El transporte por carretera también se ha visto afectado por los efectos de la DANA. Cien días después de la tragedia merece un análisis en profundidad, quizá a medio camino entre la ética, la lógica, o quién sabe si la filosofía; saber por qué al sector del transporte se nos manda siempre al rincón.
¿Tal vez nos falta autocrítica, y ante grandes males no sabemos poner al mando grandes remedios?. Seguro que hay mucho de eso, pero más allá de reprobarse a uno mismo, no podemos resignarnos a que se legisle siempre tan de espaldas al camión.
Que se nos signifique como un sector esencial desde cualquier ángulo en el que se contemple la actividad económica del país, y que se nos regale el oído (como ya pasó en la pandemia) valorándonos como uno de los primeros colectivos que se caló la gorra para aplacar toda la desgracia que sobrevino a la DANA; ya no puede valernos per se, porque el resultado de la paciencia puede ser todo lo dulce que quieras, pero el de la lucha por la dignidad del sector también lo es.








Según cálculos objetivamente expresados en números redondos, la DANA afectó, total o parcialmente, a más de 4.000 cabezas tractores y rígidos, unos 2.000 remolques y semirremolques, y cerca de 4.700 furgones; vehículos todos ellos que ejercían su labor en las zonas afectadas cuando sobrevino el sunami.
Sin embargo, los profesionales de transporte afectados no han podido beneficiarse de los Reales Decretos promovidos por los gobiernos central y autonómico. ¿El motivo? El paquete de ayudas se centró en empresas, autónomos o particulares censados en los 78 municipios afectados por la gota fría.
Eso está muy bien. Vale. Pero ¿De verdad le hace falta un máster a un profesional de la política para hacerle comprender que la del transporte es una labor que, por su misma condición, te puede pillar aquí o allá, y no precisamente siempre donde esté registrado tu domicilio social?.
Ante tamaño despropósito, la Federación Nacional de Asociaciones de Transporte de España (Fenadismer) ya ha puesto en marcha una plataforma de transportistas afectados, que ofrece gratuitamente asesoramiento en la presentación de reclamaciones judiciales para los perjudicados.
En palabras para SOLO CAMIÓN de Juan José Gil, secretario general de la organización, “A nuestra predisposición se han sumado ya un notable número de profesionales, con los que estamos recopilando la documentación administrativa pertinente para iniciar acciones judiciales, que sólo pueden ejercerse de forma individualizada.











Es muy descorazonador – continúa Gil – que después de haber sido de los primeros en dar el callo, pues muchos asociados a Fenadismer aportaron su ayuda desinteresada con vehículos ligeros, grúas para la retirada de vehículos y maquinaria pesada para la reparación de vías; seamos luego tan ninguneados como colectivo”.
Planes de contingencia
En un primer paquete de medidas propuesto por el Consorcio de Compensación de Seguros, que es la entidad responsable de tasar indemnizaciones por daños debidos a fenómenos naturales, éste dispuso añadir un 20% más al valor venal de un vehículo catalogado como siniestro total; algo quizá perceptible para el propietario de un turismo al que su vehículo residual se le valore en 1.000 euros; pero una ayuda que raya en el insulto para un transportista autónomo o una empresa que tenga que sustituir su vehículo, el cual, y no nos cansaremos de repetirlo una y otra vez, más aún que un vehículo es nuestra herramienta de trabajo.
“En un primer momento – nos recuerda Juan José Gil – se promulgaron ayudas a fondo perdido, pero, cómo no, los vehículos de más de 3,5 T quedaron excluidos. Después el gobierno central puso sobre la mesa el Plan Reinicia Auto, un programa de renovación del parque circulante afectado por la DANA, pero se concibió de tal manera que resultaba centrado claramente en los parámetros del particular: 3.000 euros por la compra de un diésel y 5.000 por la de un eléctrico.
La insensibilidad hacia el transporte profesional no pierde la oportunidad de manifestarse en cada ocasión en la que son requeridas las administraciones”.
Para el dirigente de Fenadismer, es justo también valorar detalles positivos vinculados a algunas administraciones, como el hecho de que ejes viarios principales, como lo A-3 o la AP-7, en pocas semanas se pusieran en marcha con total solvencia.
No obstante, otros planes de contingencia parecen a veces tan improvisados, como nos expone con elocuencia el propio Gil, que hasta determinadas cosas hechas con buena fe pueden resultar nefastas.






