Me quedé helado esta mañana repasando las redes sociales. Imagino que como tod@s l@s que conocíamos a Oti. Casi sin reaccionar, lo primero que hice fue llamar a Paco Alcaide, el director de Solo Camión, como si buscase una brizna de esperanza que me devolviese a una realidad inexistente.
Sin confirmarme la fatalidad, mientras ponía en espera otra llamada entrante de Rubén de JDC, me dijo: “justo estaba leyendo tu editorial, la que dedicabas a Oti, cuando estrenamos la sección SOY CAMIONERA”. Eso fue allà por 2017; sinceramente, no recuerdo el mes.
Me arrastró la memoria a aquellos tiempos, a mi primera charla con Oti; de lo orgullosa que estaba de que le hubiesen puesto el nombre en honor a su abuela: Otilia, también. Fue ella quien me dijo: “no, no. Somos camioneras. Ponle a la sección: ‘Soy Camionera’.
Cuando el binomio, Paco y Dani llegaron de entrevistarla, venían muy contentos de haber encontrado una mujer como ella para iniciar la nueva sección. Los animó mucho a que no desapareciera la sección de la revista que hoy sigue publicándose.
Aunque en los aquellarres (reuniones) de redacción no habíamos hallado nombre para el nuevo apartado destinado a la mujer en el transporte, les dije que ya lo teníamos para esas nuevas páginas y apostillé: “me lo ha sugerido Oti, a lo que ellos dijeron no dijeron más que amén, si lo había dicho ella”.
Luego de salir el reportaje, recibí una llamada del director de France Routes: “que se le prestábamos el reportaje para publicarlo ellos, que les había encantado. Que seleccionasemos uno de ellos y los intercambiaríamos”. Y allí que salió Coco, en la mismísima portada de France Routes.

Personalmente fue una satisfacción para mi que la revista francesa se interesase. Tiempo me faltó para enviarle a Oti, un ejemplar del magazine francés por excelencia del transporte por carretera.
Con el paso del tiempo, allí donde la encontrase siempre la vi llena de vitalidad, de alegría, de honradez y de bondad.
Cualidades que contagiaba, repartía y compartía por donde fuera que fuese. Oti era así, con esa inacabable sonrisa en sus labios. En sus morretes rojos que siempre reivindicaba los viernes a las compañeras, mientras aparecía en su camión con el pintalabios.
Pero esa injusta espada de Damocles que pesa sobre nuestras cabeza, desde el instante mismo que venimos a este espacio terrenal, se nos ha llevado a Otilia Cabadas, una camionera, una mujer inquieta, plena de ideas y de proyectos, llena de futuro y de vida.
Una vida que se llevó esa espada traicionera del griego un atardecer rojo, como los morretes que reivindicaba.



