Camionera de base, seductora a más no poder, cercana e indomable a partes iguales; la Coco era de todos.
Si estaba ella, seguro que te hallabas en el lugar indicado. Y estar, lo saben perfectamente todos aquellos colegas de dolor que estén leyendo estas palabras ahora mismo, la Oti estaba y sabía estar.
Mentar hoy su presencia en tal o cual evento sería una osadía innecesaria, porque esta gallego-castellana se prodigaba por los 4 puntos cardinales de España.
Todo el mundo la quería tener en su Concentración, su Quedada, su Reunión, su desfile, una conferencia, o el encuentro más informal del mundo.



Era habitual verla con su perenne sonrisa en un corrillo camionero, pero la fascinación que despertaba entre los niños, especialmente las niñas, procede ser subrayada. Era la heroína de muchas de ellas, que veían en el camión de su Cocoliso la escoba de la más encantadora bruja hechicera.
Un servidor la ha visto llorar de emoción al recoger dibujos infantiles hechos para ella, firmar una y otra vez su cuento “Un sueño sobre ruedas”, y regalar selfis a los móviles de unos padres y madres que, el día menos pensado, se verán sacudidos por tener que contestar a una pregunta cuya respuesta es inentendible para un niño.
Nuestra hermanita del SOLO CAMIÓN
A mí siempre me ha robado mucho tiempo Oti Cabadas. Me explico: A la hora de reportar cualquier evento al que asistía como cronista de esta revista, en mi cámara fotográfica la tenía, divina siempre, saludando en un desfile, dando o recogiendo un premio, con una niña fotografiándose al volante de su camión, o en ese instante en el que las mujeres camioneras saben buscarse y encontrarse. Vamos a ver: ¿Qué foto escojo?
Tengo un millón de carpetas en mi ordenador entre las que sé que, en el momento que menos me lo espere, va a aparecer y me colapsará emocionalmente por unos segundos; porque nuestra Oti seducía a la cámara con la facilidad del que come pipas mirando una peli.
¿Qué tenía la Coco un punto de coquetería y protagonismo?. Por supuesto. A mucha honra y con todo el derecho del mundo; que para eso también hay que valer. Una cosa es acompasar la prudencia con la buena educación y el saber escuchar; y otra encogerse a discreciones y modestias, tantas veces demasiado sobrevaloradas.



Si nuestra Cabadas quisiera pasar de incógnito, ¿A qué santo iba a ir con el pelo rapado al cero, con los labios impecablemente pintados, saliendo en un documental, un reportaje o escribiendo libros?. Ella solita imantaba lo mejor de cada casa, de cada calle… de cada corazón.
En la Quedada de Camiones Clásicos y Americanos de Alcañiz ofreció su último pase en este celuloide, tan hermoso a veces, como devastador y rematadamente injusto otras, que es la vida.

Tenía cientos de miles de seguidores en su “CocoTruckerGirl”, pero nuestra Coco era lo más analógico que te puedes echar a la cara, puro Kilómetro Cero de nuestro oficio y, sobre todo, bella… bella en todas y cada una de las acepciones de la palabra “bella”.





