Cuando a una curiosidad innata se le une un alma restauradora compartida con amigos y tu propia esencia aventurera, lo que tiende a aflorar son delicias como este Avia.
La perseverancia es connatural a este pizarreño, que lleva 39 años relacionado con el mundo del camión en una empresa cárnica y comparte una nave con sus amigos Pedro Rodríguez y Óscar Martín, en la que disfrutan coralmente de sus distintas joyas restauradas.
Aquel niño al que hace más de 50 años se le ponían los ojos como platos cuando un Avia o un Barreiros entraba a recoger cabezas en la explotación ganadera de sus padres; es hoy el mismo que, cigarrillo en mano, puede experimentar el mayor de los deleites contemplando, en una mañana de domingo cualquiera, su Avia, sus SEAT Trans y 600, o sus motos Guzzi, Derbi, Gimson, Montesa y Mobilette; con una expresión relajada en la cara que pareciera emitir un solo mensaje: La obligación que tengo hoy es únicamente la de permanecer en esta armonía.




“En 4 décadas trabajando para la misma empresa han pasado por mis manos camiones Ebro, Pegaso, Volvo F12 y diversos tráiler, antes de ejercer labores más ligadas a la logística.
Mi deber laboral es ahora más de oficina, pero el gusanillo del camión – baja José Ramón el volumen de su voz, como para dotar de mayor intimidad a lo que nos quiere decir – es algo que si se tiene, jamás deja de estar ahí”.
Como para una locura lo mejor es buscarse buenos cómplices, nuestro protagonista los ha encontrado en los citados Óscar y Pedro; su primo Jesús García (nada que ver, que conste, con el que esto os escribe); o la familia, donde su hija Noemí es la que más querencia muestra por los camiones.

“Vamos a concentraciones como las de Écija, Mijas o Almería; y por hobby nos inventamos rutas con las que recorrer pueblos donde todo el mundo nos saluda, pulgar en alto.
La felicidad es de esas pocas cosas que se multiplican cuando se comparten – concluye García Arrabal -, y nosotros así lo entendemos siempre. Lo que no hay en la caja de herramientas de uno, está en la del otro”.






Origen ganadero
El “Vaquero” que luce en la visera de este Avia responde al alias que le pusieron a su padre, Ramón (eran los tiempos dorados de la emisora), por dedicarse a la ganadería.
El destino, siempre presto a guiñarte un ojo, quiso que este modelo, que se cruzó hace unos 9 años en el camino del malagueño, también hubiera pasado sus mejores días transportando cabras y ovejas.

“Tenía la típica caja ganadera abierta por arriba, pero yo se la cambié entera por una cerrada, porque el orín animal de tanto año acumulado es muy corrosivo.
Tornillería y machihembrado están ejecutados al milímetro – continúa José Ramón -, y la composición del barniz y el tinte está estudiada paso a paso.


Desanclé la caja del chasis y lo dejé todo en puro esqueleto para chorrear con arena, pintar, tapizar e ir incorporando detalle a detalle.
Mi Avia, con su motor Perkins y 71 CV, sube y llanea como un toro – ríe el malagueño -, aunque la dirección mecánica te recuerda en cada esquina que a los camiones de antes hay que meterles brazo”.