Ejemplo de ello es la medida de Tráfico a partir de la cual se dio de baja de oficio a todos aquellos vehículos que el Consorcio de Compensación de Seguros había listado como afectados, de cara a que no llegara el primero de enero del 2025 la orden de cobrar un impuesto que para algunos hubiera supuesto palo sobre palo. “¿Pero que pasó? – se hace Gil la pregunta por nosotros -. Pues que al no distinguir entre siniestros totales y parciales, algunos camiones recuperados salieron a la carretera sin saber que estaban dados de baja en Circulación.
El riesgo de no haber cobrado el seguro en un hipotético siniestro era desconocido por muchos, y se dio el caso de que algunos tuvieron que parar su camión, a requerimiento sobre todo de agentes de tráfico autonómicos, hasta no poner de nuevo los papeles en regla”.
Polígonos bajo el fango
En la necesidad de una suerte de plan Marshall con el que reconstruir aquellas zonas destruidas por la furia de la naturaleza, y paliar así los efectos primeros de la catástrofe, todo el mundo está teóricamente de acuerdo, pero para el sector del transporte, muchas de cuyas empresas tenían su base en los polígonos industriales de las zonas dañadas, lo dictado con celeridad, más pensado en el titular a corto plazo que en el compromiso al largo; acostumbra a ser pan para hoy y hambre para mañana.
Hay registradas más de 72.000 solicitudes de indemnización en los 78 municipios afectados en relación a viviendas, vehículos y comercios.
Que todas ellas hay que atenderlas al punto nadie lo pone en duda, pero no hay que olvidar que de ese 80% de empresas afectadas en los polígonos industriales de la comarca Horta-Sud dependen muchísimas firmas (desde negocios de 4 personas, hasta compañías de 50), que aún no cobraron compensación alguna, y que 100 días después de la DANA no pueden aún vaticinar si reanudarán su actividad.
Según declara la propia presidenta de la Asociación de Polígonos Industriales de Paiporta, Verònica Bosch, que acoge a un total 210 empresas, “La riada entró en todas las naves. Hay quienes han estado mes y medio sin parar de limpiar y reconstruir. A día de hoy se cuentan por centenares las trabajadoras y trabajadores que están en ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo), con todas sus familias pendientes. Cobrar los seguros es una prioridad absoluta. No puede haber más demora”.
Gloria Romera y Roberto Noguera, como portavoces de Castillo Trans, empresa con más de 200 camiones propios que ya protagonizó en su día un artículo en nuestras páginas; subrayan para SOLO CAMIÓN la necesidad de articular de mejor manera una colaboración estrecha entre las administraciones públicas y los actores del sector.
“Tras el paso de la DANA – declaran en Castillo Trans, más por sentido de la responsabilidad que de orgullo –, la compañía asumió un papel activo en las labores de apoyo y asistencia humanitaria, ofreciendo nuestra infraestructura logística para, junto a administraciones, voluntarios y diversas asociaciones; recibir, organizar, clasificar y transportar ayuda urgente a las zonas más necesitadas”.
La Asociación del Transporte Internacional por Carretera (ASTIC), también considera que desgracias como la DANA ponen de manifiesto la importancia de contar con infraestructuras vigorosas y planes de contingencia fuertes para afrontar emergencias así.







“La actividad económica – declara su vicepresidente, Ramón Valdivia – bascula en buena medida en torno al trabajo de los camiones pesados, así que hemos de afrontar los principales retos del sector, empezando por la escasez cada vez más manifiesta de conductores profesionales”.
De la DANA emergerá por siempre un paisaje de personas absortas, velando por sus seres queridos. Pero también de ese barro siempre empeñado en volver a salir, ese que aún recubre vehículos destruidos y persianas cerradas, emerge la esencia misma de la naturaleza humana, capaz de levantarse una y otra vez para enfrentar lo peor.
La tragedia impone muchos retos, pero hay uno que resulta especialmente fértil: rodearse de personas con mentalidad positiva.
Las poblaciones afectadas por la DANA necesitan que no nos cansemos de escuchar con respeto sus historias personales, derivadas de la calamidad, pero aún tienen muchas sonrisas por regalar a todo aquel que quiera ayudarles.



