La que se está mascando es fina, porque ya ven ustedes cómo tenemos el patio. Los expertos cuentan que el edificio europeo se está resquebrajando, que le están apareciendo esas grietas que los arquitectos y aparejadores llaman de asentamiento. La furriela Merkel está que trina con el gallego que habita en la Moncloa por lo de Bankia y otros cenagales financieros, ya que han tenido que arrimarnos una pasta de aquí te espero. Eso que llaman el famoso rescate. Pero también porque, según contaba el “Financial Times” u otra de las biblias del capitalismo y la usura, en el último mes, o sea en mayo (lo aclaramos porque esta portada habla de julio), han salido de España más de 60 mil millones de euros, camino de las Caimán, Belice o cualquier otro paraíso fiscal. Fuga de capitales que hace unos días Rajoy intentaba que se quedaran aquí, aplicando una amnistía fiscal. Pues nada, se fueron y a otra cosa, mariposa.
La führer también está que arde por la pérdida de su Napoleoncete Sarkozy, en la batalla que mantuvo en las urnas con el sociata Hollande. Ahora la ventrílocua ya no tiene quien transmita sus discursos en francés a diestro y siniestro como hacía el aprendiz de emperador. Pero es que aquí las cosas no están mejor. Estos días nos lo recuerdan las legiones de mineros que se han echado a la calle por el conflicto del carbón y por un futuro que lo ven más negro que el propio mineral. También nos advierten de ello un grupo de pacíficas mujeres de transportistas que han iniciado una batalla legal, por la profesión de sus maridos camioneros.
Conocen el oficio y saben lo que es padecerlo en carnes propias, saben de las injusticias de tantos cargadores marrulleros, agencias que no son más que nidos de chorizos rebotados de un sitio y de otro. Son sicarios del mal que posiblemente luzcan moreno de alguna estancia en el talego; trileros y farfulleros, inquisidores capaces de apostarse sin ningún rubor que ponen en marcha una carga por el insultante precio de 90 €. Hartas de que las asociaciones se muevan alrededor de tanta pompa de jabón, boato, cenas y entregas de placas, han decidido dar a conocer de primera mano en Fomento las circunstancias, la penosa realidad, la lamentable situación por la que atraviesa el transporte en nuestro país. Ellas pueden hablar con total propiedad de lo que sucede, así lo testimonian con el escrito que han entregado en el ministerio, acompañadas por nuestro redactor. Saben lo que es llevar la contabilidad en casa, interpretar el doble papel de padre y madre, mejor que nadie ven con desespero cómo de las arcas domésticas sale más de lo que ingresa el camión que conduce su compañero, esposo o hermano. Ellas, como los mineros de Teruel, de León o de Asturias, en eso que llaman la marea negra, ya han echado a andar. Ahora su marcha ha de ser de gigantes, con los pasos de otras mujeres, de otros hombres del transporte. Parece que la única senda es ésa, pacífica pero constante. Sólo pedimos que seamos todos solidarios con ellas y con el sector, que enviéis vuestros mensajes de apoyo al correo que acompaña la firma para hacérselos llegar.



