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Los clásicos por las anchas Castillas, en la cima de la Península

Este paseo de algunos de los camiones clásicos restaurados de nuestro país ha culminado en algunas de las zonas más elevadas de nuestra geografía y ha demostrado que sus propietarios y mecánicas están a punto y en perfecto estado de engranaje para superar cualquier reto que les interponga la carretera.

Descargar tensiones, evadir la cabeza de preocupaciones, compartir con compañeros de profesión la pasión por la restauración, disfrutar de la carretera como antaño… Podríamos estar enumerando infinidad de motivos por los que este verano, el habitual paseo de los camiones clásicos debía cobrar más vida que nunca. Ninguno de los habituales quiso perderse la oportunidad de disfrutar, aunque solo fuera por un fin de semana, alejado de los efectos de la pandemia, en su flamante camión clásico restaurado y puesto a punto para la ocasión, de sinuosas carreteras, parajes que nos ofrece nuestra geografía y la pasión por una profesión sin parangón.

Subir y subir

La cita comenzaba en el pequeño municipio de Maqueda, en Toledo, para iniciar la ascensión hacia la sierra de Gredos. En la N-502, los Pegaso, Volvo, Iveco, Kenworth, Peterbilt de los 36 participantes debieron afrontar los 1.352 metros de altitud del puerto del Pico para disfrutar de la magnitud de la carretera y de su vía romana, que todavía se conserva con la distancia hasta Madrid expresada en leguas. Pero no solo el desnivel que tuvieron que afrontar, sino también la bajada en picado del termómetro, que de los 38 grados de Maqueda, se quedaron en apenas 17º en el Pico. De ahí precisamente, que algunos de los vehículos repusieran fuerzas con el agua helada de la fuente que allí emana. Fue el caso del calentamiento del motor de uno de los vehículos de Savall, al que le añadieron agua de la fuente en el radiador para enfriarlo después del sobresfuerzo del puerto.

Clásicos Castilla

Tal y como se veían obligados nuestros abuelos e incluso padres cuando por allí transitaban, o por algún otro puerto de montaña en los que la carretera exigía lo mejor de cada mecánica y del transportista, claro está. No sobrecalentar motores ni frenos era un reto diario en según qué rutas, para no quedarse tirado y garantizar que el vehículo se detendría, cargado hasta las trancas, en el momento en que se pisase el freno de servicio.

Estando en la zona, visita obligada sería Barco de Ávila, localidad que ya acogió en dos ocasiones la reunión de restaurados anual del foro camionesclasicos.com, y de allí, otro idílico paraje obligado es el valle del Jerte, en Cáceres, que cuenta con un exclusivo microclima, ideal para el cultivo de la picota (la cereza con Denominación de Origen del Jerte), y donde disfrutar de un entorno natural excepcional, con sus piscinas naturales en la comarca, que aprovecharon más de uno para refrescarse tras la comida y continuar ruta después.

Clásicos Castilla

De vuelta a Castilla y León, la siguiente parada fue Ávila, una ciudad situada en zona de colinas onduladas al noroeste de Madrid. Reconocida por su muralla medieval intacta y completa, que puede recorrerse a pie, con más de 80 torres semicirculares almenadas y 9 puertas, como la puerta abovedada del Alcázar, en el lado este. O incluso, el casco histórico medieval, en excelente estado de conservación, que fuera declarado Patrimonio de la Humanidad en 1985. Cabe destacar que se trata de la capital de provincia más alta de España, a 1.131 metros sobre el nivel del mar, nada menos. Así que otro reto para las mecánicas de los clásicos llegados de buena parte de la geografía española, como Almería, Málaga, Barcelona, Madrid, León, Asturias, Valencia y Galicia.

El colofón final

Y lo que empezaría en Maqueda, en Castilla-La Mancha, terminaría en Segovia, en el corazón de Castilla y León, una de las ciudades con mayor legado arquitectónico e histórico, como las murallas medievales, las iglesias romanescas, el antiguo palacio real y una catedral gótica. Sin olvidar, claro está, el icónico acueducto romano, que cuenta con más de 160 arcos, la mayoría en granito de junta seca, y se alza sobre la plaza Azoguejo, en el centro de la ciudad. Cerca de 400 kilómetros recorrieron en esta ocasión estas joyas restauradas, por algunos de los enclaves históricos mejor conservados de la Península, disfrutando de algunos de los mejores manjares de nuestra tierra.

Clásicos Castilla

Y qué mejor que disfrutar de los lugares que emanan historia que a bordo de otros pedazos de la historia de la automoción de nuestro país. No se me ocurre mejor manera de gozar de un fin de semana. Tampoco queremos dejar pasar la oportunidad de agradecer una vez más a Jordi Llop su inestimable material gráfico para ilustrar la escapada de estos míticos camiones y sus propietarios, que se han propuesto recuperar la memoria histórica de nuestra automoción a base de recorrer kilómetros y kilómetros de carreteras, cuando hay ocasión.