La nostalgia de los años 60 y sus pioneros Bedia fue la llave de contacto que arrancó este Mercedes-Benz L 332, todo un icónico camión.
El transporte de eucalipto a las papeleras de Tolosa y llevar paja a pueblos de Castilla en los camiones Henschel, Steyr, Scania Vabis o Atkinson que pasaron por casa, es algo que forma parte de los recuerdos de los pequeños Bedia en compañía de su padre, Manuel; unos recuerdos que mezclan la alegría con 2 o 3 gotitas justas de melancolía.
“La melodía de aquellos motores siempre me acompañará – expone su hijo Manuel Bedia, de hoy 78 años -. Y digo melodía porque motores como los de este Mercedes había que saber llevarlos.




Muchos de los transportistas que hoy conducen modelos de última generación – reflexiona – se verían perdidos para cambiar en este L332. Al no llevar cuenta revoluciones se tiene que coordinar el sonido con la velocidad para que te entre la marcha”.
Los Bedia nunca habían tenido un Mercedes-Benz, pero Manuel puso mucho empeño en este modelo de la serie L del fabricante alemán, atraído sobre todo por ese morro angulado que le distingue.
Su caja pescatera fue creada desde cero en Villfer, empresa especializada en carrocería de vehículos industriales, donde este clásico estuvo un par de años, porque su adquisición coincidió con aquellos finales de la primera década de los 2000, donde las vacas flacas circulaban por España más que en un suburbio de Nueva Delhi.

“Teníamos por entonces un mecánico argentino que nos puso en la órbita de este vehículo en su país. Estaba hecho una auténtica chatarra, pero decidimos adquirirlo, aunque estuvo a punto de quedarse en un muelle argentino, porque costaba arrancarlo. Finalmente llegó – concluye Manuel –, y fuimos a buscarlo en nuestra góndola”.
Imponente frontal
El Mercedes-Benz L 332 destacó en la década de 1960 por una robustez, de la que dan buena fe las fotos que ilustran este reportaje, que le otorgaba un plus en el transporte de cargas pesadas y otros sectores, como el de la construcción.


“Mi hermano Eloy, mi cuñado Emilio y yo, nos acercábamos cada tanto a las instalaciones de Villfer en Praves, que está a 10 minutos de Meruelo, e íbamos supervisando la reconstrucción de un camión tan excepcional, con sus dos ruedas de repuesto, ballestas atrás y adelante, tracción 2×4 y caja de 6 velocidades.
La caja es lo que más suele llamar la atención a la gente que te pide permiso para fotografiarlo – nos explica el cántabro -, pero a mí lo que más me impone de este modelo, que es algo muy común en Mercedes, es plantarte delante de él y dejarte arrebatar por ese morro y un volante en todo el centro de la luna, que parece estar observándote”.








Cuando Manuel y los suyos suben a este M-B L 332, la mirada a los orígenes se funde con el olor de su interior, que evoca también un pasado que, hoy matriculado como vehículo histórico, los Bedia pasean, cual leyenda yéndose de excursión, en sus días de asueto.

“Dentro no te hace falta radio – dice Manuel, como recapitulando todo este reportaje desde su principio –, porque no hay música que pueda igualarse a la del sonido de este motor en marcha”.



