobre ruedas”, que narra la historia de su vida y que puede adquirirse con fines benéficos en Amazon.

Pero el momento más sobrecogedor llegó con el desfile. Una imponente comitiva de 34 camiones, llegados desde todos los rincones de España (Madrid, Barcelona, Asturias, Cantabria, Logroño…), se puso en marcha. A la cabeza, el Iveco gris que ella misma conducía, pilotado en esta ocasión por su jefe, Manuel Colmentino, y seguido por Manu Maza. Tras ellos, la flota de Colmentino y una larga fila de amigos de profesión.
El recorrido, desde una calle cercana al polígono hasta el tanatorio, se realizó en el más estricto y respetuoso silencio. Los gigantes de la carretera pasaron frente al tanatorio al ralentí, en un murmullo diésel que era todo un homenaje. No hubo bocinas, ni ruido. Solo el peso de la emoción. Fue al pasar el último camión cuando el silencio se quebró con el estallido de un sentido y prolongado aplauso por parte de familiares y amigos, un agradecimiento desde el corazón a tan sublime muestra de respeto.








El adiós final: Las bocinas por Oti
Los camiones volvieron a su punto de partida, formando un pasillo para que pasara, por última vez, el camión de Oti. Entonces, y solo entonces, el silencio se rompió con el sonido que define su mundo. Las bocinas de todos los camiones sonaron al unísono, en un potente y emotivo tributo de ida y vuelta, llenando el aire de un último saludo para su compañera.
Como nos relata Rubén Sánchez, de los Jóvenes del Camión, tras este simbólico momento, todos se acercaron al tanatorio para dar su último adiós. Sobre las 18:00 horas, Oti fue incinerada, llevándose consigo el cariño de un gremio entero.




Las redes sociales se han volcado con su memoria, demostrando lo querida que era tanto dentro como fuera del sector. El vacío que deja es inmenso. Un sentimiento que se vio reflejado en la infinidad de coronas y ramos de flores que recibió, un mar de colores y mensajes de despedida de amigos, compañeros y gente del sector que nunca la olvidará.
Descanse en paz, Oti.





