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Dodge Kew, la «vaca seca» de José y Cristóbal García

Pantanos, carreteras y tendidos ferroviarios fueron algunas de las muchas infraestructuras que la España de la medianía del siglo XX vio levantar. Carecíamos en ese tiempo de la mayor parte de la tecnología necesaria, así como de su correspondiente equipamiento.

Construir toda esa infraestructura puso a prueba a menudo la resistencia humana y las capacidades de la maquinaría, y más en concreto la de los vehículos industriales. Inmersos en una escasez crónica, no se tuvo más remedio que aprovechar los escasos medios propios y acudir a la importación de vehículos industriales en general, así como de camiones en particular.

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Pero no resultó un camino nada fácil: trabas burocráticas, esperas, cuotas limitadas, etc. Todo era un compendio de inconvenientes que hizo que a España llegaran multitud de marcas y modelos de estos camiones. Entre ellos se encontraban los Dodge Kew.

Dodge Kew

En España siempre hemos sido dados a rebautizar o a ponerle apodo a casi todo, y el Dodge Kew no fue una excepción. Se le conoció como “vaca seca”, “vaca flaca” o simplemente “vaca”, siempre en función de la ubicación geográfica de quien lo nombrara.

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Fue la peculiar caída lateral a dos bandas del capó del motor la responsable del apodo, ya que recuerda el costillar de una vaca no muy lustrosa, dicho sea de paso. Como fuere, el Dodge Kew tuvo su cuota de protagonismo en esa maraña de marcas y procedencias que conformaron el parque de camiones español de los años 50 y 60.

El camión de nuestro reportaje llegó a España para una importante empresa chocolatera de Madrid. Tras varios años en ella, lo adquirió José Hernández, vecino de la población de La Aljorra, una pedanía de Cartagena. El Dodge llevaba una caja de madera tipo pescatera y se dedicó a hacer portes diversos.

Coincidiendo con la ampliación de la refinería de petróleos de Escombreras, el camión se empleó en el transporte de obreros, dotado de unos bancos corridos en su interior. Efectuaba una ruta de recogida de los mismos, empezando por Lo Ferro, otra pedanía del campo de Cartagena, hasta la propia refinería y regreso.

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El chófer del Dodge era Fulgencio García Otón, hermano y tío de los actuales dueños del camión. Y por lo que nos cuenta Cristóbal, su sobrino, un profesional responsable como pocos.

Dodge Kew

Por entonces, Fulgencio, junto a sus hermanos, Andrés, Salvador, Antonio y José García Otón, decide establecerse por su cuenta, aunque el propio Fulgencio seguía siendo el chófer habitual de la “vaca”.

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La empresa por ellos formada se vinculó desde un principio con el sector de obras y movimiento de tierras, empezando con un curioso camión con chasis Bedford y motor Ford de gasolina, dotado de una cabina artesanal.

Uno de sus primeros trabajos fue la construcción del ramal ferroviario Cartagena-Escombreras, en una subcontrata de la empresa Dragados y Construcciones. La misma que los volvió a subcontratar para otra obra de carácter ferroviario: la línea Talavera-Guadalupe, un trazado nunca finalizado y que acabó siendo una vía verde.

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Dodge Kew

Para esta obra adquirieron, además, un Federal con motor GMC de gasolina. Con los dos camiones se desplazaron a Campillo de la Jara (Toledo), donde estaban los tajos de obra.

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El Dodge Kew también se desplazó a esta nueva obra y unos meses después se lo compraron a José Hernández. Fulgencio, que había sido el conductor habitual del camión durante varios años, lo era ahora como copropietario. Con los tres camiones se embarcaron en esta nueva aventura. A la “vaca” se le cambia su caja de madera por otra basculante, la misma que hoy luce.

Andrés, el padre de Cristóbal, deja la sociedad familiar, y ésta se hace con otros camiones: dos Pegaso Comet, dos Leyland 90 y un Barreiros Super Azor. Una vez finalizado el servicio militar, Cristóbal pasa a trabajar de chófer con ellos. Aunque ya empezó a conducir años atrás, acabó de formarse como ayudante con su tío Fulgencio, al volante, esta vez, de un flamante Barreiros 8235.

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Era un precioso cuatro ejes que, cosa excepcional, llevaba caja frutera en vez de basculante de obras, como el resto de los vehículos de la empresa.

