Esto sucedía en el transcurso del último fin de semana de marzo. El tiempo, en esta segunda cita, se alió con los organizadores, el Club Quinta Rueda de Cantabria, a lo largo de los dos días de encuentro en que tanto participantes como visitantes en general pudieron disfrutar de un programa hecho a medida del público, que fue visitando el recinto de la exposición que se dividía en cinco bloques.
Por un lado se h
allaba la zona dinámica, que, por evidentes motivos de seguridad, se hallaba debidamente acotada al paso del público. Este perímetro sirvió para que todo el Team AlviTrucksport se entregase coordinadamente al deleite del respetable, especialmente los hermanos Vila, Alberto y Enrique. Podemos decir que los dos fueron los grandes e incansables animadores del cotarro a lo largo del “weekend”, aunque en algunas ocasiones no se les viese en la pista debido a que la extensa humareda blanca provocada por la “quema” de neumáticos en su exhibición los hacía desaparecer de la pista hasta que la brisa despejaba el área.
El concierto de largos derrapes controlados, con trazada curvilínea, mantenía al público pegado a sus objetivos de cámaras o teléfonos móviles, en su defecto, por captar una imagen y llevarse a casa ya fuese a Alberto o a Enrique: el actor daba igual, lo importante era el espectáculo. Los ejercicios de slalom se sucedían sin parar, los trompos continuados, etcétera. Uno de los platos fuertes de los hermanos Vila es el preciso control de subviraje y sobreviraje, así como los derrapes y trompos voluntarios de tipo California, como se conocen en el argot policial, que son los que se realizan según el control de la marcha o hacia delante. Ahora habrá que empezar a practicar los del contrabandista, que son los trompos que se desarrollan en el sentido inverso de la marcha, o sea, hacia atrás.
Claro que eso, con una cabeza tractora de unas seis toneladas, resulta ya harina de otro costal. Pero tengamos claro también que estamos hablando de los hermanos Vila y, para estos chavales, sirve el lema del circo: el más difícil todavía.
Fiesta camionera
Los que también mostraron muy buenos modales al volante fueron el “pegasista” Óscar Duarte, que con su exquisitamente restaurado Troner TS también arrancó fuertes aplausos del respetable en las dos actuaciones que llevó a cabo. El mundillo de las maquetas tampoco podía faltar al encuentro. En esta ocasión estuvo representado por las exposiciones a escala 1:43 de los hermanos Samperio, Alfonso y Martín, así como las piezas a 1:50 del especialista torrelaveguense J. Antonio Gutiérrez.
Fueron los bomberos santanderinos y miembros de Protección Civil los que representaron in situ un simulacro de accidente de tráfico, con el consiguiente rescate de las víctimas. Un trabajo que desafortunadamente está a la orden del día, y lo más grave del asunto es que las víctimas son reales. Un tema de seguridad vial, que pasa indefectiblemente por la formación, el respeto y la consciencia al volante, en el que todos hemos de colaborar, sin excepción alguna.
El bloque camionero propiamente dicho contó con una representación de camiones clásicos, americanos y tractoras en activo que lucían sus galas más destacadas, bien a través de atractivas aerografías sobre la chapa, bien con discretas pero elegantes pinturas o mediante unos accesorios que tuneaban el camión con una personalización exquisita. Uno de los momentos álgidos de la fiesta fue también la salida de éstos para realizar el desfile nocturno por las calles de Santander.
El estallido de color que lucían los lienzos de metal hallaban una equilibrada alquimia junto con las luces de colores de la mayoría de los camiones y el estallido de los cláxones.
Los clásicos es un sector que cada día que pasa gana un mayor número de adeptos. En cada encuentro aparecen nuevos camiones bajo una restauración perfecta que traslada a los vehículos a aquellos años sesenta en que fueron la auténtica infantería de nuestras carreteras. Son piezas rescatadas de aquí, de allá o de cualquier cobertizo al que llegaron exhaustos al final de sus días, aquejados de un reuma o de una bronquitis que los apartó de la carretera. Hoy sólo el afán, el tiempo y la dedicación de unos cuantos ha podido devolverlos de nuevo al asfalto para lucir sus mejores vestiduras.
Los clubs no paran de crecer, igual que el club de pegasistas, que cuenta con nuevos socios y nuevas piezas. Los Troner son cada vez más numerosos en este gremio y en un estado de conservación que a más de uno le mueve el alma cuando te cuenta su historia reciente y el estado actual. Que no decaiga la fiesta. Las que se asomaron algo más tímidamente a la fiesta fueron las tractoras americanas que, aunque no llegaron a la docena, sí lucían un buen estado de forma.
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