Jonathan Blanco es ante todas las cosas un loco de los camiones. Lo ha mamado desde la cuna, su padre Santiago, camionero, y su hermano Marcos, con el que se lleva diez años también.
De hecho, los tres gestionan una empresa familiar que puede presumir de contar con quince camiones. Uno de ellos, el Scania que decora estas páginas. Nos vemos con el protagonista de este reportaje en Amurrio.
Esta zona suele ser el hábitat natural de Jonathan. «Somos gallegos, pero desde hace veinte años vivimos en el País Vasco. Mi padre en Galicia trabajaba para la leche Celta y la repartía por toda España. Sobre todo hacia Cataluña y, como salían mejor los precios desde aquí, pues se vino a vivir».

Jonathan va sobrado de recuerdos. Los primeros que le vienen a la memoria son los de un Volvo F12 y sobre todo los de un Iveco Turbostar. «Siempre que podía me iba con mi padre. Él me enseñó mucho, pero con quien más he viajado ha sido con mi hermano.
Mi padre quería que estudiase y mi hermano me lo permitía todo. Con él iba con un Magnum, le gustaban las cosechadoras. Yo siempre he estado con la cantinela de dejar de estudiar y subirme al camión. A los 16 los dejé y estuve dos años acompañando a Marcos. Iba de copiloto y le ayudaba a amarrar la mercancía, a quitar y poner toldos. La intención era que se me quitaran las ganas de ser camionero, pero ni con esas», nos confiesa.






Al final, a los 18 años, se puso con una furgo a hacer repartos de paquetería por el País Vasco hasta que, a los 21, se sacó el carnet de camión. «La primera semana la hice a dobles con mi padre, llevábamos leche de Santander a Barcelona.
A la segunda ya fui solo», nos cuenta Jonathan, que, acostumbrado desde los 12 años a coger camiones, de experiencia ya iba sobrado. Y si eso no era suficiente, con el primer viaje que hizo solo ya se le quitaron todos los miedos. «Fui desde Bilbao llevando pellet para calefacción para las estaciones de esquí de Formigal y Panticosa. Carreteras de montaña con mi Scania 530 serie 4″.

De eso han pasado ya siete años. En este tiempo, Jonathan ha ido conduciendo todos los camiones que circulaban por su casa, pero se puede decir que suyos han sido el Serie 4, un Renault Magnum y el actual Scania.
Su ruta habitual ahora mismo suele unir País Vasco con Cataluña llevando chapa y cartón y siempre durmiendo un día en casa y otro fuera, «aunque voy donde haga falta. A veces las semanas se tuercen y no pasas ningún día por casa. Lo que no me gusta hacer es internacional. He hecho poco y sobre todo ha sido con mi hermano. La verdad es que no me gusta; como en casa, en ningún lado», nos cuenta.


Hay cosas que no son fijas, que se van moldeando conforme pasan los días, lo que sí está claro es la pasión de nuestro invitado por los camiones, por la profesión. «Lo de personalizar los vehículos me ha gustado desde chiquitín.
Creo que es una afición que he heredado de mi hermano», nos explica, mientras continúa diciendo que este camión lo tiene «desde hace cuatro años. Lo compré de segunda mano y lo he cambiado totalmente. Al principio le puse las barras arriba, lo pinté entero, le coloqué el mataburros y el vinilo y, por dentro, con la ayuda de Puri, mi madre, lo he ido tapizando y colocando detalles como las cortinas».

Con todo este aderezo, a Jonathan y su Scania es habitual verlos en las concentraciones. Esperamos que cuando vuelvan también. Barakaldo, Hoznayo, Cheste, Pola de Siero, Iniesta. «Disfruto mucho con lo que hago y en las concentraciones te encuentras gente superagradable. Estás muy a gusto. Además, las que están cerca me acompaña Maite, mi pareja, que también se lo pasa genial».



