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Reunión de transportistas en Mallorca

Las cosas no andan muy bien, para qué engañarnos. El descenso del trabajo ha hecho estragos entre los transportistas de Mallorca. Acostumbrados, en su mayoría, a recibir las cargas en el puerto y repartir la mercancía por la isla, ahora son muchos los conductores que se han visto forzados a embarcarse y hacer repartos también en la Península. La traducción: infinidad de horas muertas en el ferry y más tiempo lejos de casa. Pese a todo, siguen al pie del cañón, y no les importa “sacrificar” su día libre, un sábado al mediodía, para juntarse en Can Penasso, un restaurante de Bunyola, a las afueras de Palma, y echarse unas risas acompañados de parejas, mujeres e hijos. Dicen que, por desgracia, no lo hacen tan a menudo como les gustaría, pero esperan que pequeñas reuniones como ésta se transformen en un futuro próximo en concentraciones más multitudinarias.

273_concentracion_mallorca_01Daniel Serra ha cogido la batuta para armar esta jornada camionera. Reserva del parking del restaurante para colocar las cabezas tractoras, un menú copioso, una máquina surtidora de cerveza y el boca-oído han sido los pilares sobre los que se ha levantado el evento. “Ha sido un poco improvisado todo”, comenta Dani. “Se ha montado más como una comida entre amigos, un día de restaurante pero con el camión en vez de con el coche. La idea es hacer algo más grande la próxima vez, más vehículos, más gente, más actividades”.

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Pese a las ganas de los asistentes de dar continuidad a este tipo de jornadas, lo cierto es que la mayoría reconoce que es complicado cuadrar agendas y reservar días libres. “Aquí se depende mucho del barco. Podemos quedar el sábado, pero entonces llega la carga de cemento, te suena el móvil y tienes que salir hacia el puerto”, explica Dani Viadas. “De todas maneras, sí es verdad que ahora hay más voluntad de reunirse que haces unos años. Esta generación más joven tiene más iniciativa, y eso se nota”.

Veteranos como Isidro Serra, Manuel Fernández, con casi 30 años de experiencia, o José Luis Garrucho (Chechu) comparten mantel y parking con las nuevas generaciones de transportistas, como el propio Daniel Serra (26 años) o los pipiolos José María Vidal y Sergio Serra, a los que aún les falta un año para poder sacarse la licencia. Alrededor de los camiones -una veintena, más o menos- charlan entre ellos, se vacilan, se ríen, recuerdan anécdotas del último viaje en camarote… y apenas se quejan, aunque la situación ha cambiado muchísimo en los últimos cinco años. Algunos de ellos habían trabajado hasta hace poco exclusivamente en la construcción, o en el transporte de contenedores del puerto a los pueblos de la isla. La crisis ha puesto punto y final a ese modelo y ahora se han visto forzados a embarcar rumbo a Valencia y Barcelona. Pese a todo, las ganas de reunirse siguen intactas.

Los hay que pasaron la noche en el barco, llevaron el camión a lavar, se ducharon, tomaron un desayuno rápido y pusieron rumbo al restaurante. Y también hay quienes por motivos de trabajo no pudieron acudir a la cita, o lo hicieron sólo un rato por la mañana, antes de preparar la carga. Como en cualquier otro lugar de España, la pasión camionera surge espontánea entre los transportistas. Y aquí en Mallorca también hay auténticos “locos” de los camiones. Tipos que sacrifican un sábado de relax por todo un día de charla y risa con los compañeros de trabajo y las respectivas familias. El domingo seguramente habrá que embarcar de nuevo, por eso hoy toca disfrutar al máximo y cargar pilas. El optimismo es una receta infalible.

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