De Barakaldo de toda la vida. Nuestro protagonista, David Omar, lo lleva a rajatabla con un camión al más puro Euskal Style.
A sus 45 años, David siempre ha estado rodeado de camiones, no en vano, su padre ha tenido una empresa de transportes. “Siempre ha movido mercancía peligrosa, oxígeno, normalmente”. Recuerda que con cinco o seis años se quedaba embobado mirando los camiones de su “aita” (su padre, en vasco). A los 15 se plantó. No quería salir estudiando. “Lo mío eran los camiones. Lo he tenido clarísimo toda la vida. Mi padre siempre decía que para ir al cole siempre me tenía que esperar, pero para ir en camión nunca”, nos remarca.

Y así fue. A los 15 años comenzó a echar una mano en la empresa. “Como en casa teníamos vehículos, me iba con los chóferes para ayudar en las descargas”.
Así poco a poco hasta que cumplió los 21. No hubo lugar a la duda. David se puso al volante. “El primero que pasó por mis manos fue un Magnum 362, luego llegaría un 502 y más tarde un Scania 124 400 CV de la Serie 4. Luego compramos un DAF XF 480. Con mi padre estuve diez años. Llegó un momento en el que decidí hacer cosas por mi cuenta. Me fui a una cooperativa del puerto de Bilbao con el DAF XF 480, el último camión que tuve con mi padre”.
Después se compró su primer camión ya como autónomo, un Volvo FH12 480 de segunda mano. Y de la cooperativa, paso a hacer cosas de cementos, hasta el bajón de la construcción, que fue cuando se enganchó a la empresa Truck & Wheel. “Aquí llevo doce años, soy autónomo con el conjunto completo. Lo normal es cargar gasoil en distintos sitios dentro del puerto de Bilbao y luego hacemos un par de viajes al día, Alsasusa, Pamplona, Tudela…”.

Y todo ello con un Scania impoluto. Aquí entramos en el David Style. En perfecto estado de revista por fuera y por dentro accedemos a otra dimensión. De diez. “Aquí es donde paso más tiempo. Aunque siempre duermo en casa, para mí es básico tener ordenado y limpio mi puesto de trabajo. Además puedo decir que soy un afortunado de trabajar en lo que me gusta, con el camión, que encima es mío y lo llevo a mi gusto. Eso es difícil conseguirlo. Es grande lo que tengo”, nos cuenta nuestro invitado.
Echamos un vistazo al Scania G440 con ocho años y un millón de kilómetros a sus espaldas y cuatro bocinas arriba, llantas pintadas en blanco y rojo, la visera con el nombre de Monika, su mujer, y el letrero más arriba con Eneko y Maider, sus hijos. “Lo he ido personalizando desde el momento cero. Los colores de la empresa para la que trabajo son rojo, blanco y negro; respetando esa imagen corporativa, he puesto mi sello. Por dentro, tapizado, con alfombrillas, cortinas… Llevarlo a tu gusto lo es todo. Es tu casa”, nos remarca.

Y aparte del trabajo, el camión también está para disfrutarlo. David nos cuenta que no se pierde dos concentraciones, la de Hoznayo y la de Barakaldo, de la que es miembro del Club Camión Euskadi, organizador de este evento. “Es una forma de estar con los amigos. Importante no hablar de trabajo, solo de camiones, que es lo que nos gusta. Venimos a divertirnos, a pasarlo bien, a ver camiones de otros, ver detalles, ideas, se te ponen los dientes largos y te vas animando”.
Futuro al volante
El mañana de David está en el camión. “No sé hacer otra cosa y tampoco quiero. Está claro que los perros ya no se atan con longanizas, pero donde estoy ahora tengo la garantía de que es una empresa pagadora y cumplidora, siempre responden. En doce años ningún problema. Yo quisiera tener más camiones, pero afortunadamente a mi mujer no le gustan, coge el lápiz, empieza a hacer números y te lo deja bien clarito. Tal cual está la situación, es aventurarse muchísimo. Son muchos quebraderos de cabeza para que te quede tan poco margen por camión cuando estás arriesgando tanto. No merece la pena. Si las cuentas se hacen en condiciones, evitamos impagos, bancarrotas… ”.















