Ahora las pensiones

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No sé ustedes, pero soy de los que opinan que este esperpéntico Gobierno que trata de gobernarnos se mueve y actúa por espasmos, como si cada dos por tres los sacudiese una crónica crisis epiléptica. Estamos más que acostumbrados al huracán de incumplimientos electorales que nos trajeron. En el contexto de desilusión generalizada, lo que peor llevamos es que encima nos traten de imbéciles para arriba, que se nos meen encima y nos cuenten que está lloviendo. Lo que han hecho con la sanidad pública no tiene nombre.

Hoy me he encontrado con un viejo, por el tiempo que hace que nos conocemos, amigo y me ha explicado paso a paso la minuciosa operación que le han practicado para extirparle un tumor con cara de muy pocos amigos que se había hecho fuerte en el riñón, en el páncreas y en el bazo.

Lo que perdemos

Le habían advertido que la cosa estaba fea, muy fea, y que la entrada en quirófano podía tener consecuencias no deseadas. Después de más de ocho horas de intervención, con el sistema renal al 50 %, ya que uno fue extirpado, sin bazo y con un páncreas cercenado se recupera a la perfección con un método de quimioterapia externo, tomando unas cápsulas diarias en su casa como quien toma gelocatiles.

Éste es uno de los sistemas de atención pública que tanto costó forjar en este país y el que ahora están cargándose de un plumazo. El de la enseñanza es otro. La plantilla de maestros en la escuela pública baja alarmantemente. Por el contrario, en la concertada y en la privada gana enteros. Hay familias que ya se plantean cuál de los hijos puede o debe estudiar. Esta recua de airgam-boy-gobernantitos parece que nos quieran oscurecer de nuevo en las sombras de aquella España en la que sólo un hijo estudiaba. Al otro lo enrolaban como militar y al tercero en el seminario, que hacía falta cantera. Es como si el de los “hilillos” que decía en plena crisis del “Prestige”, quisiera devolvernos a la oscura caverna de un país en blanco y negro, semianalfabeto y con olor rancio en la sobaquera y en la entrepierna.

De aquellos hilillos…

… El chapapote actual. Mientras en La Moncloa y en la calle Génova llega ya la inundación de excrementos al cuello de más de uno, al paisano Rajoy no se le ocurre otra que arremeter ahora contra una de las capas más desfavorecidas y desprotegidas del sedimento social: los pensionistas. Ellos que son quizás el único colectivo que no había perdido poder adquisitivo, ellos que son los que están manteniendo a muchas familias en situación desesperada con sus únicos ingresos, se van a ver ahora agredidos por esta tropa de desalmados que van a entrar a degüello en sus paupérrimos ahorrillos. Pero hoy no saldrá la Sorayita de Santamaría haciendo pucheros en la tele, ni la Fátima pidiendo por ellos en el Rocío, ni la Cospedal contándonos que les va a arreglar unas pensiones “simuladas y en diferido” como al Bárcenas. Hoy, simplemente, el crápula de Hacienda les va a recortar por el artículo 23 los dinerillos que reciben.

Podrán decirme que voy de populista, pero puestos a ahorrar 37 mil millones, que por lo visto son los que quieren meter en la alcancía del Estado a costa de nuestros venerables ancianos, podrían rebajarlo de gastos militares, ya saben: tanques, avioncitos de guerra, fragatas y otros hierros. Igual que podrían fusionar en un solo colectivo a “maderos”, “picoletos”, “jordis” y “cipayos”. Al fin y al cabo, no es nuevo aquello que se coreaba en las “manis”: “De gris, de azul, de verde o de marrón un… es un…”. De este modo, con que hallasen un único esponsor, se cubrían todos los gastos de este importante funcionariado. Puede que entonces dejasen en paz a nuestros ilustres jubilados, que ya lo merecen.

Por el resto ya ven: gasóleo, ecotasas, euroviñetas, Euro VI… es como si los barcos de guerras, cazas, tanques y convoyes de maniobras casi perennes no contaminasen con sus arcaicas mecánicas. En fin, país.

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