Los años pasan y, con la incorporación de nuevos camiones, el Dodge Kew queda poco a poco relegado, hasta que lo trasladan para trabajos propios en una finca familiar. El camión deja de prestar servicios a la empresa, pero afortunadamente no desaparece.

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Con el paso del tiempo, las trayectorias de José y su sobrino Cristóbal siguieron rumbos divergentes, aunque ambos residían en la zona centro. El propio Cristóbal y un socio adquieren una cantera en Moraleja de Enmedio (Madrid), creándose la gravera Gobla.

Posteriormente, el socio vende su parte, y es en ese momento cuando tío y sobrino vuelven a reunirse. Al poco adquieren otra gravera, en esta ocasión en la localidad toledana de Malpica de Tajo.

Dodge Kew

Tanto José como Cristóbal tenían en mente restaurar un camión clásico con los colores de su empresa. Y existiendo “la vieja vaca”, qué mejor restauración que la de un camión propio. Un camión que tenía el plus añadido de la carga sentimental y de lo que había representado en los comienzos de la actividad empresarial de la familia García.

El Dodge había pasado varias décadas resguardado en una propiedad familiar, y eso fue fundamental para que, tras tantos años, estuviera entero.

Puestos de acuerdo con el resto de la familia, en 2005 el camión marchó a Madrid para su restauración. En la propia empresa, y disponiendo de mecánico, chapista y pintor, se realizaron todos los trabajos para su recuperación.

Dodge Kew

El estado del Dodge, en general, no era malo. Más bien todo lo contrario. En cualquier caso, se desmontó y repasó entero. El motor fue recorrido hasta su última pieza. Se chorreó con arena el chasis, se sustituyó todo la instalación eléctrica y también se hizo la reparación, que no sustitución, de su caja basculante. Ésa era la misma caja que durante muchos años estuvo moviendo tierras de un lugar a otro.

Es obvio que cuando los camiones acumulan muchos años, es difícil poder encontrar piezas originales, por lo que frecuentemente hay que recurrir al trabajo artesano para reconstruir o reparar esa pieza original que contiene esa especie de sabor de lo auténtico. Todos estos trabajos nunca están exentos de dificultad.

Y hablando de trabajos, no podemos dejar de mencionar a Manolo Bermejo y Hussein, sobre los que cayó la responsabilidad de la parte mecánica y de chapa, respectivamente. Su labor, viendo el resultado final, sólo cabe calificarla de sobresaliente.

Dodge Kew

Más de un año llevó la restauración. Desde entonces, el Dodge ha estado presente en diversas concentraciones de camionesclásicos y otros eventos. Habitualmente se desplaza sobre una góndola traccionada por una impresionante tractora Kenworth, también propiedad de Pepe y Cristóbal.

El conjunto “Ken-vaca seca” es en verdad impactante y obliga a todos los que gustamos del mundo del camión a girar la cabeza cuando nos cruzamos con él.

El Dodge Kew ha sido el primer camión restaurado por nuestros amigos, pero no el último. Tanto tío como sobrino son grandes apasionados del camión clásico, y aparte de este camión, han finalizado otro y un tercero se encuentra en su recta final. Estoy seguro de que después vendrán más.

Tiempo al tiempo. Sólo tengo palabras de agradecimiento para Pepe y Cristóbal, por su extraordinario comportamiento. Habéis conseguido que me sienta un privilegiado junto a vosotros. Gracias, amigos.

Los camiones Dodge Kew eran aptos para 6-7 toneladas y estaban dotados de motor Perkins. Su cabina, diseñada y construida por Briggs Bodies, era la misma que equipaban, con pequeñas diferencias, otros vehículos ingleses contemporáneos, como el Leyland Comet o el Ford Thames ET6.

Dodge Kew

Dentro del esfuerzo exportador de los fabricantes británicos, el Dodge llegó a España en un importante número, tanto a la Península como a las Canarias.

Una particularidad de este camión era que salía preparado de fábrica con la posibilidad de cambiar, sin demasiada dificultad, volante y pedales de ubicación, por lo que estaba destinado a todo tipo de mercados.

Una vez encarada la década de los setenta, y afianzadas las marcas nacionales, en España fueron perdiendo protagonismo, siendo relegados a tareas cada vez más secundarias.

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