Conducir un camión es una de las profesiones más sufridas que nos podemos encontrar. La recompensa económica, la satisfacción personal son elementos que nos llevan a poner-nos al volante. Pero ¿lo hacemos en las mejores condiciones físicas? ¿Nuestro estado de salud puede poner en riesgo la seguridad de la vía? Para despegar estas incógnitas, Tradisna (Asociación de Transportistas de Navarra) ha llevado a cabo un estudio epidemiológico entre 90 de sus asociados de más de 50 años.
Sus resultados no han sido nada halagüeños y ha llevado a la agrupación a reclamar, respaldados por los datos que expone el informe, al Gobierno de España, en concreto a la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, la inclusión del sector del transporte en el cuadro de enfermedades profesionales, así como la posibilidad de acceder a una jubilación anticipada sin pérdida de cuantía económica en sus retribuciones.
Los reconocimientos médicos incluían, entre otras, pruebas analíticas, espirometría, electrocardiograma, control de visión, audiometría o una exploración física. Los resultados no son nada favorables. De entrada, se encontraron anomalías en casi 8 de cada 9 transportistas en las exploraciones físicas. Además, 7 de cada 10 mostraron problemas de audiometría y en 5 de cada 10 se encontraron alteraciones en las analíticas.
Cabe destacar además la peligrosidad de la actividad de este sector. Porque la tasa de incidencia de accidentes de trabajo en los mayores de 55 años es tres veces superior al resto de los sectores con respecto al mismo rango de edad. De esta forma, al riesgo que conlleva la propia conducción, hay que sumar otros factores que influyen negativamente en la salud, que a la postre implican un deterioro de las capacidades a la hora de trabajar. No nos podemos olvidar, como señala el estudio de Tradisna, del paulatino envejecimiento de los trabajadores del sector. En el caso de esta asociación navarra, la edad media de sus socios es de 50,1 años, de los que el 52,4 % tiene más de 50 años.
En este sentido, hablamos de factores por ruido y vibraciones que suponen pérdida de audición por llevar, por ejemplo, la ventanilla bajada, los ruidos propios del tráfico o del motor. En cuanto a la ergonomía se ve afectada debido a posturas mantenidas en el tiempo, a la manipulación manual de la carga y a posturas forzadas. Asimismo, el aumento del nivel de estrés se ve repercutido por la atención durante la conducción, por los horarios y plazos de entrega o por el tráfico. Fatiga, sueño, monotonía o cansancio son factores también que tener en cuenta.
Todos estos, junto con los resultados reflejados en los 90 reconocimientos médicos llevados a cabo por Tradisna, suponen la causa de la aparición de distintas patologías. La autora del estudio, Marta Vera, técnica de prevención de
la agrupación navarra, destaca los trastornos musculoesqueléticos como lesiones cervicales y lumbares (67,5 %) ocasionados por el trabajo sedentario y la manipulación de cargas. También enzimas hepáticas (34,88 %), glucosa (5,56 %), colesterol y triglicéridos (52,10 %), así como obesidad y sobrepeso (21,1 %), causada por la mala alimentación o desórdenes alimenticios. Resalta la tensión arterial (10 %), la hipertensión es una enfermedad que afecta a órganos vitales como el corazón o los riñones.
No hay que olvidarse de la calidad del sueño, ya que el estudio detalla que el 77 % de los conductores que lo realizaron tenían insomnio de mantenimiento, esto es, se despiertan continuamente durante el período de sueño. El 12 % padece insomnio de conciliación, es decir, le cuesta conciliar el sueño, y el 11 % sufre trastornos en el ciclo del sueño.
Según la DGT, la somnolencia está implicada en hasta el 30 % de los accidentes en España. El momento del día, las horas de vigilia continuada, la estimulación ambiental y el nivel de actividad de la persona son algunos de los factores que tener en cuenta en este apartado.
Con los resultados del estudio epidemiológico de Tradisna en la mano, queda justificada la peligrosidad de esta profesión y su impacto sobre la mortalidad. El deterioro de las capacidades sensoriales, motrices y cognitivas propias del envejecimiento pueden agravar, sin duda, las consecuencias sobre los riesgos asociados a la profesión. Aspectos como la agudeza visual y auditiva, la visión diurna y nocturna, la fuerza y flexibilidad, agilidad y la destreza física y mental contribuyen a una mayor mortalidad entre los trabajadores de mayor edad.
El informe de Tradisna concluye afirmando: “Con todos los datos obtenidos, queda suficientemente justificada la peligrosidad y su impacto sobre la mortalidad de este trabajo, así como la necesidad de aplicar un coeficiente reductor de la edad de jubilación”. La carta con la conclusiones del estudio y las demandas ya está remitida. Esperemos que haya respuesta.










