El Pegaso 1060 de Luis Pascual Escudero

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Los sueños nunca son demasiado grandes, ni demasiado pequeños. Son tuyos, y ello vence a todo tipo de explicación. A Luis Pascual le costó muchos años cumplir el suyo, pero helo ahí, haciendo más agradable cada lugar por donde pasa con su Pegaso 1060.

Eso sí, este no es un sueño al estilo Disney, de esos que echan mano de la magia y sanseacabó. Para llegar al Pegaso 1060 que estáis contemplando ha hecho falta determinación, esfuerzo y buenos compañeros de brega.

“Siempre me gustaron los clásicos, pero el segundo de mis hijos, Javier, estudió mecánica y empezó restaurando alguna moto. Así fue como su afición ensanchó la mía y empecé a mirar camiones para restaurar.

En 2009 – precisa Luis – fui hasta la casa de Volvo en Oviedo, donde había visto este Pegaso, y lo compré. Empezamos a hacerle algo en casa, pero vino aquella crisis económica tan tremenda y gracias a mi sobrino Roberto pudimos al menos dejarlo bien resguardado”.

Lo que no se ve
No parecía a primera vista que el Pegaso estuviera tan mal, pero a la que se pusieron manos a la obra surgieron las complicaciones.

Se empezó por quitar algunas ballestas, pues estaba reforzadísimo en ese aspecto. No olvidemos que para muchos este modelo significó un antes y un después en el transporte español, pues estaba concebido para llevar 10 t, pero si se le hacían algunas modificaciones, como la del citado aumento de ballestas, se podía hasta duplicar el peso transportado.

“Las puertas tenían mucha holgura, pero los bulones no salían de las bisagras, así que tuvimos que cortar el marco, para luego volverlo a soldar.

Mi hermano Ignacio, un sobrino que tiene un taller de cerrajería y algunos amigos – prosigue nuestro leonés – me ayudaron con la caja, que tenía muchas partes podridas, de manera que hicimos los laterales totalmente nuevos, completando el conjunto con madera de pino machihembrada.

En el motor soplaba una válvula, por lo que tuvimos que sacar las culatas y le hicimos reglaje, pero el problema no se solucionó hasta que descubrimos que tenía un cacho de camisa dentro del pistón. Con los espárragos llenos de óxido, sólo el hecho de sacar las culatas nos llevó muchos días”.

Hecho lo más trabajoso, el interior corrió a cargo de un tapicero leonés, mientras que un pintor recibió el encargo de combinar el blanco, color con el que estos modelos venían de fábrica, con el azul marino que distinguía al camión de su padre Sebastián, al que todo el mundo por estos lares conocía como Chanito.

“Lo que te come muchísimo tiempo es encontrar los elementos para proseguir la faena – sonríe el cisterniense -, pues son difíciles de encontrar en los talleres de León e incluso por internet. Me refiero a pilotos, pasos de rueda, espejos, visera, etc.

pegaso 1060

Las lunas sí son las que traía, pero tuvimos que poner gomas nuevas. El volante de dos radios con el que venía estaba oxidado, pero me fue imposible encontrar uno original de tres radios, así que tuve que cambiarlo por otro de dos”.

Círculo completo
La raigambre camionera de este hombre no admite litigio alguno. Su abuelo Pedro ya le llevaba alguna vez al monte, donde ejercía ese oficio que por entonces se llamaba maderista, con vehículos Ford, Bedford o Barreiros.

El chiquillo Luis posa junto a su abuelo Pedro, aupado al Seat 1400 B de su tío Fernando.

Su padre, el ya mentado Chanito, tenía 4 hermanos, todos ellos profesionales del volante; y dos hermanas, una de ellas casada también con un camionero.

“Cuando yo era niño nos trasladamos todos a Bilbao. Mi padre trabajo en Riaño y las minas de Prado con un Pegaso de volante a la derecha, y luego ejerció de chófer con un 1060 de 165 CV como el que hemos restaurado.

Finalmente – sigue recordando Pascual -, se quedó él con el camión, lo cambiamos a los 3 años por un doble dirección y volvimos a nuestro pueblo en 1975. Yo empecé ahí con una camioneta Mercedes y de ahí he pasado por muchos modelos trabajando en el desmonte, las carreteras del nuevo Riaño y otros lugares, hasta ingresar en una cooperativa de basculantes.

Con la crisis de los 90 compré una cisterna de combustible y en este caso fuimos mi mujer Josefina y yo, con nuestros pequeños, Ignacio y Javier, los que nos trasladamos a Valladolid por más de una década. Trabajar en las minas de talco de Boñar fue lo que nos hizo volver a Cistierna”.

Mientras Luis conduce me va explicando los entresijos del cambio Maybar, y veo su maestría al maniobrar con dos palancas a la vez para el cambio de marcha, soltando por un momento las dos manos del volante.

La dirección VIREX manual de este 165 le dio también mucho quehacer a Luis Pascual, porque es delicado graduar el distribuidor.

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De hecho, cuando salió la dirección hidráulica casi todos optaron por cambiarse a ella, ya que es más suave y sencilla. “La VIREX – detalla Luis – te exige tener mucho aire, para que freno y dirección vayan correctamente”.

Nuestro protagonista recibe de su Pegaso la salud y fortaleza que un sustillo en el corazón quiso sisarle hace un tiempo, pero ahora la energía discurre perfectamente, pues queda mucha tralla por delante para darle al Maybar.

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